D. José Antonio Labordeta Subias fue un famoso cantautor aragonés cuyo curriculum abarca desde su inicial actividad profesional como maestro nacional (D. Federico Jiménez Losantos fue alumno suyo), pasando por cantautor durante buena parte de su vida, diputado en el Congreso (creo que durante un par de legislaturas, por la Chunta Aragonesista - CHA), escritor y también hizo unos programas de televisión donde viajando por toda España daba su visión personal de las tierras de España y sus gentes. 
 
Yo vi una actuación suya en Jorcas (Teruel), hace ya muchos lustros. Solía ir para la Virgen de agosto, según se decía en atención hacia un viejo amigo suyo. En aquella ocasión, le observé un comportamiento muy natural y, según me comentaron, no era infrecuente verlo caminar por su Zaragoza natal, sin temor y sin escolta. Porque se podía estar en contra de sus ideas (creo que muchas de ellas estaban trasnochadas y desacertadas), pero no se podía sentir animadversión hacia una persona respetuosa con los demás, integra y que no incitaba al odio, ni a la violencia. No se le observaron muestras de enriquecimiento en su paso por la política y, en Aragon, creo que es una persona cuya memoria es respetada, de forma generalizada. 
 
Es famoso su exabrupto en el Congreso hacia unos diputados populares que se mofaban de él aludiendo a sus programas de la televisión y su famosa mochila. Le oí, en una entrevista, que tales sucesos los achacaba a la ausencia, en esa jornada, de la presidenta del Congreso doña Luisa Fernanda Rudi (creo que la suplia la infame Celia Villalobos), ya que, según su opinión, el respeto que causaba la señora Rudi hubiera impedido los inadecuados chascarrillos de los bocarones populares, lo que hubiese devenido en la ausencia del suyo. 
 
Seguro que en su DEBE también tendrá sus cosas, ¿quien no? Para mi, su principal demérito fue haberse mantenido en un partido que en las elecciones europeas iba coaligado con los criminales y sanguinarios bildutarras y de la ERC (y eso, en sí mismo, ya es demasiado).
 
De todos modos en aquella época (hace 20 o 25 años) aún había algunos tíos en la izquierda que respetaban a sus adversarios políticos (principal argumento para ser respetados), sabían comportarse y vestirse, sabían hablar y que después de su actividad política volvían a sus quehaceres sin que se les pudiese achacar lucro o mala praxis durante el desarrollo de su actividad política. Personas como Labordeta, D. Julio Anguita o D. Gerardo Iglesias ejemplifican, creo yo, a ese tipo de políticos.
 
Ahora, en la izquierda, no encuentras a uno de esos, o parecido, ni mirando con microscopio. Los han relevado una patulea de sabandijas bipedas que se lucran sin escrúpulos, saquean el erario público, favorecen políticas criminales y liberticidas y coadyuvan, día si y día también, en la destrucción de España y la ruina de los españoles. Políticos que no dudan en señalar para que se agreda y se hostigue a los que no piensan como ellos (como por ejemplo los ataques a VOX durante las últimas elecciones gallegas y vascas); que, con indecorosa hipocresía, viven en unas condiciones privilegiadas mientras condenan a millones de españoles a la ruina y la miseria. Políticos que prevarican, utilizando las fuerzas de seguridad del Estado, para "blindar" sus residencias habituales y de verano, mientras criminalizan, con multas y detenciones, a los sufridos contribuyentes que quieren manifestar su malestar hacia ellos (y sus delirantes políticas), cuyo mayor peligro radica en llevar la bandera de España. 
 
Cuentan que el gran estadista ateniense Pericles llamaba la atención, en su época, por caminar,  en su ciudad, sin ningún tipo de guardia personal (en aquella época de la Grecia antigua se consideraba justificado, por ejemplo, asesinar a un tirano y la actitud de Pericles asombraba a sus contemporáneos). Caminaba Pericles con dignidad y la convicción del respeto de sus conciudadanos (aunque hubiera quienes no estuvieran de acuerdo con sus políticas). Estos emasculados e indignos satrapas socialcomunistas, que hasta para ir al supermercado van acompañados de un escolta armado, no tienen los arrestos para ir caminando por la calle como hacía el gran Pericles y modestamente, también, Labordeta.