Estimado General, y muy apreciado Presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco, a la que tengo el honor de pertenecer.

Pese a estar disfrutando de unos días de descanso, la consideración que me merece su persona y la importancia de sus argumentos (“El sufrimiento del soldado español”, publicados con fecha 19 de agosto en El Correo de España) en ¿replica? a mi colaboración (“Más allá de repartir camisetas de fútbol y servir de parteras, ¿qué han hecho nuestros funcionarios de uniforme en Afganistán”, publicada en El Correo de España con fecha, 18 de agosto), obligan una respuesta por mi parte.

Primeramente, y en absoluto sin sarcasmo, porque mi intención no es hacer agravio, decir que no soy ningún osado ni creo que demuestre en ningún aspecto de mi vida, desde más años de los que puedo recordar, una alegría pasmosa. Entre otras cosas, estimado General, porque vengo suficientemente probado. Tan sólo escribo según pienso, no sin cierta ironía en alguna que otra ocasión, a fin de tratar de compensar la sinrazón de la realidad en la que chapoteamos. Chapoteamos, no le quepa la menor duda, en gran parte como consecuencia de nuestra Constitución, que para algunos parece la Santa Biblia. Con todo, también es verdad que toda esa sinrazón queda dimensionada por mi sentido providencialista de la Historia y por su perspectiva apocalíptica, según se nos anuncia en el Evangelio.

Dijo José Antonio Primo de Rivera, al que consideró el pensador para alumbrar estas ruinas y dar un sentido a España, que había recorrer la vida por el amargo camino de la crítica, aunque siempre fuera amargo criticar. Que es en lo que estamos algunos, pese a ser, en muchas ocasiones, motivo de crítica y aun de escándalo para los nuestros. Recuerdo entonces algo que se ha contado y que seguro esclarece para muchos lo que he manifestado en “Más allá de repartir camisetas de fútbol y servir de parteras, ¿qué han hecho nuestros funcionarios de uniforme en Afganistán?”. Resulta que Franco, que ya era muy mayor, a resultas de unas declaraciones que había hecho Don Blas Piñar, interroga a alguien de su entorno… “Pero este Piñar, ¿no es de los nuestros?” Seguro que por aquellas fechas algún insensato tuvo la osadía de tachar a Don Blas de rojo o, en el mejor de los casos, de demócrata cristiano.

En una de las paredes de mi Compañía durante el Servicio Militar Obligatorio estaba escrito el siguiente verso de la Oda a la vocación de soldado de Calderón de la Barca “… en buena o mala fortuna, la milicia no es más que una religión de hombres honrados”. Hoy lo más seguro es que este verso esté censurado en una dependencia militar, colectivo que se ha mostrado sumamente obediente a lo políticamente correcto que ha implementado en la vida española una banda de rufianes. Y no sólo censurado el verso, sino el mismísimo Don Pedro, que lo más seguro es que esté calificado como un misógino recalcitrante, aparte de peligroso militarista, por omitir del verso a las mujeres, un colectivo, sobre todo de extranjeras, de tan espectacular presencia en nuestros Ejércitos, aunque puede que eso vaya en detrimento de nuestra eficacia en combate, que es para lo que se preparan fundamentalmente los ejércitos del mundo. Digo. 

Para analizar, en mí caso ha sido simplemente comentar, el estrepitoso fracaso de los EEUU y sus aliados en Afganistán, no hace falta conocer el país. Sería tanto como decir que para analizar cualquier época histórica tendríamos que haber vivido en ella. Así pues, nos basta con conocer la realidad que propició las tres misiones militares (“Liberta Duradera”, ISAF -Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad-, y “Apoyo Decisivo”) que se pusieron en el terreno de operaciones por una poderosa fuerza militar internacional y una aportación enorme de dinero, a fin de acabar con el terrorismo talibán, unos simples insurgentes. Y si nos basta conocer esto para hacer una crítica, nos sobra para entender la naturaleza de ese diseñó mundialista que han dado en llamar Dividendo de Paz Internacional.

Por supuesto que todo caído, sea en combate o de un andamio, merece mi mayor respeto, sobre todo si es español, pero la cuestión no creo que sea esa. La cuestión es más sería, ¿se ha enterado la población española de la muerte de esos 102 soldados a los que usted cita? Más aún, ¿los han sentido como defensores de su patria, que no es el mundo, sino España? ¿Qué pueden pensar los españoles, los que piensan, naturalmente, de que sus Fuerzas Armadas vayan a combatir la insurgencia terrorista en un país extranjero, que nunca arreglaremos del todo, teniendo el recuerdo fresco del terrorismo de ETA, de una supervivencia inaudita, cuyos cómplices de asesinatos y estragos, y hasta autores, ocupan puestos institucionales en el actual régimen político de España? Y ¡ojo!, porque estas consideraciones, no quitan méritos, y muy suficientes, a un colectivo del que millones de españoles hemos formado parte. ¿Cómo vamos a despreciar lo que hemos amado y donde hemos servido, jurando derramar hasta la última gota de nuestra sangre si a ello nos viésemos obligados por amor a la Patria: a su cultura, a su moral y a sus gentes? Seamos serios, aunque no queramos recorrer el camino por el amargo camino de la crítica. La enfatización, la grandilocuencia y, por supuesto, la poesía están muy bien cuando corresponden. Citando nuevamente a Calderón de la Barca, digamos que…  “El caer no ha de quitar la gloria de haber subido”.  

Completamente de acuerdo con el apunte que hace de nuestra larga historia respecto a nuestros ejércitos, en los que a lo largo de la historia hemos servido millones de españoles como soldados: el pueblo en armas. En mi caso y en el  caso de mis dos hermanos, estimado general, pudiéndonos habernos librado de tan honrosa ocupación como hicieron otros huérfanos, usando las consabidas artimañas. Con todo, echo en falta en su apunte, el ejemplo admirable de nuestros ejércitos y nuestra Armada durante nuestra impresionante Cruzada contra el comunismo, ganada a sangre y fuego, donde miles de jóvenes encuadrados en el Requeté y en la Falange combatieron junto al Ejército. ¿Cómo puedo despreciar al Ejército de España en el que sirvió mi padre?

Permítame, sin mayor alarde de documentación, ponerle en antecedentes de un soldado que fue de España, mi padre, Pablo Gasco Nieto

Jefatura Nacional de las AA.EE.TT (Asociaciones de Estudiantes Tradicionalistas). CERTIFICA. “Que Don Pablo Gasco Nieto, nacido en Madrid, el día 8 de Mayo de 1920, fue alta en el Requeté de la provincia de Ávila, el día de su fundación (veinte de Agosto de mil novecientos treinta y seis), operando en el Becerril y Puerto del Boquerón, con la graduación de cabo, y en las de Hoyos de Pinares como sargento. Pasando el día treinta de Octubre de mil novecientos treinta y seis al Requeté Auxiliar por haber sido reclamado por sus padres como menor de edad, 16 años, a través de la Cruz Roja. Desempeñando en la actualidad el cargo de Jefe Provincial de la Agrupación Escolar Tradicionalista de Ávila, con atribuciones en todas las Jefaturas Locales de la Provincia, a los efectos de la Unificación. Así como encargado, y facultado, para hacer el nombramiento del Jefe Provincial de la A.E.T. de Toledo. Pamplona, 30 de octubre de 1937. Firmado, José María Olazabal, Jefe Nacional, y Miguel Ángel Astiz, Secretario Nacional”.

Comandancia del Minador “JÚPITER”. CERTIFICO. “Que el Marinero voluntario de la pasada campaña, Pablo Gasco Nieto, incorporado con 18 años, ha sido desmovilizado por haber cumplido quince meses de servicio activo con arreglo a las disposiciones vigentes sobre el particular y en virtud del decreto del Excmo. Señor Comandante General del Departamento de Cartagena. Durante su permanencia en este buque ha observado BUENA CONDUCTA. Ingresó en el servicio el día trece de julio de 1938 (1) y en esta dotación el nueve de octubre de 1939. FIRMADO. José Luis de la Guardia y Pascual del Pobil, Capitán de corbeta de la Armada, Segundo Comandante del Minador “JÚPITER” y Jefe de detalle del mismo.

  • Entró a bordo del Buque-Escuela “Galatea”, el día 13 de julio de 1938. El día 3 de agosto navegó por primera vez en el “Genoveva”. El día 8 de agosto fue a Coruña en el “Ciudad de Alicante”, una motonave. Y el día 4 de octubre desembarcó del “Galatea” para embarcar en el crucero auxiliar de guerra, “Mar Negro”, antigua motonave.

Delegación Provincial de Excombatientes de Madrid. “Certifica que el camarada Pablo Gasco Nieto, es excombatiente, según datos que obran en esta Delegación Provincial, permaneció en primera línea de fuego durante un periodo de DIECIOCHO MESES, alcanzando la graduación de Sargento, por lo que le fue expedido el carnet número 18.961. FIRMADO. Manuel Nolla Rubio, Inspector Provincial de Excombatientes de Madrid

Hermandad Nacional de Marineros Voluntarios de la Cruzada. SALUDA a su distinguido Hermano y le comunica que, el Excmo. Sr. Vicepresidente del Gobierno ha tenido a bien conceder la Medalla conmemorativa del IV  Centenario de la Batalla de Lepanto a los Marineros Voluntarios de la Hermandad Nacional, creada por Decreto de 11 de febrero de 1971. FIRMADO, Tomás Ordoñez Mateo, Presidente.

Como puede comprobar, estimado General, no cargó sobre nuestros ejércitos y no le quepa la menor duda que tampoco llevó conmigo ninguna frustración personal que me impida razonar con lucidez. Fíjese sí no cargo, que puede también decirle que mi abuelo paterno, Pablo Gasco Hernando, siendo estudiante de medina, y teniendo su familia suficientes posibles, mi  bisabuelo, Pablo Gasco Ramiro, era Profesor Mercantil y autor de varios libros sobre cálculo y contabilidad, no pago la asignación que otros si hicieron para eludir cumplir su prestación a filas. Ya ve, estimado General, que es muy difícil sostener que tenga razones espurias para criticar, como sin duda lo hago, a las actuales Fuerzas Armadas, que como bien dice están al servicio de la Constitución. Pero la Constitución no es España.

Estimado General, yo tampoco me escondo. ¿Pudieron las Fuerzas Armadas de España terminar con ETA en lugar de adoptar todas esas posturas de salón con que se adornaron para la historia tantas celebridades militares? ¿Fue lógico y hasta honrado retirar de la Academia General Militar de Zaragoza la estatua ecuestre de quien fue su fundador, primer director y profesor? ¿Cómo podemos interpretar, quienes fuimos soldados, que en la profanación de los restos mortales del Caudillo, consentida y no impedida, no acudiera una Compañía de Honores? ¿Hubiera sido un acto golpista que el Estado Mayor de la Defensa hubiera emitido un comunicado con publicidad suficiente advirtiendo a los golpistas de Cataluña? ¿Cuántas unidades militares hay destacadas en el territorio español de Vascongadas? Estimado General, permítame en esta ocasión la ironía, ¿terminarán nuestras Fuerzas Armadas rindiendo honores a Puigdemont por imperativo constitucional?

Las reacciones de fuerza, y quienes tienen la fuerza en las sociedades civilizadas son los ejércitos, en modo alguno pueden considerarse como parte del pasado, porque las circunstancias cambian, y la vida, como bien decía mi madre, es contradictoria y variopinta. En este sentido siempre tendrá razón Spengler.

Con todo lo dicho, le respondo, según me pide. No, no me consideró un golpista, pese haber votado con apenas veintiún  años y seguir votando hoy  ¡N0! a la Constitución de 1978. Tanto es así, que antes de producirse el 23- F, a cuyos Caballeros las Fuerzas Armadas dejaron a los pies de los caballos durante y después del acontecimiento, yo me decantaba por la “Solución Armada”, que días sí y día también nos anunciaba, con todo lujo de detalles, el querido El Alcázar bajo la dirección de Don Antonio Izquierdo (q.e.p.d.).

Finalmente, estimado General, yo tampoco me siento más patriota que nadie, y seguro que hay muchas formas, modos y maneras donde demostrar el patriotismo, el deber que adquirimos al nacer. Uno de esas formas, modos o maneras es en la defensa que usted, al frente, y otros con nuestra aportación, apoyo económico y comentarios, hacemos en defensa del Caudillo, Francisco Franco.

Quedándome con lo usted mismo dice: “lamento escribir estas líneas que son respuesta a lo que considero fuego amigo”, con  toda mi consideración y sentido respeto, Pablo Gasco de la Rocha