Un estudio de la Universidad Rovira i Virgili señala que, gracias a la industria química, el Campo de Tarragona será la segunda zona menos afectada de Cataluña.

La Crisis del Covid-19 tendrá un impacto grave en una provincia como Tarragona, y debido al gran peso del turismo en la economía de este ámbito, un sector que representa el 12% del PIB catalán.

Un estudio reciente de la Cátedra de Economía Local y Regional de la Universidad Rovira i Virgili muestra que, en la zona del Campo de Tarragona, el estancamiento de la economía no tendrá unas consecuencias tan graves como en el resto de la provincia, y de la comunidad autónoma en general. Ello se debe a la presencia de una industria como la química, que, aparte de no haber acusado la parada económica en el mismo grado que otros sectores, será el motor de la zona para la salida de la recesión en que nos encontramos después de la crisis, y debido al hecho de tratarse de un sector que provee —además de los derivados de la industria del petróleo— de unos productos básicos de los que dependen otros, como el farmacéutico, o también la agricultura.

Fomentar la inversión y la empresarialidad: La única vía para salir de la recesión en el plazo más corto posible.

Que el sector químico de Tarragona haya resistido tan bien a la crisis no debe resultar extraño a nadie, puesto que se trata de una industria esencial, fruto de una inversión a partir de un ahorro genuino, y no de una serie de malas inversiones en las fases de expansión crediticia de los distintos ciclos económicos que se han sucedido.

Este ejemplo, además, nos permite contraponer la política económica de los últimos decenios, con la política llevada a cabo durante el Franquismo, y que ha posibilitado el gran crecimiento que ha experimentado España en la década de los 1960. Lo que es más importante, sin embargo, es que en el caso la etapa desarrollista, se trataba de un crecimiento (y si excluimos el sector público), a grandes rasgos, sostenible, que, caso de haberse impulsado las políticas adecuadas en los años previos a la Transición, y en las décadas que la siguieron, se habría podido prolongar, e incluso acelerar notablemente tras la integración del país a la CEE.

El caso del Campo de Tarragona nos muestra también la importancia fundamental de un mayor peso en la economía del sector industrial, y en general de los sectores alejados del consumo. A escala internacional, los países menos perjudicados por la crisis serán aquellos cuyas economías menos dependen del consumo directo, y que tienen una legislación laboral menos rígida (Alemania, Suiza, Taiwán, Estados Unidos…). Si bien será difícil a corto plazo dirigir a otros sectores a los trabajadores que ha podido absorber el sector hostelero, es de importancia primordial (en este sentido el ejemplo positivo nos los proporciona la España de las políticas de los tecnócratas) fomentar el emprendimiento y la inversión extranjera, que sólo puede hacerse mediante la eliminación de muchos impuestos, la redacción drástica de otros (Impuesto de Sociedades, IRPF…), la exención del pago del IVA durante los primeros años para las autónomos, y que habrán de acompañarse de la eliminación completa de todo tipo de trabas burocráticas y la reducción progresiva del desproporcionado número de funcionarios del estado.

La rápida salida de la recesión, además, requerirá la derogación total de la legislación laboral (heredada del Franquismo, pero en la que se ha profundizado en las últimas décadas, siempre en la dirección equivocada), y que convertía España en el país con el mercado laboral más rígido de Europa, que sumado a la desmesurada fiscalidad instaurada por el socialismo, permite explicar la elevada tasa de paro que ha presentado España, sobre todo en los períodos de gobierno del PSOE.