Lo peor de la espantá de Juan Carlos siguiendo los pasos del Dioni no es que Sabina aún no le haya escrito una canción (no es que no haya musas, a lo mejor es que no hay huevos, Joaquín). Lo peor de la regia fuga no es, tampoco, ni su logística de vodevil ni el argumentario épico sobre la vida y milagros del Rey evaporado, ni siquiera las pomposas estupideces con las que sus cortesanos pretenden revestir de postrer servicio a la Patria una huida vergonzosa, vergonzosamente consentida, vergonzosamente tolerada y torpemente planificada. Hubo más gallardía en la fuga del Dioni con su peluquín de camuflaje y sus mulatas de reposo que en lo que quiera que haya sido la súbita desaparición de Juan Carlos con pósit de despedidad, de color morado, eso sí, en la nevera de la Zarzuela, antes de convertirse en un ectoplasma al que ningún Poder del Estado tiene la más mínima intención de buscar. No se encuentra lo que no se busca por muchas velas que le enciendas a San Antonio, y el Estado democrático español le enciende al Santo de los perdidos más cirios que un sacristán, pero busca poco (es un eufemismo) a etarras con pedigrí, a golpistas hispanófobos acogidos a sagrado en Bruselas y demás chusma política y financiera.

Lo peor de la espantá de Juan Carlos es que le ha firmado patente de corso institucional a Podemos y al Tendido del 7 republicano para su nauseabundo ejercicio público de decencia y transparencia, exigiéndole al Rey evaporado y a sus herederos y descendientes una conducta y un ejemplo que en la pocilga de Podemos y en la memoria republicana no han existido jamás. Habló de putas la Tacones, dice la sabiduría popular. Escuchar a los podemitas sus exigentes homilías sobre la imprescindible ejemplaridad y transparencia de Juan Carlos y de la Corona es como invitar a la célebre Bernarda a impartir catequesis sobre las bondades de la castidad. Aunque con el Papa que padecemos todo es posible. Y los españoles siempre han sido más papistas que el Papa, y los demócratas de saldo y ocasión más juancarlistas que monárquicos, y cuando un Rey se evapora siempre encarna la República.

Anda, Sabina, anímate y cántale al evaporado a dúo con el Dioni. Vais a hacer más bolos que la Pantoja y a vender más que los Chichos. Seguro que Podemos le pone la letra de tu canción al himno de la III República.