El gobierno bolivariano de España nos ha encarcelado a todos, en nuestras propias casas, ahorrándose así nuestro mantenimiento, pues tenemos que comer y vivir por cuenta propia, pero eso sí, sin poder trabajar.

Han cerrado los juzgados y tribunales, para la práctica totalidad de los asuntos, de forma que las reclamaciones, “al maestro armero”, como decíamos en el extinto servicio militar, para dar a entender que era absurdo reclamar, pues no iban a hacernos ningún caso.

El Congreso está prácticamente clausurado, con la excusa del comunistavirus, y solo puede asistir una ínfima representación de cada partido parlamentario… ¡Algo bueno tiene esta situación, pues ha quedado demostrado que los culoparlantes realmente no sirven para nada, y solo “decoran” la Cámara.

Del Senado no han dicho gran cosa, pues todos sabemos que no sirve para nada, y solo es un cementerio de elefantes, y refugio de delincuentes políticos, muy bien aforados ante el Tribunal Supremo…, ese que ellos mismos han nombrado.

Ha quedado claro, clarísimo, cristalino, que los españoles aman su vida…, aunque sea en prisión.

Se cumple y respeta así el art. 15 de la Constitución, en sede de derechos fundamentales y libertades públicas:

Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes…”.

¿De verdad qué no es una tortura, una pena o un trato inhumano o degradante cerrar durante dos meses a personas sanas con enfermos, a niños y ancianos, negándoles el derecho a salir a la calle, tomar el aire y el sol, andar y estirar las piernas, jugar, en el caso de los niños, etc…?

¿Cómo ha aumentado el número de muertos en la tercera edad, e incluso entre las personas adultas, por esta prisión domiciliaria, sin fianza, ni posibilidad de levantamiento alguno, hasta que no quieran los sociópatas que nos malgobiernan…?

Mientras tanto vemos que ellos van y vienen, sin ningún problema, y a pesar de estar casados o arrejuntados con personas infectadas, hacen lo que les da la gana, sin que nadie se atreva a decirles nada.

Predican con el ejemplo.

Con el ejemplo de lo que no se debe de hacer.

Pero claro, ¡ellos son un bien del Estado!

Si no, ¿cómo íbamos a estar tan jodidos, sin presente ni futuro, pero eso sí, con las horcas caudinas de hacer la declaración de la renta, pagar a hacienda y a la seguridad social, etc., que “necesitan” mucho dinero en efectivo, para poder robarlo, comprando los materiales a precios muy superiores a los que podrían adquirirse en España?

Vivimos en una sociedad que ha renunciado a todos sus derechos fundamentales a cambio de la salud, pero que sigue asesinando a más de cien mil niños al año, sin problema alguno…

(Y después, con el confinamiento, posiblemente más).

Una “suciedad”, pues eso es lo que es, que está encantada con la próxima ley de eutanasia, sin darse cuenta de que se va a promulgar para acabar con los pensionistas, a partir de una determinada edad, por el expeditivo procedimiento de negarles la asistencia sanitaria a que tienen derecho, o incluso no hospitalizarles, para que mueran en sus propias casas, como un perro viejo.

No exagero, no. En Cataluña la Generalidad, o gobierno autonómico, ya ha dado instrucciones por escrito para que a las personas mayores de 80 años se las deje morir en sus casos, negándoles el pan y la sal, es decir, toda ayuda médica que les permita sobrevivir.

No hay dinero para todo, y la castuza política no está dispuesta a apretarse el cinturón, reducir su elefantiásico tamaño, o reducir los 20 gobiernos existentes, incluyendo Ceuta y Melilla, a uno solo.

Y claro, lo primero es lo primero…