Hechos:

1.Fernando Simón Soria, licenciado en medicina, no es solo el portavoz del Gobierno responsable de contar cada día las mentiras inventadas por otros. Fernando Simón Soria es, sin lugar a duda, el Alto Cargo de la Administración responsable de todo lo que se ha hecho o dejado de hacer en la lucha contra el Covid-19.

Este sujeto es el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), una de las seis subdirecciones generales en las que se estructura la Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación (DGSPCI), encabezada por una tal Pilar Aparicio Azcárraga, dependiente a su vez de la Secretaría General de Sanidad, que ocupa un tal Faustino Blanco González, quien depende directamente del Ministro de Sanidad, el nefasto Salvador Illa Roca. El licenciado Simón no es un simple portavoz, es un Alto Cargo que está sólo tres escalones por debajo del ministro.

El Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias no es un órgano consultivo, es un órgano ejecutivo (o al menos lo debería ser). Según la web del Ministerio, el CCAES “tiene como función coordinar la gestión de la información y apoyar en la respuesta ante situaciones de alerta o emergencia sanitaria nacional o internacional que supongan una amenaza para la salud de la población. El CCAES es, además, la unidad responsable de la elaboración y desarrollo de los planes de preparación y respuesta para hacer frente a las amenazas de salud pública”. Repito: elaboración y desarrollo de los planes de preparación y respuesta para hacer frente a las amenazas de salud pública.

2. Es por todos conocidos -menos por los responsables del desaguisado, según parece- que España ha batido récords negativos en todo lo que se refiere a la gestión sanitaria de la crisis. Es el país del Mundo -con gran diferencia sobre el segundo- con más muertos (en relación al tamaño de su población), es el país con mayor mortandad entre los contagiados y el quinto país (entre los comparables) con mayor número de contagiados por millón de habitantes. Es prácticamente imposible hacerlo peor.

La irresponsabilidad, negligencia e incompetencia de los responsables de gestionar esta emergencia ha provocado que en España tengamos hasta la fecha más de mil muertos por millón de habitantes, 1.070 para ser exactos.

El 90% de los contagiados (aprox. 14 millones ) y el 90% de los fallecidos (aprox. 615.000) en todo el Mundo se han producido en 50 países, incluida España, que concentran el 56% de la población mundial. En el conjunto de esos 50 países, excluyendo a España, ha habido 128 muertos por millón, prácticamente la décima parte que en España: si el licenciado Simón hubiera actuado con la misma diligencia y la misma eficacia que la media de estos países más afectados, en España no deberíamos haber pasado de 6.000 fallecidos, ergo este fulano, que tanto se ríe, es responsable de 44.000 muertes.

Me dirán que entre esos países hay muchos que nada tienen que ver con España, que no se parecen en nada. Puede ser, acepto la salvedad. Fijémonos entonces en nuestros socios y vecinos, los países de la Unión Europea (incluyendo todavía, a estos efectos, al Reino Unido): 274 fallecidos por millón de habitantes, la cuarta parte que nosotros. Si el tal Simón hubiera hecho simplemente lo que han hecho nuestros vecinos habríamos evitado cerca de 38.000 muertos.

La gestión criminal de Simón y sus jefes nos ha costado entre 38.000 y 44.000 muertes que se deberían haber evitado. Primero, tomando las medidas a su debido tiempo, sin esperar al aquelarre del 8-M, y tomando las medidas correctas. Solo con eso nuestro número de contagiados (5.500 por millón) debería haber sido similar al de nuestros vecinos (2.663), habríamos evitado la mitad de los contagiados y, consecuentemente, al menos la mitad de los fallecidos. Esos son 25.000 personas. Segundo, preparándose -como ha hecho el resto- para la llegada del virus: EPIs, respiradores, hospitales de emergencia, UVIs, etc., etc. Con eso, nuestra mortandad entre los contagiados (19,3%) hubiera siso similar a la de nuestros vecinos (10,3%) y hubiéramos evitado 13.000 muertes más. ASÍ DE SENCILLO.

3. El confinamiento salvaje e injustificado al que nos han sometido, uno de los más radicales y extensos en el tiempo de todos los países de nuestro entorno, ha provocado que el daño a nuestra economía haya sido, en términos comparables, el mayor de todos. El destrozo económico provocado por esta panda de lunáticos indocumentados no tiene parangón en ningún otro país comparable. Las previsiones sobre caída del PIB y, por tanto, de la renta de los españoles y las previsiones sobre tasas de desempleo en España son escalofriantes: entre 2,5 y 3,0 millones de españoles pasarán a engrosar las colas del paro, llegaremos a tasas de desempleo parecidas a las que ya vimos en la gran recesión de 2008-2013 (más del 26% de paro y más de 6 millones de desempleados); ¿cuántos de estos dramas se podrían haber evitado haciendo las cosas solamente como nuestros vecinos? ¿La mitad? ¿Un millón y medio de personas, y sus correspondientes familias, destrozadas por la nefasta no-gestión de estos salvajes? Probablemente.

¿Qué hace y que dice el principal responsable de esta hecatombe, el licenciado Simón?

En cualquier país medianamente serio, un inútil como este habría sido cesado fulminantemente a principios de marzo, cuando se constató (aunque lo ocultaran) que la pandemia avanzaba sin control por toda España, pues -como su cargo indica- era el responsable de ALERTAR de lo que se nos venía encima. Este canalla no solo no alertó, sino que hizo todas las declaraciones que pudo para quitar importancia al problema e impedir que la población se concienciara de lo que podría pasar y tomara medidas. He aquí algunas perlas (mejor píldoras envenenadas) escupidas por este individuo:

«Estamos en temporada de gripe. La probabilidad más alta ante cualquier sintomatología, incluso viniendo de Wuhan, es que sea un cuadro gripal» (27 de enero).

«No es excesivamente letal. El problema es que se trasmite más fácilmente de lo que pensábamos»; «El Gobierno no recomienda restricciones ni a viajes, ni al comercio con China» (29 de enero).

«Parece que la epidemia tiene posibilidades de empezar a remitir. Nosotros creemos que España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado. Esperemos que no haya transmisión local. Si la hay, será transmisión muy limitada y muy controlada; «Me sorprende este exceso de preocupación» (31 de enero).

«Tiene una letalidad que no es desdeñable, pero no es tan grave como parecía. En estos momentos, el nivel de riesgo de España es relativamente bajo. No hay ninguna razón para alarmarse, está controlado; «El coronavirus es una enfermedad de muy bajo nivel de transmisión» (9 de febrero).

«No existe un criterio sanitario para suspender el Mobile World Congress» (13 de febrero).

«En España ya no hay casos, y nunca ha habido transmisión del virus. Uno se infectó en Francia y otro en Alemania» (16 de febrero).

«España no se plantea el cierre de fronteras»; «Sería un poco fuerte hablar ahora mismo de pandemia por coronavirus» (23 de febrero).

«No hay ninguna razón para cambiar de escenario porque el riesgo está perfectamente delimitado, no es un riesgo poblacional» (28 de febrero, 45 contagiados).

«No hay una gran transmisión a nivel nacional»; «La situación no es similar en España a ojos de Sanidad ya que descarta por el momento cancelar grandes eventos como la Fallas, ya que no hay motivos para ello; «No debe propagarse el miedo» (29 de febrero, 59 contagiados).

«No es necesario cerrar los colegios»; «Si mi hijo me pregunta si puede ir (a la manifestación del 8-M) le diré que haga lo que quiera» (4 de marzo, 2 fallecidos y 228 contagiados; en Italia ya hay más de 3.000 casos y 52 fallecidos).

«No es necesario que la población use mascarillas» (6 de marzo, 3 fallecidos y 365 contagiados).

Una semana después, el 14 de marzo, con casi 8.000 contagiados y 300 fallecidos, con el virus fuera de control extendiéndose por toda España, nos encierran en nuestras casas y condenan a muerte a uno de cada cinco ancianos residentes en geriatricos.

Bien, ni le cesaron en su momento ni él tuvo un mínimo de vergüenza y pundonor para dimitir, con lo que siguió al frente del operativo, con los calamitosos resultados ya expuestos. Eso ya no tiene arreglo (aunque si habría que exigir responsabilidad al que debería haberlo hecho y no lo hizo), pero cualquier persona normal, después de ese desastre sin paliativos, estaría abochornada, arrepentida, casi diría que torturada por la culpa y la vergüenza. No saldría a la calle, no levantaría la vista del suelo, casi no podría vivir con la culpa sobre sus hombros. Sería una persona destrozada.

El pasado jueves 16 de julio Sánchez y sus compañeros de logia organizaron un tenebroso acto, que muchos más expertos que yo en la materia han visto plagado de parafernalia masónica y satánica, para “homenajear” a las víctimas (mejor dicho, a una parte de las víctimas, pues para ellos hay más de 20.000 que no existen). En otros tiempos, afortunadamente ya pasados, lo que se hubiera celebrado es un auto de fe en el que el responsable de la catástrofe hubiera ardido en la hoguera. Hoy día eso está fuera de lugar, obviamente, pero si cabría esperar, al menos, que el causante de tanto dolor se hubiera pasado los 45 minutos que duró el acto de rodillas y dándose golpes de pecho, en señal de arrepentimiento.

¿Qué hizo, en cambio, el interfecto? Se presentó al acto sucio y desarrapado, como en él es habitual, con una ridícula mascarilla de fantasía.

Este acto brutal de indiferencia ante el dolor causado y de desprecio a las victimas por él provocadas solo lo puede hacer una persona que es idiota (RAE: “tonto o corto de entendimiento”) o que es un psicópata carente de empatía que disfruta con el dolor ajeno… o ambas cosas a la vez.

Es probable, y yo lo anhelo con todas mis fuerzas, que este payaso pague sus culpas ante la Justicia terrena, pero lo que no tengo dudas es que, además, no se librará del castigo divino.