Los gusanos que gobiernan nuestras vidas desde las instituciones europeas han autorizado el consumo de otros gusanos, como alimento humano, para poder cubrir la demanda futura de proteínas y para reducir el efecto invernadero que, al parecer, provocan los pedos de las vacas. Como ven, es todo maravilloso. Los insalubres chuletones de ternera gallega irán quedando desterrados poco a poco y dejarán paso a los deliciosos "gusanos amarillos", manjar de dioses que, de manera explicable, comían hasta ahora las estúpidas avutardas y los cernícalos.
 
Por si no lo sabían (y perfectamente se hubiesen podido ir al otro barrio sin saberlo), los gusanos amarillos son realmente larvas del llamado "escarabajo de la harina", un bicho asqueroso que probablemente todos hayamos pisado alguna vez en el campo o en la cocina. Bueno, pues los jerarcas de la Unión Europea, los Von der Leyen de turno, pretenden que nos comamos a los hijos de esos escarabajos, mientras ellos se compran sobres de jamón 5 jotas importados desde Jabugo. Caraduras puede que sean, pero tontos, ni pizca.
 
Aunque la noticia se presta, como ven, a la fácil chirigota, no deja de ser muy reveladora del tipo de funcionario y de político que ha ido trepando a las más altas instituciones comunitarias, adoptando todos los criterios de gobernanza mundial de la llamada "agenda 2030". Las pamplinas sobre las grandes catástrofes naturales, el deshielo de la Antártida, el agujero de la capa de ozono que provocan, también, los pedos de las vacas...Estos sesudos burócratas pueden anticipar todas las desgracias que nos pasarán dentro de cien años (¡o no!), pero en cambio fueron incapaces de prever la pandemia que se han llevado por delante a millones de personas.
 
Igual que ahora nos meten miedo con el famoso bichito, y nos hemos pasado un año limpiando todas las superficies con alcohol (hasta que se han dado cuenta de que el contagio a través de superficies es casi imposible), nos meten miedo también con la escasez de proteínas animales a medio plazo. El objetivo es que los carnívoros que ahora se deleitan con una buena pierna de cordero o un costillar a la brasa se vayan despidiendo de esos manjares; demasiado lujo para una clase media, depauperada, a la que simplemente hay que mantener a dieta para que no enferme. Por eso se han inventado esta guarrada de los gusanos que, ya se lo anticipo, con todo respeto pero sin el menor afecto, se los van a comer ellos y sus familias.
 
Los insectos, a ver si enteran ustedes, son una fuente de alimentación "sana y muy nutritiva", según la Comisión Europea, con un alto contenido en grasas, proteínas, vitaminas, fibra y minerales. Una maravilla, vamos. No como el cocido madrileño, la paella de mariscos, el cochinillo asado o las almejas a la marinera, que son comistrajos de tres al cuarto. Tenemos que darle con desenfreno a las larvas de escarabajo y beber agua potabilizada procedente de las alcantarillas de Bruselas, a ser posible con algún zurullo humano todavía presente, en alma o en cuerpo. Porque el futuro del planeta depende de nuestros esfuerzos presentes y de la toma de conciencia, etc.
 
Mírenlos cuando están sentados en sus maravillosos escaños. Con sus trajes caros y sus corbatas de seda. A algunos no les abrocha el botón de la chaqueta porque tienen tripas de embarazada. No, no creo que hayan engordado a base de gusanos amarillos. Para ellos son las mejores viandas, los caviares más excelsos, las langostas de película, o los vinos llevados desde las mejores bodegas. Para nosotros, sus votantes, el escarabajo de la harina o la cucaracha del Bronx, que supongo será su próximo descubrimiento proteico. Llenándonos de razones, cada día más, para que dejemos de hacer caso a sus patochadas y nos guiemos, más bien, por el sentido común.