Advierto que no he estado en todo el mundo, pero de lo que conozco sí puedo opinar. En ningún otro país de Europa las mujeres van tan deshonestamente desvestidas como en España, que pasó del refajo al pantalón, y del pantalón, pasando por la minifalda, ha pasado definitivamente a la braga.

La Virgen en Lourdes ya advirtió esta “moda” como principio de todas las degeneraciones. Una “moda” que afecta a todas las capas sociales y a todas las edades, sin que muchos padres adviertan lo indecente que es el gusto de sus hijas.

Como toda actuación tiene su propósito, sí que lo tuvo en el Derecho Penal pasar del epígrafe de “Delitos contra la honestidad” al más moderno de “Delitos contra la libertad sexual”, siendo entonces que en el delito de violación, pongamos por caso, para nada cuenta si el autor actúa motivado, provocado o incitado. Que es por lo que Carrara y sus seguidores son considerados unos indecentes machistas.

Dicho esto, para nada considero que el violador tenga ninguna justificación, al que se debe castigar sin contemplaciones, y en caso de ser reincidente, no digamos nada si es multireincidente, con la perpetua. Pena de privación de libertad perpetúa porque la sociedad tiene el deber de protegerse y el derecho de dar cumplida respuesta a esa protección, siendo que la maldad existe, no es una ficción. Con todo, ir en bragas y sujetador por la calle, mucho más si es de noche o se camina por descampado, no me parece que puede sorprender a nadie medianamente sensato de que no pueda dar lugar a situaciones desagradables, o muy desagradables, para la persona que de esta guisa anda enseñando cacho, cachito o cachazo. Que de todo hay.

Ahora bien, sabemos que esta “moda” está en la dinámica de la corriente del feminismo que ha dominado en Occidente en las últimas décadas, el feminismo radical, que ha sustituido el objetivo inicial del feminismo que fue remover aquellas trabas que impedían a las mujeres desarrollarse plenamente y desinstitucionalizar algunos privilegios que sólo ostentaban los hombres para garantizar la igualdad de oportunidades. En cambio, este feminismo radical promueve, a través de la legislación, la revuelta y las costumbres que terminan normándose, dictar la moral que tiene que imperar en aras de conseguir la creación de un modelo de mujer. Que es por lo que ir en bragas y sujetador por la calle no sea otra cosa que otorgar un papel esencial al relato de la opresión del hombre sobre la mujer.

A tenor de lo dicho cabe que nos hagamos la siguiente pregunta, ¿qué papel se reservan los padres en la educación de sus hijos ante el destrozo que en la vida de éstos hace el Estado? Por eso, porque el destrozo del Estado es mayúsculo, es necesario que los padres se fortalezcan y tomen conciencia de que los hijos, en su desarrollo, están determinados por una incesante novedad que les hace vulnerables y que los jóvenes son un bien de la humanidad. Por eso una sociedad cristiana protege a los jóvenes contra el mal, contra la explotación, contra la falsedad de los paraísos artificiales y contra todo lo que ofende y humilla, contra todo lo que profana a la persona humana, contra todo crimen que afecta a la vida.

De ahí la advertencia que nos hizo a quienes éramos jóvenes el Papa Wojtyla: “Manteneos en guardia contra el engaño de un mundo que pretende explotar o desviar vuestra energía y potente búsqueda de la felicidad y del sentido de la vida”.

Y en estas nos sale Berglogio, prácticamente amortizado como Pontífice de la Iglesia, sacándose de la manga una letanía que agregar a las del Rosario: Madre de los migrantes, que no recitaremos muchos, y en la festividad de San Pedro y San Pablo, instándonos a pedir por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, por Marlaska y el resto, tanto en versión nacional como internacional. Aunque puede que no por Donald Trump.