No sé si será por mis muchos años o será por los muchos "otoños calientes" que ya llevo vividos como periodista. Pero, huelo en el ambiente, veo en las caras, oigo en las tertulias con bozal... ¡que hay miedo! Y no solo al virus este que nos está amargando la vida, es algo más. Es esa inquietud que se respira cuando el cielo comienza a ponerse negro y se ve venir la tormenta.

Este fin de semana entre otras lecturas, me entretuve leyendo la novela del Premio Novel ruso Iván Bunin "Cuando llegue septiembre" y me dieron ganas de repasar la que nos espera a nosotros este mes de septiembre, con la vuelta al cole de los niños y con la explosiva "Diada" que preparan los independentistas... y está la incógnita de los ertes, y está la guerra de los okupas, y está la guerra de las autonomías, y está la explosión de la gran corrupción que se ha apoderado de "Podemos"...

Y, sin embargo, mi septiembre ha comenzado con el Dante:

"Por mí, se llega a la ciudad doliente.
Por mí se llega hasta el dolor postrero,
al rechinar, al llanto, al desespero.
Por mí, se va tras la perdida gente.
Justicia fue mi causa: justamente,
Sumo Poder, Saber y Amor Primero
me creó, cuando se hizo el traicionero,
antes que el mundo: duro eternamente.
Albergo al que, maligno, se destruye
en el odio y cifra su existencia
en la envidia. Sabed a dónde vais.
Albergo al miserable que rehúye
al Bien, a la Verdad y a la Clemencia.
Dejad toda esperanza los que entráis."

 

¡Dios! ¿Y hasta la esperanza nos quieren quitar?

Estas palabras, en color oscuro,
vi escritas en lo alto de una puerta,
y volviendo mi cara, como muerta,
a mi Señor, le dije: —"Es muy duro
esto que aquí se pone". E, inseguro,
quedéme quieto y mudo, pues no acierta
la lengua con palabras, cuando yerta
queda el alma ante el terrible muro.

 

¡Dios Y mientras tanto el Gobierno haciéndonos creer que todo va bien y que aquí no pasa nada!

Y entrando, en un aire sin estrellas,
resonaban bramidos, ayes, llantos,
alaridos de horror, gritos y espantos
de muchas lenguas, y con todas ellas,
un tumulto de voces y querellas,
de rechinar de dientes y quebrantos,
rugidos, golpes de ira, y todos cuantos
ruidos haya sin luz, ni notas bellas.
Un estrépito como en remolinos,
de viento ciego en ciegos torbellinos,
y el ulular continuo que enloquece.

 

¡Dios! ¿Y serán bramidos, ayes, llantos, alaridos de horror, gritos y espanto lo que nos aguarda y nos acecha?

Me decían, nos decían, que lo "gordo" iba a llegar cuando llegase septiembre... Pues, ya estamos en septiembre y yo, sabiendo ya que quien nos gobierna es aquel Príncipe Eteocles para quien "el Poder a cualquier precio jamás es caro", me dan ganas de adentrarme en ese infierno de Dante, quizás, porque, como, dice el pueblo, "vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer".

Seguro estoy que con el "Coletas podemita" el infierno de Dante será  a su lado la Verbena de la Paloma o la Feria de Abril de Sevilla.