(P)Usted ha calificado de criminal la ideología feminista. Creo que no lo aceptarán ni los más antifeministas…

 

Solo en España se liquidan cada año cien mil vidas humanas completamente indefensas e inocentes. Creo que se puede calificar de crimen, de enorme crimen. Lo que pasa es que no se quiere pensar en ello.

 

(P)Pero hay que pensar también en los derechos de la mujer.

 

No creo que deba considerarse el derecho a asesinar a alguien que se está formando en su seno. La inmensa mayoría de los abortos se realiza por mera conveniencia. Claro que ello viene asociado a la destrucción de la familia. Hay mujeres que quieren “realizarse” teniendo algún hijo sin mantener una relación estable con un varón. Pero en la mayoría de los casos el aborto viene por la inseguridad de la mujer en esa relación estable, inseguridad que se hace cada vez mayor, precisamente por la expansión del feminismo.

 

(P)Pero si es un crimen, no habría cárceles suficientes para tantas mujeres que abortan.

 

Quienes deberían ir a la cárcel son los políticos que promueven leyes criminales y las disfrazan como una cuestión de derechos y libertad. Pero primero habría que clarificar las cosas, eliminando esos disfraces. Todos ellos provienen de una concepción economicista del ser humano, que es compartida por el liberalismo y el marxismo. Aunque son ideologías en gran medida opuestas, en eso coinciden. Junto con la creciente inestabilidad de las relaciones entre los dos sexos, en la mayoría de los abortos interviene la cuestión económica: un niño no deja de ser una carga y para muchos años. Si llevamos esa lógica hasta el final, acabaríamos con la humanidad. De hecho es algo que ya se predica abiertamente en algunos medios: un “contrato” (en el liberalismo todo son contratos) para abolir la natalidad.

 

(P)Pero el feminismo defiende la igualdad de derechos, nadie puede oponerse a ello.

 

La igualdad de derechos existe desde hace mucho. Pero que usted y yo tengamos igualdad de derechos no significa que seamos iguales en casi nada más, aparte de nuestra común naturaleza humana. Lo que se pretende es otra cosa: abolir las diferencias sexuales. El feminismo empuja a la mujer a una competencia económica y profesional obsesiva con el varón. Eso es enormemente destructivo de la familia y de la cohesión social, no solo por el malestar que genera, sino porque impide una dedicación real a la infancia. Hay un fondo de “odio al género humano” en esa ideología.

 

(P)Pero usted se declara liberal. ¿O cree que el remedio es volver a la religión católica?

 

Liberal crítico. Creo que de esa crítica y de la crítica a la Iglesia puede salir algo, una actitud política y social nueva, que está muy por desarrollar.