Pues todo parece indicar que Ortega Smith se sentará en el banquillo por decir la única verdad: Las 13 rosas eran unas asesinas. Le condenarán, pues la Justicia no es que no sea igual para todos, es que hoy, como tal, no existe. Si hay recurso, llegará a un Tribunal Supremo que hace menos de un año impidió a una familia enterrar a su familiar donde la familia quisiese. Así que Ortega se puede dar por jodido y él lo sabe.

Pero vayamos al lío. ¿Eran las 13 rosas unas asesinas? Si. Sin duda.

 

las 13 rosas pertenecían a la democrática Organización de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas), esas Juventudes que seguían a sus mayores para implantar el Régimen de Stalin, pero aquí en España. No vamos a relatar aquí, la extensa represión que realizaron dichas juventudes en la zona republicana y a lo mejor si hace falta recordar, que la Organización de estas “dulces muchachas” dirigía 5 checas (la de Mendizábal 24, la de Raimundo Lulio, la de Santa Isabel 46, la del Convento de las Pastoras de Chamartín y la de la Calle Granda,4) en Madrid, que ya se sabe eran centros de formación democrática…Fueron ejecutadas tras un juicio, que más adelante veremos si fue justo o no, pero tras un juicio, muy al contrario de lo que hacía su organización en las checas de formación del espíritu democrático.

¿Sabe la izquierda que “llora” por las 13 rosas que sus penas de muerte estaban paralizadas para pasar a la condena inferior? ¿Qué pasó?¿Por qué las ejecutaron entonces? Pues no fue por un ataque de locura de quien tenía paralizada la sentencia, si no que ¡¡¡Bingo!!! …el grupo al que pertenecían las dulces chicas asesinan un 29 de Julio de 1939 (terminada la guerra, por si alguien no se da cuenta) al Comandante Isaac Gabaldón, a su chofer y a la hija del Comandante, Pilar Gabaldón de 16 años. Pero, bah, esta ni rosa, ni margarita, ni flor si quiera, ni merece memoria, ni justicia, pues en definitiva era hija de un Comandante fascista.

Para terminar dejar claro, que ellas mismas reconocen en el juicio (solo hay que irse a buscarlo) que iban a atentar el día del desfile de la Victoria y que iban a intentar “acabar con la mayor parte de público asistente”(además de fascistas, algún niño pasaría por allí) y que su corta edad, evitaba que la policía les tuviera como sospechosas, declaró la “rosa” Ana López y la “rosa” Josefina, Josefina, declaró en el mismo juicio, que su casa la cedía a la célula terrorista para preparar el atentado y así, las 13, una tras otra....

Las 7000 rosas nacionales ¿No merecen memoria ni tuit de recuerdo del tonto de Casado?

Con la polémica de Ortega Smith el ABC sacó el año pasado un artículo sobre las 7000 monjas asesinadas por los republicanos. En el Correo de España solemos recordarlas casi una a una cuando corresponde y a otros muchos mártires hoy olvidados.

Ante la pasividad del Gobierno, la violencia se desató. Julio Caro Baroja fue testigo de los acontecimientos, según contó en su «Historia del anticlericalismo español» (1980): «A las 12.00, 12.15 y 13.05, en la Dirección de Seguridad se recibieron avisos del Colegio de los Jesuitas de la calle de la Flor de que el incendio cobraba proporciones grandes. La gente pasaba, o medrosa o indiferente, por las proximidades, viendo salir el humo por las ventanas. Los incendiarios desaparecieron rápidos y organizados. El que vio aquello (y yo lo vi) no podía imaginarse que se desenvolviera así una clásica acción anticlerical. En una de las paredes ahumadas podía leerse: “Abajo los jesuitas. La justicia del pueblo, por ladrones”».

Tras este colegio ardieron pronto otros muchos edificios: el colegio de Nuestra Señora de las Maravillas, en Cuatro Caminos; el convento de las Mercedarias Calzadas, en la calle San Fernando; la iglesia parroquial de Santa Teresa y San José de los Carmelitas Descalzos, en Plaza de España; el convento de las Bernardas, en Vallecas; la iglesia de Santa Teresa, el colegio de la Inmaculada y San Pedro Claver y el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI), entre otros.

Desde la capital, la violencia se extendió rápidamente a otras ciudades del sur y el levante. En Málaga quemaron nueve conventos y diez iglesias, además de saquearse otras veinte. Murieron cuatro personas. Y se repitieron ataques parecidos en Valencia, Sevilla, Granada, Córdoba, Cádiz, Murcia y Alicante, así como en muchos pueblos de estas provincias.

Esto es solo una muestra de más de 7000 monjas asesinadas en el gran oasis democrática de la II República.

Así que como de bien nacidos es ser agradecidos no nos queda otra desde este medio que apoyar la valentía de Ortega Smith y sobre todo en los tiempos que corren el mantenerla y no enmendarla.