“Odioso para mí como las puertas del Hades, es el hombre que oculta una cosa en su seno y dice otra” Homero

“La sociedad es un ente podrido que se mantiene bajo el hielo de la hipocresía” Enrique Jardiel Poncela, dramaturgo español

Existen profesionales tales como los médicos que abandonan su país para entregarse en tierras extrañas a la encomiable labor de ayudar y sanar a su prójimo. Son los llamados médicos sin frontera. Mi admiración para ellos y para todos los que hacen lo mismo desde la profesión que desempeñen.

Desde hace años se han apuntado a esta forma de altruismo famosos del cine, la televisión, la canción, e incluso políticos. Estos no permanecen en esa tierra llena de pobreza entregados a los seres humanos que padecen hambre, sed y enfermedades; estos hacen una aparición acompañados de fotógrafos y cámaras que inmortalizaran ese momento en el que abrazan a un niño famélico, recorren las polvorientas calles del lugar, hablan o simulan hablar con las personas comidas por las moscas. Tras esas pocas horas dedicadas a vender su altruismo, se sacuden el polvo, se bañan en agua perfumada en el hotel y poco más tarde levantan el vuelo en su avión privado para volver a su “civilizado” país. Días después todas las revistas del espectáculo, cadenas televisivas y medios de comunicación de todo tipo publicarán dos cosas: el altruismo de cartón piedra del famoso y la aparición de su nuevo disco o película ¡qué casualidad! En el caso de que el famoso se dedique a la política, la noticia versará sobre el talante humanitario y la preocupación por el tercer mundo de ese político. Estos son los que yo llamo hipócritas sin fronteras y que con su hipocresía quieren llamar la atención sobre sí mismos, no sobre las hambrunas, la pobreza, las injusticias que son las excusas en los que ellos y ellas se apoyan para venderse a sí mismos.

Se dice que el único pecado que Dios no perdona es la hipocresía. No lo perdona porque el arrepentimiento del hipócrita es hipocresía en sí mismo. Los políticos y la política han revestido la hipocresía con el oropel de lo llamado “políticamente correcto” que es un eufemismo con el que esconder la verdad para hacer aflorar la mentira vestida con las sedas de las palabras melifluas, los gestos dulces y las sonrisas que están más cerca de la risa sardónica que de la verdadera risa.  Ser sincero en tiempos en los que la sociedad rezuma hipocresía, puede parecer cinismo. Y es que, en una sociedad en la que la demagogia, las apariencias, la falsedad, el disimulo y la cobardía, han tomado asiento, la verdad ha sido enterrada bajo toneladas de mentiras. Y con la aparición de las nuevas tecnologías que te permiten esconderte tras ellas, no dar la cara, hablar sin mirar a los ojos; la hipocresía ha alcanzado las mayores cotas de las que nunca gozó desde que el ser humano puso los pies sobre esta castigada Tierra. Estas nuevas tecnologías permiten hacer alarde de lo que se carece, mostrar cualidades que no se poseen, esconder defectos, disimular taras. Hoy el ser humano tiene dos caras como las monedas - y ya sabemos que las monedas pueden ser falsas – una es la cara física que escondemos tras la otra cara: la cara virtual…Y luego pasa lo que pasa.

Termino con una frase de Charles F. Glassman M. D. estadounidense: “Prefiero rodearme de personas que revelan sus imperfecciones, en lugar de personas que falsifican sus perfecciones”