Unamuno creó el neologismo “tiorras” para describir a las mujeronas chillonas y desgreñadas que solían agitarse en las manifestaciones del Frente Popular, a veces capitaneándolas y gritando consignas  tipo “hijos sí, maridos no”. Ahora se han vuelto más finas, se cuidan y arreglan mucho, lo de los hijos ya no les hace gracia, prefieren el “sacramento” del aborto, y sus consignas son más variadas: “Fuera los rosarios de nuestros ovarios”, “La iglesia que ilumina es la que arde”, “Contra el Vaticano, placer clitoridiano, contra el capital, placer anal”, “Soy lesbiana, porque me gusta y me da la gana”, “Mujer libre, linda y loca” “El papa no nos deja comernos las almejas” “Solas y borrachas”… Sus  consignas delatan un extravío no ya moral, sino mental y de modo más obvio que el llamado “pensamiento” feminista.
Ahora las tiorras han llegado al poder. ¿Cómo ha sido? Por una revolución, dicen. No han tenido que asaltar nada, no han tenido que hacer casi nada excepto parlotear y chillar, han podido expresarse sin trabas y abusivamente  en los medios de masas del “patriarcado”, se les ha entregado ese poder con el que podrán abortar a mansalva, comerse las almejas, perseguir a la Iglesia, sacar leyes demenciales “anticapitalistas” y “antipatriarcales”, perseguir las libertades ajenas, delinquir y encubrir delitos, provocar con las tetas al aire contra sus espejismos… Son “mujeres libres e insumisas”. Bajo la batuta de un Doctor fraudulento y de un Coletas aficionado al lujo, en el gobierno actual. Tiempo de tiorras, que ya dura mucho.
Uno de los temas más idiotas descubiertos por el feminismo es el de la testosterona como causante de los males de violencia y opresión, de los que ellas sacan provecho haciéndose las víctimas.  Ahora una tiorra socialista en Portugal quiere ilegalizar al partido Chega (Basta), porque no le gustan sus ideas. Otras aquí promueven leyes contra las libertades democráticas y la igualdad ante la ley. Recordemos a la Clinton, auténtica criminal a punto de ser la primera presidenta de Usa, jactándose del terrible asesinato de Gadafi, que destrozó a un país entero con  una violencia salvaje y  decenas de miles de muertes y desplazamientos. O a M. Thatcher gritando en Gibraltar, acaso ebria,  “¡bombardeemos Madrid!”. Quizá sean todas ellas mujeres un tanto testosteronizadas.  Ayudaría a entender el asunto una recopilación de las muchas tropelías, actos despóticos y violencias que han venido cometiendo desde un poder que vienen “conquistando” de la forma dicha.