En España vivimos unos 47 millones de personas, según el instituto nacional de estadística, aunque se calcula que hay dos o tres millones más de ilegales, irregulares, pateristas, refugiados políticos y económicos, sobre todo económicos, y más ahora que vamos a darle una paguita a todos los votantes de Unidas Podemos (¡qué buenos son, pero con nuestro dinero!), etc.

Y más que vendrán, que a un panal de rica miel, y pensiones a tutiplén, seguro que no van a faltar “invitados”.

Hablo de 40 millones de españoles, tanto de origen como nacionalizados, pues se calcula que hay unos 8 millones de extranjeros, pero como hay un descontrol total, ni siquiera hay datos ciertos y fiables…

Digamos que es como la casa de tócame Roque, o la típica casa de putas dónde es un trajín de entradas y salidas, sólo que aquí solo hay entradas, pero no se va nadie, ni siquiera los políticos corruptos o los delincuentes en general, que saben que nuestro sistema penal es de risa, las penas levísimas, y las prisiones, hoteles de tres estrellas.

El BOE de hoy, 20 de mayo de 2020, un día para la infamia, publica la Orden del Ministerio de Sanidad que nos obliga a llevar bozal o mascarilla a todas “las personas de seis años en adelante” (art. 2), estableciendo el art. 3 que “El uso de mascarilla será obligatorio en la vía pública, e espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público, siempre que no sea posible mantener una distancia de seguridad interpersonal de al menos dos metros”.

No contentos con esta obligatoriedad generalizada, y a pesar de las numerosas voces médicas que se alzan en contra, la exposición de motivos o justificación, injusticada e injustificable, de la medida coercitiva sobre los ciudadanos –ahora ya súbditos, vasallos y contribuyentes, sobre todo contribuyentes-, dice que es “recomendable su uso para la población infantil de entre tres y cinco años”.

¿Y por qué no también para los recién nacidos, e incluso para los muertos y moribundos, así les facilitamos el “tránsito” a estos últimos, al dificultarles la respiración…?

Al fin y al cabo es de lo que se trata, ¿no?

Estamos en estado de excepción, que no de alarma, desde el 14 de marzo de 2020, es decir hace dos meses y una semana, o si lo prefieren, 67 días, y es ahora cuándo se les ocurre imponer esta obligación.

Si tan necesaria es, ¿cómo es posible que nos hayan tenido durante dos meses y una semana dejándonos infectar los unos a los otros, sin hacer nada para evitarlo…?

¿O se trata solamente de seguir pisoteando nuestros “derechos” hasta ver cuánto aguantamos, y hasta dónde pueden jorobarnos, en todos los sentidos?

Hace unos meses, el consejo general de los colegios oficiales de médicos desaconsejaba su utilización, pues decía que era contraproducente…

Y recientemente, el Cirujano General de las EE.UU. que supongo será un alto cargo de la sanidad, desaconsejaba su utilización, pues dijo que las máscaras podrían aumentar el riesgo de infección. (Vid. PaNam Post, artículo “Dejen de obligar a las personas a usar mascarillas por temor al COIVD-19”), pero ya se sabe que nuestro ministro de sanidad, un simple licenciado en filosofía, y alcalde de pueblo, cree todo lo contrario.

¡Y es un gran “experto” en materia sanitaria, casi tanto como el comunista eritreo que “okupa” la secretaria general de la Organización Mafiosa de la Sanidad, OMS, y que es doctor en filosofía!

Vista la “invasión” de la sanidad por parte de estos filósofos en paro, los médicos van a tener que reciclarse, y especializarse en filosofía…

(La Orden nos permite, en el colmo de la “libertad” totalitaria bolivariana que: “su uso no será exigible en el desarrollo de actividades que resulten incompatibles, tales como la ingesta de alimentos y bebidas…”

Es decir que podremos estar en las cafeterías y restaurantes exhalando hacia todo el mundo sin problema alguno…, pues en realidad no es una medida sanitaria, sino de control social, para que quede claro quién manda aquí; aunque mande mal…).

Señores votantes de la PSOE y Unidas Podemos, con el acompañamiento coreográfico de Ciudadanos, en el papel de tontos útiles, ¡disfruten de lo votado!

Lo malo es que lo estamos “disfrutando” todos.