Cuando hablo de Soros lo primero que se me viene a la cabeza es aquel estribillo  de un polémico tema de «Ilegales», que Jorge Martínez interpretaba con pose de loco desafiante y movimientos espasmódicos: «DESTRUYE, DESTRUYE…, DESTRUYE, DESTRUYE, DESTRUYE».

Parece que lo estoy oyendo…

Sólo que Soros, George Soros, destruye con miras a construir-se. Hace una cosa y la contraria, defiende una cosa y la contraria… y así, «hasta el infinito y más allá», que diría Buzz Lightyear. Soros invierte en Estados Nación para destruirlos mientras alimenta el Gobierno Único, el sueño húmedo de masones y «globócratas», que diría Cristina Martín Jiménez.

Gobócratas: esa casta anti católica y multimillonaria, que históricamente procede de ambientes masones, y que después de la II Guerra Mundial y coincidiendo con el nuevo proyecto geopolítico global, que coincide a su vez con los intereses anglosajones, aúna sus fuerzas en el Club Bilderber. Somera y demasiado simple, la explicación, pero nos vale para situarnos. Si quieren más sobre este tema, ya saben, Cristina Martín Jiménez, una institución o el filósofo Daniel López, un crack.

 Soros sería el número one, por así decirlo, de ese parlamento formado por miembros y miembras de los  Think Tank más chic del momento.

Soros & Companiiiissssssssss, a través principalmente de su Open Society Foundation, y de los cientos de fondos reptiles creados y pagados  para dar estocadas allí donde sea necesaria alimentar la revolución de color personal e intransferible. ¿Cómo? Orquestando campañas de propaganda que promocionará por todo lo largo y ancho del mundo mundial… Y ejecutando con sus fondos buitres.

Será por fondos…

No es nada personal. Es un psicópata, probablemente un enfermo;  pero, penas a parte, eso no lo convierte en menos peligroso… ya se hacen una idea.

Las directrices de los nuevos plutoglobócratas del Gobierno Único —ya de facto— son muy obvias, y la principal, la que alienta todos y cada uno de sus proyectos, camuflados bajo eslóganes publicitarios, es  la reducción significativa del número de seres humanos en el mundo. Obvio y muy sencillo: no hay recursos para todos. Y ellos creen que los merecen más que usted o yo.

Esa es la óptica del embrión, donde las acciones tienen sentido y desde donde debemos observar el despliegue de actores…

Con el número dos, Bill y Melinda Gates, con la madre de todas las acciones de beneficencia: su Política de vacunación. Vacunas para dar y vender. Nunca mejor dicho. Free en África, y remuneradas en Occidente. No en vano durante 2018 y 2019 dejó ver sus dotes de visionario en sus conferencias internacionales, adelantándose a lo que iba a suceder con la pandemia mundial, que en 2020 ya conocemos bien todo.

Free en África, donde la fertilidad se ve casi como una afrenta personal contra la falta de recursos mundiales. En la propaganda, los Gates convencen a las mujeres de que su renuncia a la maternidad coincide con su empoderamiento personal. Y la ONU, la OMS, o UNICEF, hacen suyas las consignas y las políticas de estos seres angelicales.

¿En serio?

Sí. A través de las directrices de la Agenda 2030, a la que España se adhiere en el año 2015 con el Gobierno del ínclito Mariano y que hoy depende directamente del que siempre quiso ser globócrata, Pablo Iglesias Turrión. Y que Pedro Sánchez, justo el que faltaba, reivindicó delante del magnate Gates como «proyecto de país». Of course.

La Agenda 2030, la joya de la corona globócrata,  dice: «garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación de la familia, información y educación, y la integración de la salud reproductiva en las estrategias y los programas nacionales», lo que viene a ser un discurso plagado de eufemismos, para dar rienda suelta a la práctica del aborto o la infertilidad consentida o no.

Ojo, oficialmente persigue: «erradicar la pobreza y extender la universalización de la sanidad y la alfabetización, además de proteger el medio ambiente», es decir, esas cosas que queremos todos. Solo que algunos entendemos que hacer esclavos a cambio de prometer prebendas y repartir lisonjas, no es ni lo correcto, ni es ético, ni es verdad que sirvan a nadie. «Todo para el pueblo, pero sin sin el pueblo». Un topikazo.

Además, ahora en serio, a mí no me cuadra que sean tan «mega buenos» y tan  «mega ricos»…, con tanto donde hay que gastar… Para que nos entendamos, a la Madre Teresa no le quedaría ni un duro en sus bolsillos.

Otras bondades de la «Agenda 2030» son: la igualdad de género, of course; el cambio climático, siempre —eso sí— provocado por el hombre —dado que los globócratas, que han estudiado, se postulan contra la biología, la naturaleza y la ciencia, aportando la única verdad verdadera sobre el clima y la biodiversidad y punto—.

O “aumentar significativamente el acceso a la tecnología de la información y las comunicaciones y esforzarse por proporcionar acceso universal y asequible a Internet en los países menos adelantados antes de 2020», ya que es a través de este medio por donde debemos «colaborar» con y «obedecer» a su gobierno mundial.

En fin, la ingeniería social de Soros da para otro artículo, por no hablar de su innegable participación en los hechos acaecidos en Cataluña en 2017 y que tuvieron su fin de fiesta el 1 de octubre de ese mismo año.

Hablaremos de ello, si Dios quiere. Si les interesa el tema: «Soros, rompiendo España» magistral trabajo de Aurora Ferrer y Juan A. De Castro, que responderá a todas sus dudas. Y se darán cuenta de que, para acabar con España y convertirla en un solar de mercaderes, CATALUÑA BIEN VALE 5.000.000 DE EUROS…

«Oye tú, tú que me miras…, es que quieres servirme de comida»… Ahí lo dejó… Ilegales

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