Mantengo mi tesis, una vez más, de que nos encontramos ante un claro proceso subversivo en Cataluña. Los argumentos que apoyan esta tesis son los que claramente he expuesto en dos artículos anteriores; y mantengo que nos encontramos en la fase preinsurrecional que la teoría subversiva contempla como la fase casi final de todo el proceso.

El Gobierno actual del PSOE muestra la misma incapacidad manifestada por el Gobierno del PP el pasado día 1 de octubre del pasado año para impedir el ilegal referéndum que proclamó entonces el sedicioso Gobierno de la Generalitat de Cataluña y topa hoy de nuevo con las algaradas que dicha Generalitat viene alentando desde hace tiempo. Obvia decir que cualquier disposición judicial requiere, siempre en última instancia, de la actuación coercitiva que obligue al cumplimiento de lo ordenado. Y son precisamente las fuerzas policiales, en este caso en su función de Policía Judicial, las encargadas de cumplimentar aquella.

Asistimos, entonces, - el 1 de octubre de 2017 - , en algún momento a la decidida actuación de la Guardia Civil, más pudimos observar también la clara pasividad de la policía autonómica catalana, los Mossos de Escuadra.

Es necesario recordar que la policía autonómica asume las funciones de orden público, seguridad ciudadana y tráfico, mientras que la Guardia Civil y Policía Nacional mantienen su actuación a las tareas relativas a competencias exclusivas del Estado, como la expedición de los documentos oficiales de identidad, la inmigración o el control de fronteras entre otros.

Estas competencias se derivan de la Ley 4/2003 que el Parlamento de Cataluña aprobó y cuyo preámbulo reza en su inicio diciendo:

”Sea notorio a todos los ciudadanos que el Parlamento de Cataluña ha aprobado y yo, en nombre del Rey y de acuerdo con lo que establece el artículo 33.2 del Estatuto de Autonomía de Cataluña, promulgo la siguiente Ley 4/2003, de 7 de abril, de Ordenación del Sistema de Seguridad Pública de Cataluña“.

Sí, en nombre del REY, o sea del Estado. Bien está y nada habría que oponer a esta disposición si no fuera por la clara traición de los que la promulgaron.

Es muy importante tener en cuenta que conforme a la legalidad vigente es el Consejero de Interior de la Generalitat la autoridad competente para dirigir la política de seguridad del Gobierno, ordenar las actuaciones necesarias para mantener y restablecer la seguridad ciudadana y ejercer el mando superior de la Policía de la Generalidad-Mossos d’Esquadra, así como coordinar las policías locales de Cataluña.

En definitiva, salvo por lo que se refiere a las funciones que como Policía Judicial le corresponden, los Mossos de Escuadra se encuentran en estos momentos bajo la dirección y mando de un Gobierno claramente sedicioso. Así las cosas, ¿alguien medianamente sensato puede pensar que esta policía va a impedir acciones ilegales, que es lo que son, para impedir lo que pretenden sus mandos legales que es a quien se deben en la situación presente?

Para mí la solución pasa, si no por la aplicación efectiva de nuevo del artículo 155 de la Constitución, al menos por la implantación en Cataluña de la Ley de Seguridad Nacional una normativa que faculta directamente al Presidente del Gobierno, vía real decreto, para decretar una «situación de interés para la seguridad nacional» y organizar una estructura que garantice «la defensa de España y sus principios y valores constitucionales.

La fase preinsurrecional de la que les he hablado al principio contempla la alteración del orden público y las acciones selectivas de terrorismo callejero. Al tiempo. Razón de más para unificar la acción policial y cortar de lleno la impensable, pero cada vez más evidente, radicalización de la policía autonómica catalana uniéndose a la insurrección lo que llevaría a una escalada de violencia por nadie deseada y que obligaría a la intervención del Gobierno con medios más contundentes que la acción policial.

Claro que todo esto requiere la decidida voluntad del Gobierno de atajar la subversión, algo que yo a estas alturas no veo tan claro en la situación presente. Más bien todo lo contrario: se contemporiza con la insurrección dando muestras de una clara incompetencia que empieza a parecerse más a una peligrosa complicidad.