Que el gobierno de Sánchez es legal, no hay ninguna duda. Como tampoco que es ilegítimo, pues no persigue el bien común, sino sus propios intereses espurios, dando subvenciones millonarias a sus padres (que él heredará en diferido), o promocionando a su mujer, Begoña, que con un simple diploma de marketing, concedido por un centro privado, de esos que te envían a reembolso, ha sentado cátedra en la Universidad Complutense de Madrid.

          Ni ella podía llegar a más, ni la Complutense a menos.

          Pero lo que es sangrante es la trituración del partido socialista obrero español, que ha perdido por el camino las palabras socialista, obrero y español, y se ha reconvertido en el partido sanchista, a mayor gloria de Pedro Sánchez.

          Lleva tres largos años en el poder, en los que lo  único que hace bien es sembrar la zozobra e inquietud en el pueblo español, y configurar un régimen presidencialista, de facto, realmente dictatorial, a través de diversas maniobras:

  • Ningunear al Rey, que es el Jefe del Estado, y conviene no olvidarlo, convirtiéndole en un pelele, al que manejan a su antojo, y lo que es peor todavía, él se deja…
  • Presionar para que ocupe la Presidencia del Consejo de Estado la ex vicepresidenta socialista con Zapatero, controlando así el máximo órgano asesor del gobierno, de forma que los dictámenes se emitan en función de sus deseos…
  • Nombrar Fiscal General del gobierno, que no del Estado, a una señora que fue diputada por el PSOE y ex ministra de justicia, nombrada por el propio Sánchez Castejón.
  • Designar Defensor del Pueblo a un ex dirigente del PSOE, ex fraile, al que se le encarga, encima, presidir una comisión para investigar los trapos sucios de la Iglesia Católica española.
  • Manipular el Tribunal de Cuentas, que no es un verdadero tribunal, sino un órgano de la administración, para que haya mayoría de consejeros socialistas, de forma que solo se investiguen las cuentas de las administraciones dirigidas por otros partidos, pero no los cuentos de las controladas por el régimen sanchista.
  • Modificar la legislación, a su gusto, para que el gobierno puede nombrar a varios Magistrados del Tribunal Constitucional, y así inclinar la balanza de la Justicia a su favor…
  • Echar, de malas maneras, al Presidente del Instituto Nacional de Estadística, INE, ya que si la realidad no se adapta a sus previsiones, pues no pasa nada: se modifican las estadísticas, y a otra cosa.
  • Y, la última, por ahora, pasar a controlar el accionariado de la empresa INDRA, por medio del boletín oficial del partido sanchista, el diario El País (llamado por muchos El Putrefacto), sociedad encargada de informatizar los resultados electorales, de forma que el pucherazo está garantizado.

          Si estos datos, objetivos, y hay muchos más, no preocupan e inquietan al pueblo español, es para hacérselo mirar.

          Vamos camino de una dictadura, similar a las de Venezuela, Cuba o Nicaragua, si es que no estamos ya en ella…

          ¡Que Dios nos ayude, pues nos va a hacer falta!