La más que dudosa credibilidad de Pablo Iglesias, el que fuera vicepresidente del gobierno de España y ahora metido a candidato a presidir la comunidad de Madrid, está en entredicho, sobre todo al conocerse los “antecedentes” de un sujeto que tiene como arma la mentira, el engaño, la tergiversación y la justificación de la violencia como arma política. Pablo Iglesias tenía en su poder la tarjeta telefónica de la que había sido una de sus colaboradoras más estrechas en su época de eurodiputado, una tal Dina, a la que ha tenido que premiar con un panfleto cercano a podemos, para mantenerla callada y contenta. Cómo evolucionan los tiempos. Antiguamente estas cuestiones se solucionaban con un pisito o un buen abrigo de visón. Iglesias afirmo con rotundidad que era el que había centralizado las actuaciones de la Unidad Militar de Emergencias (UME) durante las primeras semanas de confinamiento por el coronavirus. Tuvo que ser su ex compañera en el consejo de ministros, Margarita Robles quien le desmintiera. Este verano se sintió incomodo ante la aparición de unas pintadas a mas de dos kilómetros de donde se encontraba de vacaciones, montando cierto revuelo. Hace unos meses dijo que la sede de la organización comunista en Cartagena habría sufrido las consecuencias “de unas bombas incendiarias”. Las imágenes mostraron una persona en aparente estado de embriaguez, rociando la fachada con una botella de gasolina. A día de hoy desconocemos los autores materiales y sus motivaciones. Justificó y jaleó la actuación de bandas de delincuentes en Vallecas contra los asistentes a un acto de Vox, el día de la presentación de candidatos. En innumerables ocasiones a blanqueado a organizaciones terroristas como GRAPO, ETA o FRAP de la que su padre era un conocido “simpatizante”. En el famoso debate organizado por Telemadrid, tergiverso estadísticas, oculto datos y realizo una “performance” con el taxista Saturnino, conocido comunista y miembro de la lista electoral de podemos a la Asamblea de Madrid, donde este le recogía del parking de la misma televisión, para simular que llegaba en taxi. Después se marcho como había llegado, en su coche oficial. El penúltimo episodio de este individuo ávido de protagonismo enfermizo, es el asunto del sobre con las balas que dice haber recibido a modo de amenaza. No discuto la veracidad de la versión de Iglesias, aunque la misma ofrece muchas dudas, discuto el origen de la amenaza. Pablo Iglesias se rodea de delincuentes y matones. Frecuenta ambientes poco recomendables, y genera gran animadversión a derecha e izquierda. El origen de esta “supuesta” amenaza debería buscarla en su entorno más próximo o en alguna de las muchas mujeres despechadas que parece deja por el camino.

Pablo Iglesias desea un protagonismo que las urnas parece no quieren concederle, y con la complicidad de la ofensiva mediática de la izquierda y sus voceros de salón, entre los que destacan innumerables panfletos y el grupo PRISA con la Cadena Ser como buque insignia y dos conocidas petardas como capitanes, como son Ángeles Barceló o Pepa Bueno,  acentúa su complejo de victimismo, acude al frentismo como método para parar a la “derecha”, ante el peligro inminente de un más que previsible resultado adverso en las próximas elecciones del martes 4 de mayo. Todo vale para parar al rival político, incluso la ilegalización de los que no están dispuestos a comprarle su mercancía averiada. Iglesias se moviliza para ilegalizar a VOX y otras organizaciones políticas o medios de comunicación que le resultan molestos. La izquierda prepara su particular “auto golpe”, donde la democracia y la libertad estarán secuestradas y donde no tendremos cabida los que no pensamos como ellos. Se equivoca el Partido Popular si piensa que esto no va con ellos, nos equivocaremos todos nosotros si decidimos mirar a otro lado.

No es casualidad que conocidos medios de comunicación y destacados miembros de la izquierda, pongan sobre la mesa la ilegalización de una organización que como poco representa a 4 millones de españoles y que todo esto lo hagan y lo digan en nombre de una libertad y una democracia que dicen defender. Iglesias apunta y el resto dispara. Esta democracia no le vale a la izquierda de este país, a pesar de los buenos resultados obtenidos hasta el momento. Lo quieren todo, incluso la capacidad de seleccionar a la oposición.