A esa “organización criminal” que, según la Audiencia Nacional, es el PP no es que le crezcan los enanos, no, es que se le multiplican. La grandeza suele ser estéril, en tanto que no es hereditaria pues no cotiza en las Leyes de Mendel. El enanismo físico y espiritual, intelectual y político es muy prolífico. Sus conejeras y marsupios predilectos son los partidos políticos, en los que los enanos de la adoración nocturna a la mano invisible del mercado copulan como topillos y paren como ratas para perpetuar la especie. Esa especie rapaz de delincuente inmune e impune, que se solapa en el fuero parlamentario, autonómico y municipal para robar socapa de cualquier coyuntura, desde la vivienda social, los fondos de los parados o la imperiosa necesidad de material sanitario...¡qué más da! De lo que se trata es de poder gritar ¡a la saca! como los corsarios a los que el Ayuntamiento de Madrid les aflojó 15 millones de euros para que compraran mascarillas y guantes chungos, cuando la Pandemia amontonaba muertos como las epidemias de peste medievales, y el Gobierno confinaba a los españoles haciendo de cada ciudad un Archipiélago Gulag.

Los elegidos de Almeida, devenido ahora en enanito gruñón después de haber sido el enanito chivato de los liliputienses Casado y Teodoro, compraron quincalla en los chinos: mascarillas que no aguantaban los mocos de un estornudo y guantes que no valían ni para hacer un tacto rectal. Compraron caro y deprisa, en el primer bazar chino que pillaron y sin control de ningún tipo porque la mano invisible del mercado (la única religión verdadera) aumentaba la demanda y jibarizaba la oferta. Tenían mucha prisa, no por salvar vidas sino por cobrar las obscenas comisiones que ambos se metieron en la saca. El enanito gruñón Almeida les felicitó y les agradeció los servicios prestados. Y no se le cae la cara de vergüenza sencillamente porque no la tiene, y la cara no se le puede caer más porque es tan bajito que la tiene a las altura de los calcetines. Esta Semana Santa a los madrileños nos han crucificado entre tres ladrones. Es lo suyo. Caifás y Pilatos siempre liberan a su mano invisible del mercado, que es la de Barrabás. Claro.