Hoy escribo para recordar a una pluma de excelencia en el mundo de la comunicación como es Ussía, Alfonso Ussía. Incluso, aunque no sea santo de mi devoción, algo que en el caso que nos ocupa es totalmente  irrelevante.

Después de 15 años y entendemos que aprovechando el camuflaje que le han brindado el virus chino, el estado de alarma y los miles de muertos silenciados durante la primera fase de la pandemia, el director del diario La Razón, prohibía la publicación de uno de los artículos del reputado columnista.

Sí, él, el Mahruenda, Paco, ese súper director que se pasea por las tertulias de muchos platós de Mediaset, desconociendo lo que es un simple turno de palabra,  sentando cátedra sobre la libertad de expresión, como liberal de pro, alzándose entre tertulianas y tertulianos como ejemplo de la ejemplaridad…

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Recuerdo que hace unos años —bastantes, Don Alfonso todavía estaba de muy buen ver y una servidora también—, vino a dar una conferencia al Santa Teresa, un colegio mayor de la Complutense en el que las estudiantes de Periodismo formábamos la comisión encargada de organizar los actos públicos que tenían lugar casi todos los viernes en el salón de actos, con personalidades del mundo del Periodismo, la Cultura, la Economía, el Arte, empresarios… en fin, ya sabéis, personalidades.

Entonces era una buena costumbre de prácticamente la totalidad de colegios mayores, hoy no lo sé.

Aquella noche recibíamos a don Alfonso Ussía.

Las que formábamos parte de la susodicha Comisión, todas mujeres —el colegio no era mixto, llamadme facha—, cenábamos con los invitados. Y recuerdo que, a pesar de que la Regenta del Santa Teresa era una persona de una educación exquisita, poco amiga de enfrentamientos, elegante y frágil, pero segura y honesta, no puso objeción alguna, ni entró, ni salió, ni hubo reproche posterior alguno, ni miraditas de control remoto, ni represalias, por tener un tira y afloja con el gran Alfonso Ussía -por decirlo amablemente, yo era un poco exaltada de más-, a vueltas con la Monarquía. Don Alfonso es monárquico, no, lo siguiente. O lo era. Y yo soy republicana.

A parte de eso -nobleza obliga-, he de decir, porque lo recuerdo perfectamente, que es un tipo con unas dotes de comunicación sobresalientes… en serio. Aquel día no paró quieto un momento en la tarima de oradores. Despelgó encantos subiendo y bajando por las escaleras del salón de actos tantas veces como le pareció oportuno, instigando a la participación de las alumnas de la Complu y convirtiendo la conferencia en una experiuens inolvidable y divertida.

A decir verdad, y que yo recuerde, sólo el ínclito, y por aquellos días más que posible candidato a la presidencia del Gobierno, -Fraga todavía lo adoraba-, Jorge Verstrynge, entonces pepero acérrimo hoy podemita acérrimo, le superó en la especialidad de showman.

Traigo esta semana a Ussía a colación, como decía al principio de este artículo, para darle visibilidad —cuando parece que la Covid 19 nos da una tregua, aunque sólo sea en las UVI’s—, a la defensa que el periodista hizo de la libertad de expresión, y reconocerle esa valentía que únicamente lo es cuando tomar las de villadiego, duele y perjudica, aunque solo sea al bolsillo, que, con la que está cayendo, ya es…

Recordemos, expresamente, una de las preguntas que trascendieron del borrador censurado, en el que Ussía se metía con la forma de entender la libertad de prensa de nuestro amado líder: el Presidente del Gobierno Sánchez, y por consiguiente, con el el bochornoso tejemaneje que se traía con los periodistas mientras se escenificaban aquellas infames ruedas de prensa. 

__ ¿Confía usted en la creciente mansedumbre de los españoles durante su confinamiento hogareño, o teme que finalizada la cuarentena, actúen judicialmente contra ustedes por su insuperable incompetencia, sus mentiras, sus ocultamientos y sus desvergüenzas de la gobernación de España?

Esa pregunta… todavía está por responderse, señor Ussía. Y le agradecemos de verás que, cuando la mayoría de los medios se ponía firmes plegándose a las sugerencias del camarote de los hermanos Max, usted tuviese la valentía de hacerla, sin pleitesía, cuan hombre libre.

De momento, el Gobierno está de vacaciones, el virus sigue haciendo sus cosas de virus y nuestro amado líder anda pasando una semana en un palacio, regalo del Rey de Jordania a nuestro emérito evadido, y a la espera de disfrutar otras dos en   otro palacio, el de las Marismillas, en Doña Ana, tras llevar a cabo pequeñas reformas, entre ellas la presupuestada por más de 8.000 euros para mosquiteras, que esperemos que, por ese precio, sean al menos dignas de un alto dignatario sátrapa caribeño.

 Dios salve al Presidente…