Comoquiera que la izquierda vive en un 14 de abril permanente, proclamando el espejismo onanista de una Arcadia Feliz republicana, sus panegiristas, todos ellos parásitos del Reino que les paga el sueldo y las prebendas, aprovechan cualquier gesto, palabra o silencio de la Monarquía para izar la Tricolor, para aparejar guillotinas y cantar el Himno de Riego, General que, por cierto, nunca fue republicano ni revolucionario, sino monárquico constitucionalista; bravo militar asturiano que se levantó en armas contra el absolutismo de El Mangueras, que es como el pueblo español llamaba a Fernando VII haciendo referencia a lo único grande que tuvo aquel Borbón felón, el pene.

La última becerrada republicana, con charanga y mascletá de Podemos, corre a cuenta del cole galés en el que los papás de la Princesa de Asturias han decidido que la nena estudie el Bachillerato Internacional que, por lo visto, viste mucho y coloca (en el mercado laboral, se entiende) aún más. Que la primogénita de Letizia, la locutora con ínfulas de Oriana Fallaci, pero sin el talento y los latines de la italiana, y del descendiente de Fernando VII, se vaya dos años de excursión a un cole galés para cachorros de la plutocracia global, con algún chaval becado para que los nenes de alta cuna financiera se mezclen un poquito y un ratito con el populacho, evidencia que los papás de la niña desconfían, con toda la razón, del Sistema Educativo español, y desenmascara la mentira de consenso que nos canta la milonga de que hoy gozamos de las generaciones mejor preparadas de la Historia, desde Ataúlfo hasta la Princesa Leonor. Cualquier chaval español, se apellide Borbón Ortiz o Pérez Gómez, sabe menos que sus abuelas sin más estudios que el Cuarto y Reválida. Eso sí, manejan con pericia circense muchos cachivaches, como los chimpancés experimentales de la NASA.

Hubo un tiempo en el que los hijos de la realeza, de la nobleza, de la aristocracia y de la alta burguesía de allende los Pirineos hacían cola en las Cortes europeas y en las embajadas de España para venir a estudiar a Salamanca. En aquel tiempo España era la Atenas y la Esparta del Universo, y de los patios de armas de sus universidades y de las bibliotecas de sus cuarteles salían los soldados intelectuales y los gobernantes filósofos con los que Platón soño en su República: Cervantes, Lope de Vega, Carderón, Garcilaso, Juan de Austria, Felipe II, y tantos otros, todos ellos dignos de las cumbres del Parnaso y del Pabellón de los Héroes de Ares y de Atenea, diosa de la Inteligencia y de la Guerra.

Que la niña se va un cole galés durante dos años a estudiar con la única aristocracia que hoy queda, la de los mercaderes y los financieros, acompañada de algún sancho pancita becado, cuya función es la de los esclavos públicos que susurraban al oído de los generales romanos en sus desfiles triunfales “recuerda que eres un hombre, que sólo eres un hombre”, pues que se vaya con buen viento y que haga buenos amigos y mejores contactos para echar currículos dentro de unos años, no muchos, pues estudie donde quiera que lo haga, Gales o Salamanca, no va a reinar porque España se acuesta monárquica y, ¡ale hop!, se levanta republicana. Y con los socialistas, los comunistas y los separatistas en el Poder y Pablo Casado tocando la flauta de Bartolo en la Oposición, el 14 de abril puede ser cualquier día, de cualquier mes, del año menos pensado.