Todo en la vida trae consecuencias, es lo que conocemos como el efecto mariposa. Pedro Sánchez debería ser investigado, y en su caso ser juzgado por lo que parece un caso claro de alta traición al país al que prometió servir, cuando accedió a la presidencia del gobierno de España. Por mucho que uno analice la cadena de decisiones erróneas que de forma continuada ha realizado el presidente Sánchez, no acabamos de entender gran parte de las medidas que su gobierno ha llevado a cabo. El azar o la mala suerte no pueden ser la justificación de los efectos provocados por un gobierno que más allá de su demostrada incompetencia, tiene un alto contenido de maldad. Cada vez es mayor la sospecha de que esas decisiones contra los intereses de España, han sido tomadas de forma premeditada y sabiendo y conociendo las consecuencias de las mismas, si esto no fuera así, entonces Sánchez y su pandilla deberían ser destituidos por incompetencia con el agravante de negligencia.

Sánchez reconoció de forma unilateral, sin pasar por el congreso de los diputados, que es donde nos dicen reside la soberanía del pueblo Español, la soberanía de Marruecos sobre la antigua provincia española del Sahara occidental, y todo esto lo hizo, tras conocerse que Pedro Sánchez, y la ministra de defensa, junto con el de interior, habían sido espiados por Marruecos con el software Pegasus, el mismo que utilizó el C.N.I. para espiar a 18 dirigentes del mundo separatista, algunos de ellos involucrados en la intentona golpista del 1 de Octubre, y lo más grave, siendo éstos el mejor soporte parlamentario del propio gobierno español.

Sánchez, en sede parlamentaria, en otra nueva traición a España, exigió que no habláramos de ocupación del Sahara Occidental por parte de Marruecos, del mismo modo que a los españoles no nos gusta que hablen de provincias ocupadas por España al referirse a Ceuta y Melilla. Sánchez compra el relato y argumentario de Marruecos omitiendo el detalle de que Ceuta y Melilla son España, incluso antes de la existencia de la nación alauita.

Argelia, los mentores del frente Polisario, rompen ahora relaciones comerciales con España y prohíben toda transacción económica entre empresas españolas y argelinas. También rompe el tratado de buena voluntad, firmado en tiempos del presidente Aznar hace unos veinte años. Argelia es nuestro principal suministrador de gas después de los Estados Unidos, que nos traen gas licuado que pagamos a cojón de pato. Argelia no cortará el suministro de gas pero nos habla de una subida “razonable” de precios, que pudiera suplir la posible pérdida de ruptura de relaciones comerciales, mientras que a Italia les ha garantizado la congelación de precios. Ni Marlaska, ni el ministro de exteriores Albares, ni Margarita Robles ni, por supuesto el propio Pedro Sánchez, reconocen qué información contenían los teléfonos pirateados por Marruecos, pero cada vez resulta más evidente que es pleitesía que rendimos al sultanato de Marruecos no puede ser casual, y más en un momento tan crítico de crisis energética como el que atraviesa nuestro país.

El ministro de exteriores Albares miente, saca balones fuera y no explicaciones convincentes. Argelia nos amenaza ahora con una grave crisis de pateras, pues no solo marruecos tiene el monopolio de la inmigración ilegal. Qué sabrá Marruecos sobre Sánchez y sobre algunos de los miembros de su gobierno, que éste se deja espiar, permite que nos invadan, reconoce la soberanía del sultanato sobre la antigua provincia española y consigue que Argelia, aliado estratégico energético y comercial de España, rompa las relaciones comerciales con nuestro país, amenazando con una subida sin precedentes del gas que de allí proviene y provocando un daño irreparable a nuestras empresas en particular y a toda España en general.

El principio del fin del sanchismo dependerá del número de votos que obtenga Macarena Olona el próximo 19 de junio en las elecciones autonómicas andaluzas. A mayor número de votos para Olona, antes acabará la agonía de España y los españoles.