Así como Judas cubrió de besos su traición, el Gobierno  la cubre con millones de euros rapiñados de los bolsillos de los españoles confinados sin recursos laborales, de los enfermos de Coronavirus y de las mortajas de los que han caído en la pandemia, que llenarán doblemente las arcas del Sheriff de Nottingham: por los impuestos de sucesión y por las pensiones que dejarán de percibir. Aunque es más difícil encontrar talento en este Gobierno que hallar tocino en una cocina musulmana, lo que sí tienen a espuertas es codicia confiscatoria y cobarde generosidad para repartir a manos llenas el botín, que le saquean al pueblo, entre sus bardos y sus juglares de los Medios de Comunicación, chaperos y mamporreros del Poder que solo tienen dos posturas, a cual más oferente: de cúbito supino o de cúbito prono, ante el vómito de mentiras que el Gobierno les exige publicar, emitir, radiar y televisar, a cambio de sus treinta monedas de plata, que desde hace dos mil años es el salario de todos los traidores. Al cambio actual, 115 millones de euros, que es el dinero, nuestro dinero, que el Gobierno le ha regalado ya a sus Medios de Comunicación para que mientan con toda la boca tergiversando la realidad de la pandemia y la evidencia de su incuria.

Ellos, los profesionales del Poder y sus bardos de la escoria periodística, saben que la forma en la que funciona la política en España es radicalmente opuesta al mito que la sustenta, pues la honradez es la excepción y la corrupción la norma. Por eso nutren ya con generosa intendencia la lonja de la mentira y la almoneda de la información falaz sobre la gestión de la pandemia. Pretenden que, como siempre, nos quedemos quietos y de brazos cruzados recibiendo en la cara las coces que nos propinan a diario los juglares del Gobierno que engordan en las pantallas de nuestros televisores. Son los saqueadores de la Historia, bandoleros periodísticos que no buscan más que colocarnos la mercancía ideológica de sus chulos políticos comerciando con la memoria de los españoles.

Y para lograr ese objetivo, fundamentalmente en la posguerra del Coronavirus, es imprescindible que la justa ira de los españoles quede como la ceniza de un fuego de campamento abandonado. Ya están cubriendo de besos la traición los judas del periodismo español, orinando sobre esas llamas, a cambio, para empezar, solo para empezar, de 115 millones de euros.