No soy persona de apuestas, sino de certezas. Y hace meses, cuando unos amigos patriotas me dijeron que VOX era "el PP, pero en verde", les dije algo que después he repetido en alguna ocasión: los conozco personalmente, y no se parecen a la gente del PP prácticamente en nada. Lo mejor de VOX son sus ideas, pero también sus personas. Son licenciados, empresarios, abogados..., algunos de ellos padres de familias numerosas. Gente acostumbrada a trabajar duro, algunos sin horario, y después llegar a casa y bañar a los niños antes de acostarlos. Así es la gente de VOX.
 
Obviamente, podrían cambiar. Todos podemos cambiar a peor. Tampoco me parece serio que lo único que se critique de VOX en ciertas esferas del patriotismo es que su presidente fue del PP. Me parece un argumento pueril. Todo el mundo tiene derecho a darse cuenta de que estaba en el sitio inadeacuado y comenzar de nuevo. Santiago Abascal debe ser juzgado por lo que propone y por lo que hace ahora, no por lo que hizo cuando estaba en un partido al que ahora censura ferozmente.
 
VOX ha recogido en las elecciones andaluzas el hartazgo de cientos de miles de personas que ya no tragaban con las mentiras fabricadas durante cuatro décadas. Mentiras creadas por la izquierda y consentidas por la tibieza del PP. Todo ese andamiaje de corruptelas, de pequeños chanchullos, el PER, los cursos cobrados y no dados, los ERE irregulares...Andalucía ha vivido en una realidad paralela durante demasiados años, y aunque parte del mal está hecho y tardará en curarse, este primer domingo de Adviento algo ha empezado a cambiar. Parte de esa sociedad enferma ha empezado a buscar su curación, que sólo puede venir de la mano de la Verdad.
 
Es imposible saber hoy qué recorrido político tendrá VOX en el futuro. Puede ocurrirle lo mismo que a Podemos, aunque defienda ideas contrarias. Lo que sí parece obvio es que el electorado potencial de VOX no es (como erróneamente creen sus enemigos de izquierdas) ni el postfranquismo redivivo, ni la ultraderecha que vota a Le Pen en Francia, ni los trogloditas a los que caricaturizan en La Sexta. El electorado de VOX es el antiguo electorado del PP que se ha cansado de esperar a que el PP vuelva a ser un partido reconocible de derechas. Y tan hartos estaban de esperar, que se han cambiado a VOX.
 
El partido de Santiago Abascal pudo haber tenido problemas de tipo electoral si Pablo Casado hubiese iniciado una verdadera regeneración en el PP, es decir, si lo hubiese convertido en un partido parecido a lo que fue el PP de Aznar. Pero Casado jamás se atreverá a tanto. La pusilanimidad de los populares es la mejor garantía de éxito para VOX, que además del voto descontento del electorado del PP va a cosechar, presumiblemente, mucho voto de la abstención e incluso de sectores falangistas o patriotas que también se cansaron de esperar la nueva risa de la primavera.
 
Lo que le espera a partir de ahora a Santiago Abascal y a sus compañeros es: persecución, descrédito y caza de brujas. Nada que algunos no hayamos sufrido ya, por ejemplo en el periodismo libre. En todo caso, parecerse en algo al de Nazaret no está nada mal tampoco. No garantiza el éxito, pero te abre un poquito las puertas del Cielo.