Hay preguntas que (todavía) no tienen respuesta. Por ejemplo:  ¿Cual es el origen de la materia oscura? ¿Qué había antes del Big-Bang? Más aún: de los siete problemas del milenio que anunció el «Clay Mathematics Institute» en el año 2000, solo la conjetura de Poincaré ha sido resuelta. Quedan otros seis.

Para mi a todos estos problemas cabe añadir otro más: ¿que resulta más nauseabundo, el PP o el PSOE? Quizás la respuesta es que no tiene respuesta. Cuando el partido de los «cien años de honradez» parecía haber superado todas las barreras que la decencia impone, cuando había negociado con etarras mientras públicamente lo negaba, cuando había organizado bandas terroristas y protagonizado los casos de corrupción monetaria más sonados de la democracia, cuando ha aupado a la condición de «apoyo del gobierno» a sujetos que ya no ponen bombas simplemente porque ahora no lo necesitan y cuando ha pactado la «gobernabilidad» con aquellos que quieren dinamitar el país, resulta que el PP viene desde hace décadas haciendo méritos para rivalizar con él en medio de una durísima pugna. Ya es hora de que se le reconozca. Pero... ¿ha hecho lo mismo el PP que la banda del PSOE? No exactamente porque, y esto hay que reconocerlo, el PP ha impuesto su propio estilo en el arte, hoy tan de moda, de minar los cimientos de la sociedad española. Por eso, es el PP quien no derogó una sola de las leyes del gobierno Zapatero -desde la «memoria histórica» hasta las leyes «de género»-, dejando que calaran en la sociedad las falsedades en las que se basaban cada una de esas leyes. Permitió que siguiera incólume el complejo financiero-mediático en el que los enemigos de España basan su poder. Problemas como la deslocalización económica, el invierno demográfico o la inmigración masiva fueron asumidos en los mismos términos que la izquierda o bien dejados exactamente como los encontraron.

Ahora cuando VOX, pese a sus tics liberales nacidos en lo más reaccionario del PP aznarista, tiene al menos el mérito de poner sobre el tapete público problemas de los que nadie ha hablado en treinta años pese a preocupar a millones, resulta que el PP se los escupe en la cara y acaba votando, en el momento decisivo, lo mismo que el PSOE, ERC o Bildu. El discurso de Pablo Casado durante el debate de la moción de censura contra el sátrapa de Ferráz pasará a la historia como una de las mayores vilezas de la historia de España, por sus inexactitudes interesadas y sus falsedades torticeras. Este «no hacer para que el otro haga» es una de las actitudes más deletéreas en política, a la que tampoco se sustrae «Ciudadanos». De ahí que, entre el original y la copia, haya sido el original de Génova el que se haya llevado el gato al agua. Por suerte para ellos, aún existen millones de españoles tan cándidos e ignorantes, como para creer la artimaña izquierdista de que la «crispación» viene por los críticos del gobierno y que, si se mantienen en la inoperancia del perfil bajo a lo «Pedro Arriola», ese enemigo que en realidad quiere su exterminio, les permitirá seguir viviendo una vida aceptablemente burguesa. Es de esta estulticia colectiva de la que vive el PP casadista y es también la que corresponde al nivel intelectual de su líder, formado en Harvard-Aravaca. Un desastre para España,vamos.

Pero la idea sigue siendo funcional y rentable, tanto en sus niveles más primarios y moralmente entomológicos de Pablo Casado, como en los supuestamente elaborados, pero no menos repugnantes, del ABC y Federico Jiménez Losantos. Unos y otro echan más leña al fuego que mueve el molino del «centro-derecha» como solución mítica a unos problemas que en el fondo no entienden como tales porque han contribuido a originarlos. Son ese batiburrillo de globalistas, liberales y hombres de negocios que creen que tienen ideas porque hablan un rato en el Real Instituto Elcano y que, sorprendentemente y tras varias mayorías absolutas, han conseguido llevarnos hasta aquí. En el fondo no se diferencian de los comunistas post-muro cuando se afanaban en demostrar que el comunismo no era responsable del fracaso colosal que entonces se vivía porque el comunismo -el auténtico; los otros eran malas copias- aún estaba por llegar. Entonces como ahora, unos como otro, quieren vendernos como nueva una mercancía notablemente antigua.

Por todo ello me alegro infinito de la debacle de «Ciudadanos» y el PP en las elecciones catalanas. Y lo digo porque para mi son parte del problema; VOX será parte de la solución en la medida en que abomine de la cohorte liberal que ha contribuido a parir el marasmo en el que estamos. Por eso no me extraña que en Andalucía el PP y Ciudadanos se opongan a un «pin parental» cuya necesidad dicta el sentido común. ¿Qué más tienen que hacer para que su electorado los perciba como lo que realmente son? Cortar amarras con ellos es imperioso y no son pocas las que tiene VOX, algunas bien dentro. La parte sana de VOX debe entender que lo antiguo les corta las alas hacia un amanecer distinto.

Por lo demás, veremos qué nos depara el futuro porque sigue habiendo preguntas sin respuesta.