Cada mañana me desplazo a mi parroquia de El Burgo Ranero (León), atendiendo a la afluencia de peregrinos, por ser Camino de Santiago –a 18 kilómetros de Sahagún-, en el aspecto religioso.

Les doy una poesía para los peregrinos de Eugenio Garibay, publicada en un muro de Nájera, en español y en alemán, que logré tenerla traducida a seis idiomas, y les doy a cada uno en su idioma, con la fecha, lugar y dedicatoria de su feliz peregrinación y una bendición reconfortante.

Con los de lengua alemana, les hablo en su idioma, cosa que agradecen, por la familiaridad que encuentran, como infrecuente detalle.

Hablo con alemanes sobre mi admiración por su nación y virtudes reconocidas, como su espíritu y trabajo, puntualidad, cultura musical y responsabilidades sociales, que les han llevado a ser la loco motora económica de Europa, tras haber quedado arrasados tras las dos guerras mundiales, quedando en peores condiciones que nosotros, de unidad y sacrificio patriótico de verdaderos “germanos”, de ideales esperanzados.

Lo agradecen mucho, y reconocen el esfuerzo realizado tras las guerras.

Me dicen que murieron cinco millones de soldados alemanes y un millón de civiles, frente a los 23 millones de rusos y unos seis millones restantes de aliados, del resto de Europa…

Les pregunto que al final, tras aquella catástrofe europea del 39 al 45, quién ganó la guerra, estando ellos a la cabeza política europea y volviendo “a casa a comer” aquella parte de la Alemania del Este, muerta de hambre en Rusia.

Hacen un gesto reconocedor de su esfuerzo ejemplar para el mundo y su orgullo de saberse alemanes, a pesar de su accidentada historia.

Les hablo, con cierta vergüenza, de nuestra actual situación económica y moral, de una Patria invadida por la masonería, de la que tanto nos previno Franco  con visión profética, de una España carente de verdadera autoridad y justicia social, que se ha permitido tener Borbones traidores y perjuros a la Patria, vividores y carentes de espíritu nacional católico, dónde esos personajillos masónicos de hecho, defraudan caudales públicos, de corruptelas de unos y otros, y se ríen de quien instauró de nuevo una Monarquía, que Franco quiso fuese con las condiciones tradicionales de católica, social y participativa, frente a la parlamentaria, liberal y de Constitución atea, de corona masónica.

El último eslabón borbónico, viniendo del autoexilio a hacer regatas, y ocultando la verdadera historia escandalizante, por una vida adultera, defraudadora, perjura e hipócrita, de falso “salvador de la democracia”, implicado en el 23-F, y metiendo a sus amigos militares en la cárcel tras aquél “pronunciamiento militar” (que no golpe de estado), como ignorante del tema cómplice, solo puede ser fruto espurio de un vividor-bebedor irresponsable, frente al destino católico de una nación milenaria católica, grecolatina y visigótica, bastión del catolicismo mundial.

¿Qué tiene esto que ver con la sacralidad regente de unos Reyes Católicos?

El  liberalismo que nos ha traído como perjuro, nos ha infectado de los mayores vicios materialistas.

Ese ha sido su legado disolvente, consentido por la masonería vaticana, cómplice y cobarde.

Si cada pueblo tiene el alcalde que se merece, cada país tiene el desgobierno que se merece.

¿Hacia dónde vas, España…?