He dejado pasar un tiempo prudencial para analizar adecuadamente los presupuestos aprobados en el Congreso, para su posterior envío a Bruselas. 

Sin duda, carecen de un plan de viabilidad para que las empresas españolas y los autónomos puedan seguir activos, mantener los puestos de trabajo generados, así como evitar los cierres de pequeños negocios y los ERTEs, EREs, concursos y suspensiones de pago.  

Los presupuestos, tienen cifras infladas -que seguramente serán retocadas en Bruselas-. No conocemos qué medidas se tomarán para evitar el declive alarmante de la caída de las constituciones de sociedades que supone, nada menos, que un 85% en diciembre de 2020, dicho de otro modo, estamos dejando de crecer, por consiguiente, cada vez tenemos menos empresarios y más paro.  

Si comparamos el pasado mes de diciembre de 2020 con el mismo mes de 2019, cuando estaba comenzando el declive de la economía española, las extinciones de sociedades eran del 55,28%, en el año 2020 del mismo mes, las extinciones han crecido un 241,80%. 

Los autónomos o empresarios individuales, hemos pasado de 3.250.000 en el año 2004, a la cifra de sólo 535.127 autónomos y empresarios individuales activos al 31 de diciembre de 2020. Son datos reales y no manipulados. 

Los concursos de acreedores, están creciendo desde septiembre 2020 en una media del 110% hasta diciembre del año referenciado. 

Con estos datos y los que vienen, si no disponemos de un Plan de Viabilidad para pymes y autónomos, será muy difícil cumplir con los compromisos adquiridos con Bruselas. De nada nos valdrá ampliar ERTEs y conceder ICOS o ampliar las carencias de los mismos, si seguimos dando limosnas y las empresas cayendo y huyendo de España. 

Hay que afrontar un plan de choque de verdad, sin tapujos y con valentía, con tres puntos de choque.  

Primero, bajar las cotizaciones a la Seguridad Social a las empresas, que debería ser pactada entre pymes, autónomos y Gobierno. Es más rentable que los trabajadores estén trabajando y cotizando, a que estén en el paro y suponiendo un coste para el Estado. 

Segundo, rebajar el IVA al 12% durante tes años, para conseguir en el plazo de dos años, una recuperación económica lenta y consolidada. 

Y, en tercer lugar, ayudar y evitar que las empresas caigan en EREs, en especial las pymes y autónomos, inyectando liquidez y vigilando sus movimientos. Liquidez controlada para que cobren los proveedores, control de ventas y así crecer en solvencia. 

Estas medidas resultan urgentes e imprescindibles para evitar la caída de ingresos a corto plazo y destrucción de empleo. 

Si nos preguntamos cómo se recupera el Estado de los ingresos dejados de percibir, la fórmula muy sencilla si nos planteamos las siguientes cuestiones:  ¿qué le cuesta al Estado mantener los parados y los ERTEs? ¿Qué le cuesta al Estado dejar de percibir los pagos que realizan las empresas por su actividad y beneficios? Pensemos y analicemos la situación que tenemos y la que nos viene. Subir impuestos es el mayor error, y no realizar previsiones con tiempo y contemplando los preceptivos plazos, es el mayor de los fracasos.