La Guerrilla que de 1808 a 1814 le dio al gabacho más leña de la que había recibido en toda Europa, no vivía del aire ni del Divino Maná, como los hebreos cruzando el desierto. La Guerrilla vivía de lo que sus compatriotas le suministraban: intendencia y logística, viandas, información y pólvora. Sin pan y sin munición, la Guerrilla hubiera muerto derrotada por el hambre y por la indiferencia de sus compatriotas.

En ese trance está El Correo de España. Cercados por nuestros enemigos (que son los vuestros) y sin la asistencia material de nuestros lectores, amigos, compatriotas y correligionarios, el crecimiento del periódico, a pesar del bloqueo político y publicitario al que está sometido, no es suficiente para garantizar su capacidad de fuego periodístico. Necesitamos que nos ayudéis. Cada uno en la medida de sus posibilidades. Es más importante la multiplicación de los donativos que el montante singular de cada uno de ellos.

Espoz y Mina, el Empecinado, Jáuregui el Pastor, el Charro y tantos otros guerrilleros que se echaron al monte contra el francés no hubieran sido posibles si los españoles que permanecieron en sus valles, en sus pueblos y en sus ciudades no les hubiesen ayudado con sus dineros y sus cosechas. El Correo de España necesita que le echéis una mano para seguir combatiendo a este Gobierno infame, abyecto, indecente.

Si no queréis que las únicas voces que se oigan sean las de los juglares del Gobierno y las únicas letras que se lean sean las de sus escribas, ¡ayudadnos! No importa el cuánto, importa la continuidad del socorro por modesto que sea. Si no nos ayudáis, pronto, muy pronto, solo oiréis y leeréis la voz de los bufones socialcomunistas y separatistas... ¡Ah! y la de los peperos haciéndoles los coros. 

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