Un imbécil es un ser irracional que sin mucho esfuerzo y de manera permanente, muestra una falta de juicio escandalosa. Pero por encima de esta fácil definición, se encontraría otra que definiría al imbécil de grado superlativo, refiriéndonos a uno tan sumamente irracional y con tal falta de juicio, que es capaz de ejercer de científico, microbiólogo, galeno o de incluso político, cagarla estrepitosamente y no despeinarse ni lo más mínimo.

Soy un enamorado de gente, entendiendo esto desde el punto de vista humanístico y social. Me encanta pensar en la evolución del ser humano en su labor de adaptación al medio. Estudiar, o sencillamente jugar a visualizar las diferentes estructuras sociales y en su diversidad, es apasionante. Pero lo que es realmente divertido, es pensar en los imbéciles y valorar sus actuaciones.

Según pone en los libros, existen cuarenta especies de coronavirus y hasta ahora muy poca información sobre el modo de transmisión o la gravedad que puede alcanzar el elemento contagiado y eso que algunos de estos virus que toman su nombre por su terminación en puntas a modo de corona, llevan conviviendo con nosotros más de cinco mil años.

Científicos de todo el mundo, nos han explicado que este tipo de virus se contagia especialmente rápido y que por tanto tiene la capacidad de poder convertirse en pandemia. Gobiernos de todo el mundo cierran colegios, parques y centros de mayores. Se suspenden ligas y eventos deportivos. Hay contrataciones especiales en cuanto a médicos se refiere y la población sufre una psicosis transitoria y por otra parte normal, cuando piensa en el problema de abastecimiento derivado de esta situación, entre otras muchas cosas. Y frente al coronavirus, el imbécil.

¡Señores, esto es una gripe! Ese grito que podríamos denominar de guerra, lo leí hace unas pocas horas en un correo electrónico dirigido a cualquier institución y es un ejemplo de la operativa del imbécil superlativo al que me refería en el primer párrafo. Este tipo de imbécil del que el planeta está inundado, asoma la cabeza en este también, tipo de ocasiones, asumiendo sus virtudes y manifestando su implacable imbecilidad, sin importarle el ridículo tan espantoso que le implicaría no salir a la calle por el resto de su vida. ¡Pero como es imbécil!

Cuántos más médicos, biólogos y científicos, piensan en como erradicar una enfermedad poco conocida, el imbécil se lanza al abismo y se atreve a diagnosticar como una gripe, lo que miles y miles de entendidos no saben que es. Me gustaría identificar a la persona de este caso concreto, con el único fin de solicitarle una fotografía dedicada y así guardarla como el oro en un paño, ya que este tipo de actitudes es quizás la muestra más importante de la diversidad social que por sustenta el planeta. ¡Lo que viene a ser, un buen ejemplar de imbécil!

Por mi parte solo una o dos cosas más. A veces las decisiones difíciles de tomar, pero curiosamente y dedicado a este tipo de imbéciles, tengo que decir que aunque no siempre bien impuesta y acertada, la jerarquía que se impone en el orden social, implica que es normalmente el que más sabe el que decide e impone unas normas que el imbécil debe de aceptar sin pensar, aun a su disgusto. Por eso existen presidentes de gobierno, ministros, vicealcaldes y en general mandatarios que sin llegar a llamarse Trump, ya piensan por usted. ¡Señores, esto es un imbécil!  

Ahora solo queda que alguien responda a este artículo, con otro titulado: ¡Señores, esto es un prepotente, totalmente carente de humildad!