Nosotros siempre hemos mantenido que el centro político es un camelo como la catedral de Burgos. Una de esas mentiras que tienen éxito porque disponen de un número suficiente de cuñaos y de ignorantes en los grandes medios de comunicación a quienes también beneficia la existencia de dicho camelo. El centro podía tener gracia en alguien como Adolfo Suárez, que con sus muchas sombras era un animal político de cierta enjundia, pero desde luego hoy en día, con el panorama desolador de la política patria, el centro es una verdadera tomadura de pelo.
 
Siempre hemos mantenido que Ciudadanos representa como quizá ningún otro partido lo que es la democracia española y lo que es el sistema. La quintaesencia de la nada. Un postureo continuo para no concretar, un estar en un sitio y en el contrario, un arrimarse a unos y a otros para poderse arrimar al poder, que en definitiva es lo que pretenden todos a cualquier precio, aunque algunos además sin la menor intención de disimularlo.
 
Arrimadas ha dado oxígeno esta semana a Pedro Sánchez en su propósito de alargar un estado de alarma que, para muchos juristas, es un estado de excepción encubierto. Llevando la desescalada del coronavirus a una escalada de recorte de libertades y derechos que, si uno se para a pensarlo despacio, pone los pelos de punta. Como se trataba de hacer olvidar a Rivera lo antes posible, parece que la estrategia de Arrimadas puede consistir en rebajar la tensión con los socialistas para poder alcanzar acuerdos concretos y puntuales, o incluso también, quién sabe, tareas de co-gobierno si las diferencias entre Pedro y Pablo aumentan con el paso del tiempo.
 
Cómo será de serio esto, y qué no tendrá el poder para pergeñar extraños compañeros de cama, que incluso en Madrid, donde hay un gobierno liberal-conservador encabezado por Isabel Díaz Ayuso, parece que el siempre ladino y enrredador Aguado estaría acercando posiciones con el socialista Ángel Gabilondo para ver lo que pueden hacer juntos. Sin darse cuenta de que, como bien apuntaban ayer los compañeros de El Mundo, la presidenta regional tiene el maletín del botón rojo, y si convocase elecciones anticipadas podría, seguramente, gobernar en solitario.
 
Todo esto ocurre en mitad de una pandemia terrible y de un gobierno central que va de ocurrencia en ocurrencia, tratando de hacer compatible el éxito sanitario y el económico, que es como tratar de estar a la vez en los dos extremos de una mesa. Asesorado por adláteres, señalado dentro y fuera de nuestras fronteras por las cifras alarmantes de contagio de médicos y enfermeros, y con un futuro que sólo Dios conoce, pero que nos hace pensar en posibles rebrotes dentro de la previsible espiral del pánico. Los partidos no se permiten el lujo de descansar a la hora de hacer el ridículo ni siquiera cuando están en juego las vidas de los ciudadanos.
 
Ciudadanos, obviamente, es la anécdota. Es un partido bisagra que, por alardear de centrista, acabará previsiblemente como la UCD o el CDS: jibarizado primero y deglutido después por la inevitable alternancia de derechas e izquierdas. Arrimadas tiene un pasado de resistencia y coraje en la esquizofrénica realidad catalana, tomada por el golpismo separatista, pero ni en su presente brilla la coherencia, ni en su futuro hay mucho lugar para el optimismo. Quizá por eso haya optado por arrimarse al poder establecido, que puestos a arrimarse a algún sitio, puede parecer el más seguro.
 
Claro que..., ya dice el refranero español, siempre sabio y certero, aquello de "dime con quién andas y te diré quién eres".