“La primera comunión actual, lejos de ser el cumplimiento por la fe de un sacramento, se ha convertido en un acto social donde se mezclan el consumismo, la vanidad y las apariencias”

Llega septiembre y con él la autorización de este gobierno para que nuestros niños puedan hacer su primera comunión.

Se supone que los padres que llevan a sus hijos a cumplir con el Sacramento de la Eucaristía son creyentes y lo hacen por su fe católica y desde la responsabilidad de ser padres y católicos. Se supone que las semanas previas a ese día los niños reciben las enseñanzas de la catequesis orientadas a que entiendan y comprendan el paso que van a dar. Todo esto se supone. Entonces, ¿tiene algo que ver con estos valores cristianos toda la parafernalia consumista que desde hace años rodea la primera comunión de nuestros niños?. En la actual primera comunión lo que brilla no es la fe, sino el brillo del oropel de la fiesta pagana que oscurece la fe… si es que hay fe.

Según datos de la OCU el gasto medio de una primera comunión en España alcanza los 2.500 euros. Si el Sacramento de la Eucaristía es un acto de fe y el inicio de los niños en la fe y los valores cristianos, ¿a qué ese gasto de dinero? ¿a qué esa adoración al becerro de oro? Más bien parece que en ese aquelarre de apariencias y vanidad, lo que se cumple es el sacramento del consumismo; y digo esto porque hoy el consumismo sí que es el principal sacramento con el que cumplimos llevados por nuestra fe en el tener y no en el ser.

El niño verá una contradicción entre las enseñanzas recibidas durante la catequesis y el pandemónium de banquetes, trajes y regalos que rodearan ese acto. O puede que no, que, a pesar de las enseñanzas previas a la comunión, los niños vean esta como un acto trivial, superficial y vano del que se podrán aprovechar para obtener regalías.

Vaciando de fe la primera comunión, la hemos convertido en una excusa para mostrar nuestras vanidades, vivir nuestras apariencias y satisfacer nuestros deseos; muchas veces ajenos a los deseos del niño. Y lo más triste de todo: para muchos niños y niñas, su primera comunión será también la última, porque ha llegado a ella, no desde la fe, sino desde las costumbres sociales de hoy que han hecho de la Eucaristía una ocasión más de – llevados de nuestro egoísmo - satisfacernos a nosotros mismos.