Son muchas las veces que a lo largo de nuestra historia se cuenta que el Apóstol Santiago, uno de los “hijos del trueno”, intervino en favor de España, especialmente de sus armas cuando se encontraban en momentos críticos luchando por nuestra Patria.

Descartada su aparición en la batalla de Clavijo porque hoy se considera que dicha batalla nunca existió. Sí son ciertas, por la solvencia de quienes nos las han referido, la que relata Bernal Díaz del Castillo asegurando que Santiago auxilió a los españoles cuando la emboscada que los aztecas tendieron a Pedro de Alvarado y a los pocos que le acompañaban en el Templo Mayor de Tenochtitlán en 1520 de la que escaparon increíblemente a punta de espada y por la intervención del Apóstol, así como también la que relata Francisco López de Gomara afirmando que durante la batalla celebrada el 25 de Julio de 1531 contra los chichimecas, y llevando los españoles la peor parte con diferencia, las tornas se volvieron a su favor de repente gracias a la intervención del Apóstol; en ambos relatos Santiago se presentó a caballo bajo una gran cruz luminosa en el cielo.

También hay que dar por cierta la que cuenta Pedro Mariño de Lobera quien asegura en su crónica que cuando los españoles, al mando de Pedro de Valdivia, intentaban conquistar Chile, y tenían la batalla prácticamente perdida, repentinamente observaron cómo los indígenas abandonaban la lucha logrando por ello nuestras armas la victoria, tras de lo cual, extrañados los nuestros por lo ocurrido, interrogaron a algunos enemigos, quienes les aseguraron que su huida se debió a que “vieron venir por el aire un cristiano en un caballo blanco con la espada en la mano desenvainada, amenazando al bando índico, y haciendo tan grande estrago en él, tanto que se quedaron todos pasmados y despavoridos; dejando caer las armas de las manos no fueron señores de sí, ni tuvieron sentido para otra cosa más de dar a huir desatinados sin ver por dónde (…)”; en coherencia con lo descrito por los propios indios, fue por lo que los españoles dieron por hecho que se trataba de Santiago, ahora “mataindios”, bautizando en su honor el lugar con el nombre de Santiago de Chile; hoy capital de aquel país.

Lo dicho es, en general, de sobra conocido, pero pocos saben de la última intervención de Santiago Apóstol en favor de nuestras armas y de España, la cual debemos considerar irrefutable también porque quien lo acreditó en su día fue, nada más y nada menos, que el mismísimo Caudillo.

Recordemos primero que el 21 de Julio de 1937, el Generalísimo, inmerso desde el día 6 de dicho mes en la durísima batalla de Brunete, tuvo tiempo para firmar el decreto por el que declaraba patrón de España a Santiago Apóstol. ¡Franco siempre extraordinario y sorprendente, pues qué General en circunstancias tan dramáticas se acordaría y dedicaría un minuto de su ocupado tiempo para asunto aparentemente tan baladí!

Pues bien, terminada la batalla con la victoria nacional, contaba el Caudillo a sus más allegados: “Fue el día de Santiago cuando la batalla de Brunete hizo crisis”; lo que en argot militar significa que la balanza se decantó definitivamente del lado nacional y que la veleta de la suerte y de la victoria giró por fin a favor de las armas nacionales. De esa forma, Franco reconocía públicamente, muestra además de agradecimiento, que para él tal hecho se debió sin duda a la intervención del apóstol en agradecimiento a su gesto de hacía cuatro días; una especie de yo ayer por ti, pues tú hoy por mí.

Y es que efectivamente fue el 25 de Julio de 1937, cuando la batalla contaba ya con 24 largos y tremendos días de fieros combates, cuando la presión nacional, que aunque venía siendo muy intensa nada determinante lograba, consiguió por fin romper sin paliativos la dura resistencia frentepopulista “…la aviación facciosa bombardea y ametralla nuestras posiciones… Se logra, al fin, detener la desbandada de las fuerzas del flanco derecho del Ejército de Maniobra (frentepopulista) y vuelven las unidades a ocupar posiciones más a retaguardia de las perdidas… De madrugada (25 de Julio) se inicia un bombardeo de aviación enorme seguido del ataque de la infantería, que hace que fuerzas de la LXVIII Brigada (frentepopulista) se replieguen desordenadamente, dándose orden a los tanques para que salgan y acudan a detenerlos… Se ha perdido el enlace con la III y LXVIII Brigadas. Parece que la ermita se acaba de abandonar. Nuestras fuerzas siguen retrocediendo a la desbandada…” (Diario de Operaciones del XVIII Cuerpo de Ejército frentepopulista).

Además, sobre las 16,00 h. de ese mismo 25 de Julio, las tropas nacionales que ocupaban algunas casas de Brunete, pero que venían sufriendo desde su cementerio continuos ataques por el fuego y asaltos, arremetieron contra él, sin estar previsto, logrando tomarlo: “…aprovechando la vacilación del enemigo,… en el momento en que se acababa de rechazar un ataque y sin esperar a la preparación, un Sargento europeo (Juan Bejarano del Barco) del 6º Tabor de Regulares de Melilla se lanza con su sección sobre las trincheras enemigas y arrastra tras él al Tabor y al Batallón de las Navas, consiguiendo hacer retroceder al enemigo, que persigue y que en su retirada es alcanzado por el bombardeo de nuestra aviación y fuego de Artillería, que convierten su retirada en verdadera huida, persiguiéndole con el fuego de armas automáticas y artillería en fuego rápido, desmoralizando  al adversario hasta tal extremo de que ni los carros que lanza desde detrás a contenerlos ni las fuerzas de Caballería que tratan de reunirlos a sablazos son capaces de detener la fuga de este rebaño de hombres que son ahora las Brigadas enemigas…” (Diario de Operaciones del Cuerpo de Ejército nacional)

Lo ocurrido, es decir, la destrucción de las abundantes reservas que los frentepopulistas habían ocultado en el bosque al norte de Brunete, aparece también corroborado por los siguientes testimonios: “…en aquel mismo momento aparece en el horizonte la correcta formación de la Legión Cóndor, que se dirige a bombardear el mismo objetivo (el cementerio recién e imprevistamente ocupado)… Angustiosas llamadas telefónicas ponen en comunicación los puestos de mando y apremiantes mensajes de radio cruzan el espacio para advertir a nuestra aviación… Sin duda, desde el aire descubren el avance de nuestras tropas y los aviones van a descargar sus bombas sobre los olivares del norte de Brunete. Apenas se ha disipado el humo de las explosiones cuando entre los menguados olivos se ven salir verdaderos enjambres de hombres que en muchedumbre imponente y en desenfrenada huida, se esparcen por el llano. El enemigo había concentrado en estos olivares todas las reservas disponibles para intentar la última acción sobre Brunete… no bastando a contenerle ni el fuego de sus propios carros que salen a su encuentro ni las patrullas de caballería que acuden y galopan en torno de los dispersos grupos como perros de pastor que acucian al ganado…” (López Muñiz)“… la acción de la aviación enemiga ha sido tan dura y eficaz que la tropa sufría en las primeras horas de la tarde una crisis de moral; las unidades… dejaban el frente completamente desguarnecido, replegándose, algunas de ellas en franco desorden. Nos hallábamos ante el riesgo de perder todo lo conquistado y de que quedase abierta una amplia brecha en nuestro frente a retaguardia de todo el dispositivo de la sierra…” (Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor Central frentepopulista)

Al día siguiente, 26 de Julio, la batalla de Brunete terminaba de forma abrupta, pues los frentepopulistas ya ni podían más, ni tenían con qué, y Franco, que sabía que la victoria era suya y total, ordenaba salir de allí sin más tardanza a las primeras unidades para el Norte a pesar de la oposición de sus Generales, principalmente de Varela, que aún dudaban y temían una reacción del enemigo, pero Franco no, pues sabía que la intervención de Santiago era segura, firme y definitiva, por lo que no había peligro alguno en debilitar ese frente para reforzar el del Norte cuya liberación sabía determinante para encauzar definitivamente la guerra hacia la victoria final de la cual nunca dudó