Igual que los promotores de la llamada "memoria histórica" falsean la realidad de lo que ocurrió en España durante los años del franquismo (porque nada hay más alejado de la Historia que la memoria, que es siempre selectiva), observo cómo hay muchos "colegas" de izquierdas que se están poniendo húmedos al recordar el "movimiento 15-M", inventando cosas que no pasaron y falseando otras que sí ocurrieron. Vamos, en resumen, fantaseando, que es a lo que se dedican bastantes sedicentes periodistas.
 
Muy lejos de lo que esa memoria izquierdista pretende, el 15-M no fue otra cosa que unas jornadas de algarada y pandereta (cosa muy española, sin duda), sentadas en las plazas, pancartas y cánticos, mensajes revolucionarios, y muy poquito más. Y si ocuparon la madrileña Puerta del Sol durante tres meses fue única y exclusivamente porque el entonces ministro de Interior, Pérez Rubalcaba, y el presidente Rodríguez Zapatero, lo permitieron. Por pura cobardía y por ausencia total de sentido de la responsabilidad.
 
Ese sueño de "democracia real", la exigencia de más transparencia y menos corrupción, la pretendida presión que habrían realizado los "indignados" para lograr una sociedad más justa, más progresista, etc., es todo un cuento chino que servirá a los podemitas, eso sí, para seguir engañando a incautos durante varias décadas más. Porque en España, desde hace tiempo, lo importante no la realidad, sino "el relato". Y es evidente que el relato casi siempre es de izquierdas.
 
El movimiento 15-M y su hijo primogénito, Podemos, han servido fundamentalmente para una cosa: para que un sujeto sin oficio ni beneficio (hasta entonces), llamado igual que el fundador del PSOE, haya podido en solamente una década convertirse en un millonario que tiene una mansión en la sierra de Madrid (y parece que se acaba de comprar otra), aparte de los dineros que atesora en sus cuentas bancarias. Un paria de la tierra vallecana que ha ingresado en tiempo récord en la élite económica española, codeándose con esos ejecutivos del Ibex que antes le daban tanto yuyu.
 
Otro de los presuntos logros del cuento de la lechera podemoide consiste en haber acabado con el bipartidismo. Permítanme que yo me carcajee mientras ustedes leen. Aparte de que, formalmente, el bipartidismo ya se entretenía y jugueteaba con otras excrecencias del sistema, como Izquierda Hundida o UPyD, ni Podemos ni Ciudadanos han acabado con el bipartidismo, porque todo lo que han logrado es dividir las "ideologías" en bloques, haciendo que cada vez sea más difícil conseguir gobiernos estables, y eso sí, perpetuando el poder omnímodo de los separatistas, traidores y enemigos de la Patria.
 
Menos lobos, caperucita, que diría un castizo en San Isidro. Alberto Rodríguez "el Rastas", Irene Montero, Carolina Bescansa, Íñigo Errejón, Pablo Echenique o Iglesias Turrión no han hecho nada por los españoles, absolutamente nada. Llegaron para acabar con la corrupción y han coqueteado con ella; llegaron para romper la casta y se han sumado a ella. En realidad, lo que siempre quisieron (probablemente desde las sentadas en las plazas del 15.M) era vivir tan bien como aquellos a los que insultaban y amenazaban. Y a fe que lo han conseguido.