Se llama Macarena Olona y ha tenido la plausible idea de decorar su mascarilla –ella ha pasado el coronavirus– con una banderita de España. Ahora que parece que cuando salgamos a la calle vamos a tener que incluir entre nuestros aditamentos la mascarilla y los guantes, casi de forma obligatoria, quizás marque tendencia. Es más, yo quiero una mascarilla como la de Macarena y supongo que muchos españoles también. Lo mismo alguien acaba produciéndolas en serie, porque nos vamos a tener que acostumbrar a incluirlas en la cesta de la compra.

A mí no me cabe duda que la mascarilla con los colores nacionales de Macarena produce sarpullidos a determinados personajes. No pocos en el propio congreso de los diputados, seguro. Alguno/alguna hasta deben sufrir retortijones en los escaños.

Macarena, portavoz de VOX, tiene un verbo rotundo y directo, con escasos circunloquios. Dialécticamente es un púgil de peso que lanza una y otra vez sus directos a la mandíbula, lo que lógicamente debe entusiasmar a sus votantes, pero también a otros que están cansados del discurso políticamente correcto que a veces se utiliza como instrumento eficaz de autocensura. Tiene la virtud de poner muy nerviosos a sujetos como Iglesias o Monedero. Quizás porque es quien más se empeña en denunciar la llegada de las tesis “neocomunistas” y la tendencia a la “venezolización” impulsada desde el gobierno. Conviene no trivializar con ello porque no es la imitación de lo que sucede en Venezuela, sino del proyecto teórico neocomunista del que lo acontecido en el país hermano es un triste ejemplo.

Macarena ha adquirido notoriedad mediática porque se ha atrevido a poner en solfa a algunos medios de comunicación con esas palabras rotundas que utiliza y que se convierten en aluvión de morteros. Que Macarena diga que no existe la “neutralidad política en TVE” no es una entelequia es una realidad que se demuestra día a día.

Los aludidos no han tardado en saltar a la llamada, tanto a nivel grupal/empresarial como desde el plató. Que el graciosete oficial de los progre-pijo-rojos, el conocido Wyoming, se meta con ella y con su banderita en la mascarilla, es toda una declaración de principios. Y que además lo haga repitiendo la habitual tontería que utiliza Pablo Iglesias, este con mayor engolamiento, y casi toda la izquierda para ocultar que, en realidad, lo que les repatea, lo que les molesta es precisamente esa bandera, como a Iglesias o a Rufíán le molestan los uniformes, es para aplaudir a Macarena. “El patriotismo no se demuestra pegando una banderita en la mascarilla”, ha dicho el “brillante” chistoso. Todo un alarde de ingenio e inteligencia que no merece respuesta aunque baste con retirarle la negación en la frase.

Que Macarena diga que “miles de ancianos han sido privados de la posibilidad de vivir”, a muchos españoles no nos parece ninguna falsedad; lo están diciendo algunos familiares de las víctimas. Es más, es obligación del político averiguar y establecer si eso es verdad, si ha habido negligencia, si no se tomaron las medidas oportunas, si es cierto lo que se ha publicado sobre las decisiones de atención hospitalaria, si se ha olvidado la protección a los mayores…

Que Macarena anuncie que han pedido que se den todos los datos de los contratos del gobierno para la provisión del necesario material sanitario, cuando tantos fiascos, que suenan a chapuza, se han producido, es de aplaudir. No hay que olvidar que el gobierno de la transparencia se ha trocado en el más oscuro.

Y lo único que saben decir los nerviosos es que van a estudiar si la pueden llevar a los tribunales por sus palabras. Suena a risa. Macarena es abogada del Estado, conoce perfectamente lo que es la libertad de expresión –algo que el gobierno, Sánchez, Iglesias, Tezanos y demás quieren eliminar–, y también conoce la corrupción PP/PSOE por su labor anterior (caso Mercasa). Yo del PSOE me ataría los machos porque si acabara el tema en los tribunales no iba a caber el refugio en el secretismo en la información o en la sustracción de la información poniendo sellos de “secretos de estado”.

Está claro que Macarena y su mascarilla van a seguir poniendo nerviosos a Sánchez, a Iglesias, a Monedero, a Wyoming, a Ferreras, a Roures y demás portavoces de la progresía.

Y yo quiero una mascarilla como la de Macarena.