Dejando a un lado lo que ya es indignante clamor popular contra la infamia y criminal gestión de la crisis del Covid-19 se refiere por parte de la autoridades de nuestra sufrida España --salvo entre los descerebrados y recalcitrantes marxistas de siempre a los que, como a Sánchez e Iglesias, la vida de los demás les importa un bledo--, creemos llegado el momento de reconocer que las medidas adoptadas en general, incluso por casi todos los países afectados, son inadecuadas… lo que creemos que corrobora la imparable expansión casi exponencial de la epidemia. Por eso, creemos también llegado el momento, aunque debió ser hace mucho, de coger el toro por los cuernos y adoptar las verdaderas medidas para ganar esta que es guerra.

Y es que una crisis como esta debe considerarse como si de una situación de guerra se tratase, porque lo es aunque el enemigo, no por invisible, como vemos, sea menos peligroso para la nación entera. Así pues, ha llegado el momento de tomar las siguientes medidas básicas:

  • Suspensión de las garantías constitucionales que debilitan la dirección y toma de decisiones unitarias, más en concreto las autonómicas y municipales.

  • Creación de un mando único concentrado en un único lugar, aislado, compuesto por los máximos exponentes de todos los partidos y las administraciones gubernamentales civiles, militares y policiales del que dependerían directamente todas las autoridades de cualquier clase que, por la suspensión antes citada, habrían perdido cualquier prerrogativa. Sus decisiones serían de obligado e inmediato cumplimiento manu militari.

  • Dependiente de lo anterior, creación de un centro de recepción y emisión de información sobre la epidemia. Regla básica de su actuación sería la emisión de boletines periódicos, cada hora, absolutamente veraces, sin ocultar ni manipular la información de forma que la población supiera en tiempo real la verdad, por dura que fuera.

  • Creación de centros de aislamiento alejados de los núcleos urbanos --ciudades y pueblos-- para concentrar en ellos a los infectados nada más detectarlos, evacuándolos obligatoriamente y sin dilación. Dichos centros, construidos con lo básico de forma inmediata, estarían en parajes alejados de dichas poblaciones en zonas lo más inhóspitas posibles blindando el acceso a ellos.

  • Dotar a dichos centros del mínimo imprescindible para atender a los infectados, debiendo su personal sanitario y de cualquier otro tipo permanecer en ellos también aislados.

  • Realización masiva y obligatoria a la población de la prueba de detección del Covid-19 (test).

  • Confinamiento preventivo absoluto, sin contacto si quiera con sus familiares de la misma vivienda, sólo de personas de más de 65 años, así como de los que, independientemente de su edad menor la citada padecen alguna enfermedad susceptible de hacerle potencialmente receptor del Covid-19.

  • El resto de la población podría seguir con su vida laboral normalmente, sólo la laboral, bien que usando obligatoriamente las protecciones básicas higiénicas y de otro tipo que todos conocemos.

  • Sería delito grave con prisión provisional inmediata la violación por cualquier motivo de cualquiera de las disposiciones antes citadas, ocultar enfermos u otras que pudieran ser potencialmente benefactoras de la extensión de la epidemia.

La epidemia no va a parar mientras no se actúe conforme a lo que es: una guerra sin cuartel donde no hay lugar para sentimentalismos, debilidades y todo aquello que mina las defensas, comenzando por cesar a los actuales mandatarios de cuya ineptitud, y peor aún, negligencia, traición y crimen de lesa patria ya tenemos constancia, los cuales deberían ingresar directamente a prisión a la espera de que, tras la victoria contra el Covid-19, rindan cuentas por sus crímenes contra la Humanidad.