Cuando oigo que dos sinvergüenzas -por no utilizar tan pronto palabras malsonantes, aunque en estos momentos que vivimos suelen resultar muy descriptivas y atinadas- se sientan a negociar sobre algo que, de todas, todas, sabemos las personas decentes -que casi ninguno somos políticos-, que acabará afectándome en negativo física, laboral y en la maltrecha economía, de manera individual y también colectiva; nos gustaría enterarnos, al menos a mí, para estar preparado con apósitos y ungüentos paliativos, que es lo que estarán pidiendo los hijoputas de los "dantes" (los terroristas y separatistas que bien conocemos todos), y que es lo que les irá a entregar (en este caso en singular) el cabrón del "tomante" (ese que igual conocemos todos).

También, por puro morbo, creo que a todos nos gustaría saber cuál es la postura en la que cada cual se coloca en tan frecuentes encuentros, en busca de más comodidad y mayor satisfacción. Y, también por satisfacer nuestro incorregible morbo, no nos vendría mal que alguien tuviera la decencia de explicarnos qué es de verdad lo que están tramando; como, cuando y cuánto nos va a afectar a los españoles decentes, que casi ninguno somos políticos, lo que se disponen hacer con el resultado alcanzado, cada uno de ellos, después del "coito", además de fumarse el clásico cigarrillo.

¡Qué puta mala suerte nos ha alcanzado a los españoles!

Vamos saliendo de uno malo, caemos en otro peor y recaemos en otro al que difícilmente se le pudiera contar la exagerada colección de negativos adjetivos descalificativos que con sus actuaciones públicas, junto a sus constantes mentiras y chalaneos políticos, ha ido mostrando, todo ello con el único fin de, primero alcanzar y después resistir en una posición de tan alto valor, como es regir los destinos de una nación, para la que Dios no le ha llamado, poniendo en su oquedad craneal la cantidad de materia gris necesaria para poder realizar las transcendentes grandes obras.

Hay, para el bien de la humanidad, personas que pareciera que van como sobre pétalos de flores caminando por la vida, creando belleza y bienestar para uso y disfrute de todos los demás, con el extraordinario acierto que les da un cerebro superior, mientras otros solo saben caminar pisando su propia mierda; tratando de convertir en mierda todo lo que tocan. Y tocan mucho.

Ese es el camino, el de la mierda, en el que estos repelentes políticos están obligando a caminar a España y a los españoles decentes, que casi ninguno somos políticos, y la mierda ya nos va llegando a las corvas.