Se fue Pablito Casado a denunciar ante la Unión europea la creación del “Gran hermano” informativo, represor y vigilante que aparece en la Orden ministerial “contra la desinformación” aprobada por el gobierno de Pedro Sánchez, y que pretende instaurar la dictadura liquidadora de la opinión disidente. Dicen, los “euro lameculos”, que “Bruselas frenará a este gobierno manirroto y déspota”.

Hay quienes ven en la Unión europea un “maná de redención” que combate las lacras injustas y totalitarias de gobiernos como el socialcomunista español. A ésos. Yo los llamo los “euro lameculos”. Esos que, huérfanos de personalidad ideológica propia, consideran a la Unión europea como un hermano mayor idílico al que debemos respeto y admiración porque frenará a nuestros peores caciques locales. Y nada más lejos de la realidad.

La Comisión Europea ha apoyado a Pedro Sánchez y ha avalado este lunes el protocolo del Gobierno español para luchar contra la “desinformación” incluido en la orden ministerial del “Gran hermano”. Ni corta ni perezosa, la Comisión europea dictamina que: "El objetivo de la orden ministerial –es decir, de Sánchez e Iglesias- “es garantizar la participación de España en el plan de acción de la Unión Europea contra la desinformación”. Esto ha indicado en Bruselas el portavoz de la comisión, Johannes Bahrke.

La Comisión europea acaba de avalar la infecta normativa española inspirada por Podemos, y que instaurará la censura liberticida en redes sociales y plataformas digitales; una represión que comenzó cuando supimos que en las Fuerzas de orden público y en el CNI existían secciones de persecución contra la libertad informativa que molesta al gobierno. Los pretorianos del Ejecutivo socialcomunista lo llaman “minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis del gobierno”; “luchar contra los bulos”; o acabar con los “discursos del odio”.

Así pues la Comisión europea le da una patada a España y permite y bendice una normativa que blinda la persecución, la censura y el ataque contra la disidencia a la izquierda, y cuyos primeros coletazos advertimos cuando entidades privadas como Newtral o Maldita, tuteladas por periodistas y capitostes de “La Sexta”, se convirtieron en inquisidores de redes sociales.

Los “euro lameculos” de España seguirán cantando loas para la Unión europea; aunque ésta permita la dictadura liberticida de la mafia partitocrática socialista o aunque brinde impunidad a las redes pedófilas.

¿Qué exagero? En absoluto.

Junto a la reprogramación social y cultural impuesta en Europa por el marxismo cultural y sus partidos políticos afines, hallamos los escándalos delictivos de las redes pedófilas en aumento, pero silenciados tras los candados de la corrección política. Gobiernos de izquierdas, plegados de lleno a la agenda del movimiento LGTB se benefician de la actitud de la Comisión europea y del Euro Parlamento.

La actitud de las instituciones europeas se caracteriza por su condescendencia hacia la impunidad de los criminales pedófilos y por atacar a las naciones que persiguen los abusos a menores. En septiembre de 2020, el Parlamento europeo condenó a Polonia a través de un vergonzoso informe urdido por el socialista Juan Fernando López Aguilar acusando a ese Estado miembro de “urdir una ley para reprimir la educación sexual” y perseguir a padres, docentes y funcionarios públicos. Una falacia que ocultaba el verdadero tenor de la reforma penal polaca destinada a perseguir la pedofilia en la esfera social, pública y administrativa aumentando los castigos penales. El mentiroso informe del socialista López Aguilar, destinado a condenar a Polonia, fue votado a favor, entre otros, por los miembros del Partido popular europeo con la excepción de Fidesz y Viktor Orban que se opusieron al mismo, junto a los eurodiputados de Vox.

¿Qué hacen las instituciones comunitarias ante las redes pedófilas? Pues algo parecido a lo que hacen ante la censura totalitaria del gobierno comunista español: condescendencia y nadería.
  
La Comisión europea conoce que Baleares se convirtió en templo del proxenetismo. Fueron 16 los casos de abusos a menores en Mallorca destapados en enero de este año; se conocen varios más en Menorca, y la cifra aumenta. El gobierno balear de socialistas, comunistas y catalanistas de “Més” –aunque todos en ese ejecutivo son catalanistas-, se negó a investigar en el Parlamento el masivo sumidero de corrupción de menores, proxenetismo y abuso a niños en que se han convertido las Islas Baleares. Las izquierdas bloquearon la petición de Ciudadanos y Vox de hacer una comisión de investigación.

En diciembre de 2019 Vox se hizo eco del silenciamiento y ocultación por parte del gobierno balear sobre las informaciones y denuncias del personal de los centros de menores que apuntaban a niñas y niños tutelados por el gobierno balear sometidos a explotación y abusos sexuales a cambio de drogas o dinero.  Eran informaciones y denuncias que durante años habían apuntado a que las niñas de algunos centros en su totalidad, eran sometidas a proxenetismo en pisos y parques de la ciudad de Mallorca y otras localidades. Días después de solicitar esa auditoría en el Parlamento regional se produjo el 24 de diciembre 2019 la agresión sexual a una menor tutelada que destapó el escándalo, y tras él, y a lo largo del mes de enero, se descubrieron 16 casos de abusos sexuales a los que hay que añadir los varios que fueron denunciados en Menorca.
El ocultamiento de la izquierda socialista y podemita sobre los abusos a los menores bajo su custodia ha podido verse en su negativa a constituir comisiones de investigación parlamentarias sobre el asunto. Por supuesto, el silencio mediático en España es atroz.

Otros episodios escalofriantes de pederastica encubierta por el consenso buenista de los defensores de la “multiculturalidad” y la superioridad moral de la izquierda han podido verse en los últimos años sin que la Unión Europea hiciera nada más que silenciarlos. En la localidad inglesa de Rotherham, al menos entre 1997 y 2013, clanes mafiosos de origen paquistaní abusaron de casi dos mil niñas, algunas de solo once años, y también de niños. Tras atraerlas con regalos y halagos, las drogaban y alcoholizaban, traficaban con ellas, las violaban y las forzaban a prostituirse. El horror tenía lugar en casas y garajes. Era un secreto a voces, del que alertaron algunos trabajadores sociales. Pero las autoridades municipales y la policía taparon el escándalo en nombre de la corrección política. Tras el repunte de la inmigración desde 2011, el 8,3% de la población de Rotherham es de origen asiático, casi todos paquistaníes. En 2012, un periodista de «The Times» destapó la magnitud de los abusos. Un informe independiente la profesora Alexis Jay, antigua asesora del Ejecutivo escocés contra la explotación infantil arrojó en 2014 resultados pavorosos: al menos 1.400 menores víctimas de todo tipo de graves abusos durante 16 años. Hoy se cree que pueden ser cerca de 2.000. Y no es solo Rotherham. Casos similares se han repetido en las comunidades paquistaníes de Oldham, Derby y Rodchale. Además, bandas criminales abusaron sexualmente de más de un millar de menores en la ciudad inglesa de Telford durante más de 40 años, en lo que sería el peor escándalo de abuso infantil en el Reino Unido. Según el diario británico Sunday Mirror, las menores fueron drogadas, golpeadas y violadas a manos de delincuentes desde 1980.

¿Por qué la Unión Europea condenó a Polonia por legislar contra la pedofilia? ¿Por qué no emana Directiva, Reglamento ni Resolución alguna que fuerce a los Estados a adoptar leyes anti pedofilia? ¿Por qué no condena la actitud de Podemos y PSOE en España que se niegan a investigar en sede parlamentaria, y a depurar responsabilidades, sobre la trama de pedofilia balear?

La UE fue mutista y permisiva cuando, con un ambiente de progresiva decrepitud moral, se llegó a poner en marcha, en 2006, un partido político por la normalización de la pedofilia actuante en Holanda y llamado “Partido de la caridad, la libertad y la diversidad”. La principal reivindicación de la formación consistía en pedir la reducción de la edad legal para mantener relaciones sexuales de 16 a 12 años, así como la legalización de la pornografía infantil y el sexo con animales. Propusieron que debería emitirse pornografía por televisión en horario diurno, limitando la noche a los contenidos de sexo violento. Otras de sus reclamaciones fueron admitir la prostitución a partir de los 16 o permitir ir desnudo en público.

Además, existen en la Unión Europea los movimientos sociológicos filopedófilos, a modo de lobbies, dotados de asociaciones y publicidad regada con financiación privada: ejemplos son el “Minor-attracted person” (persona que se siente atraída por menores) o el “Movimiento del orgullo pedófilo”. Defienden la de la normalización y aceptación de la pedofilia en la sociedad, vendida al público como avance hacia la “diversidad inclusiva”.

Las instituciones europeas se han puesto, plenamente, del lado de la agenda socialista, progre y globalista. El enjambre de Comisarios, burócratas y otros cargos no electos de la UE responden a los sucios intereses lobbistas y partidistas de quienes están interesados en instaurar los diseños sociales del marxismo cultural y no vacilarán en extender el éxito gramsciano de una penetración institucional y social cuyo objetivo es descomponer la civilización y atomizar a los individuos.