¡Qué bueno soy, y qué culito tengo! Con esta frase del popular personaje Antonio Recio, de serie “La que se avecina”, se podría resumir el nivel de la política actual; si se apura, con la siguiente coletilla: “por eso vótame, o te confisco el felpudo”

No va tan desencaminada dicha coletilla, ya que cuando los partidos nos tienen que gobernar, ya nos “enteramos” por sus nefastas políticas, o por sus falsas promesas. En otras palabras, desde hace años los partidos históricos que salen en televisión (en especial desde el inicio de la crisis económica) han aplicado, en general, medidas erróneas para la población, haciendo bueno el dicho de “Donde dije, digo Diego”.

También les ha sucedido lo mismo a los partidos nacidos durante ese período, con buenas intenciones, pero que en vez de desarrollar seriamente su programa electoral, lo han ido centralizando en el marketing hacia la marca del partido y en la figura de sus líderes correspondientes, no obstante vacíos de contenidos (aun lo siguen haciendo en la actualidad; da igual el color de los nuevos partidos que están en la palestra televisiva) siendo un “gigante con pies de barro” cuya duración es, ha sido, y será “pan para hoy y hambre para mañana”, condenados a fracasar a la larga.

Ante esta rápida radiografía ¿Qué puede esperar la población? ¿Qué cara se les queda cuando hay que tratar los problemas del día a día de la ciudadanía a nivel municipal? (Ya ni me hago la idea a nivel nacional, obviamente) ¿Hacia dónde vamos? La respuesta no es fácil, ni mucho menos soy futurólogo, pero lo que tengo claro es que la gente debería de tener en cuenta algunos aspectos a la hora de votar:

-Cambiar el chip: ¿Cuántas veces han escuchado el mismo argumento del “voto útil” o bien de “el mal menor”, o bien de “si no votas, ganarán los rojos o los fachas”? ¿De verdad estos son los criterios? Creo que la gente debería pensar en votar a los partidos sin representación, que miren sus programas, porque a mayor alternativa de partidos, si crecen los que no tienen representación parlamentaria, más se pondrán las pilas los grandes a la hora de trabajar para no perder votos.

-Mayor exigencia: Pedir que cumplan con el programa electoral. Si no cumplen con el programa, no se les vota en las siguientes elecciones, por mucho que digan “si no votas, vendrán los otros”.

La gente es dueña de su destino, porque tienen la capacidad de hacer los cambios necesarios. No necesita seguir ningún líder, ni cegarse con los encantadores de serpientes; ellos siempre han sido los timos de la estampita a lo largo de la historia política, como también en las relaciones personales (familiares, amigos, parejas, etc.)

La fuerza y la superación no reside en los demás, reside en ti ¡Ánimo!