El título de esta colaboración era más serio, tal que: “Gracias al caos, rebajan la crispación”, texto de una de la viñetas del magnífico dibujante de prensa, Caín, pero las amenazas de este tal Castell, a la sazón ministro de Universidades, me ha hecho considerar que este tipo debería quedar evidenciado con la mayor publicidad posible, aun sin salirse de la ley; más que nada, porque a poco que no se le ponga coto a este progre terminará llevándonos ante los tribunales a todos los considerados “fachas”, y ya sabemos lo que de tales situaciones dice la sabiduría popular… “Dios nos libre de caer en manos de la justicia”.

Volviendo al tema de fondo, es más que evidente que rebajan la crispación tras haber creado el caos. El caos al que han venido sometiendo la vida nacional hasta un extremo insospechado sin importarles las graves consecuencias que su comportamiento causará, el daño que infringiera y el futuro que diseñarán con ese comportamiento. Hoy, por el contrario, necesitados de todos los apoyos y de toda la comprensión posible, aflautan sus voces, y no sólo aluden, sino que nombrar conceptos y valores: patria, unidad nacional, etc., que siempre estuvieron desterrados de su léxico.

El caso más significativo es el del mequetrefe Pablo Iglesia, un ser humano repugnante desde cualquier punto de vista que se le analice. El mismo tipo que aprovechó la revuelta de la Puerta del Sol, en cuya plaza cagaba, para configurar su universo ideológico ajeno a toda ética que no fuera la implementada en Venezuela. La mosquita muerta de hoy (mosquita, porque tiene cara y tipo de mujer desaliñada y sucia; muerta, porque tiene sus días políticos contados), permanentemente abierto de patas, y mirando de soslayo y disimulo todo aquello que envidia tener. El sádico que quiso hacer sangrar las nalgas de la guapísima Mariló Montero, que es mucha mujer para tan pobre macho. Un resentido por lo que ni su familia ni la vida le ha dado, mala persona, servil, hábil, vengativo, siniestro y astuto. Un arribista que ha pasado de ser el hijo de dos miembros del grupo terrorista FRAP a ministro de Felipe VI, y puede que termine siendo su valido, como el válido de su padre lo fue el asesino de Paracuellos, la “rata de Pontejos”, Santiago Carrillo, al que hoy también se le imputa el asesinato de su primera esposa.

Con todo, el poder es el poder, y ante él se pliegan las voluntades, aparentemente más firmes. Que es por lo que ya he dicho, y repito, que la Patria es demasiado grande y hermosa para dejarla en manos de los militares, que no de los soldados, que soldados de España somos todos los patriotas. En este sentido creo acertado decir que estos cuarenta años de España muestran y demuestran lo que decimos.

Pero, ¿por qué el poder tiene esa capacidad de seducción, por qué ante él una inmensa mayoría termina arrastrándose, aunque una vez jubilados intenten maquillar sus conductas? Pues, porque el poder tiene la capacidad de hacer, influir en el comportamiento de las personas y determinar la vida de las naciones. Y el poder, estimados amigos, está en el origen de la Historia del hombre sobre la tierra…“No, no moriréis -dice la serpiente-, es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal” (Gn 3, 1-5). ¿Qué otra cosa ofrece la serpiente más que poder?

Ahora bien, quienes de esta forma actúan y se comportan, “formando equipo con el gobierno” Sánchez, entre cuyos socios no faltan los terroristas de ETA, supongo que sostienen las siguientes razones en su descargo: porque ya no se cuestiona a Felipe VI, porque se admite la bandera, porque ya no se quiere que se maten policías y porque se considera que las Fuerzas Armada sí son necesarias, aunque sea para montar hospitales de campaña, apagar fuegos, y actuar en el dividendo de paz internacional como parteras y ayas en aquellos lugares que decida la OTAN o la ONU enviar a la tropa española. Razones más que suficientes para que hoy “formen equipo con este gobierno”, gobierno de chusma, no alcanzando distinguir entre poder y autoridad. Siendo que no logran percibir que este gobierno no es legítimo. Y no lo es, porque no ha sido votado por la mayoría del pueblo español, se ha confeccionado en las cloacas donde las ratas viven en penumbras hasta que se decide abrirles la alcantarilla. Necesitaríamos un flautista que se las llevará a todas al precipicio del río o de vuelta a las cloacas.

Siendo esta la situación, convendrá advertir que es natural que se quiera censurar y hasta cerrar los medios no afines a las tesis de quienes “forman equipo con este gobierno”, gobierno de chusma, cuya propuesta comanda el atiborrado de panceta y donuts, Manuel Castells. Deberíamos tener presente lo que dice Antonio Garrigues Walker en Derechos evanescentes (ABC, 14 de marzo de 2019): “De una manera insensible, imperceptible, se empiezan a poner en cuestión derechos que afectan a la privacidad, a la verdad y a la libertad. Será bueno reaccionar con decisión y con inteligencia, y para ello la primera obligación es intentar conocer cuál es la magnitud del problema y valorar cuáles son los riesgos”. Nos enfrentamos a una situación parecida a lo que ocurrió durante el bienio republicano-socialista de la II República y de modo más expeditivo, sin descartar la acción criminal, tras la fraudulenta victoria electoral del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Y ojo, que este año tenemos el mismo calendario.

Pero hay más que advertir. Más, porque el lanzamiento oficial del programa socialista-comunista se viene realizando de forma progresiva desde hace años, y de hecho ya ha producido un cambio social en España a través de cuestiones tan fundamentales como considera que la diferencia entre lo masculino y lo femenino no depende de las características fisiológicas, sino de la influencia cultural y social del entorno. O la cuestión no menos importante de la condenación social por homófobo a quienes rechacen los postulados del movimiento LGBTI, que nos lleva al Derecho Penal de autor, el que persigue a la persona no por lo que dice o hace, sino por lo que presume que es y puede hacer. Siendo entonces que el pensamiento sí delinque. Aberración antijurídica propia de las leyes penales de la Unión Soviética y de la Alemania nazi.

Programa que se ha visto facilitado por un Partido Popular en deriva ideológica desde el minuto siguiente a su nacimiento, y en los últimos tiempos por la banda ancha de la comunicación controlada. Siendo que la deconstrucción del orden social español, que se ha sostenido sobre el antropocentrismo, es ya una espantosa realidad. El aborto es la expresión más palmario de lo que decimos, por cuanto el fruto de la concepción es considerado una mera parte del vientre de la madre y no una verdadera criatura humana, creatura de Dios, que merece todos los derechos que ya se otorgaban y concedían al nasciturus en el Derecho Romano. Y si es de hablar de la economía, lo que se está produciendo como consecuencia no tanto de la tecnología como de la mercantilización, es una bajada de los costes en la mayoría de los bienes y servicios a fin de implementar la renta básica desde la constancia de que las naciones carecerán de capacidad para producir en un orden globalizado, y por tanto para dar empleo.

¿Estamos viviendo el zénit de esta deconstrucción del orden social cristiano que advertimos? Deberíamos volver a leer, como ya se advierte por muchos, a Aldous Huxley (Un mundo feliz) y a George Orwell (Rebelión en la granja y 1984), escritores pensadores de una brillantez aterradora porque visionan el mundo infernal en el que podemos vernos inmersos.

De ahí la importancia de este diario, El Correo de España, que es por lo que viene al caso que se diga que el verdadero periodismo tiene hoy en España una importancia capital frente a un gobierno que cercena derechos y libertades, controlando gran parte de los medios de información, atiborrados de información falsa, tendenciosa y falaz. España necesita el periodismo de El Correo de España porque se tiene que hacer comprender a nuestros compatriotas que, como dijo José Antonio… “Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa”.