“Brindis”

«A mis amigos de Santander que festejaron
mi nombramiento profesional.

Debiera hora deciros: -«Amigos,
muchas gracias», y sentarme, pero sin ripios.
Permitidme que os lo diga en tono lírico,
en verso, sí, pero libre y de capricho.
Amigos:
dentro de unos días me veré rodeado de chicos,
de chicos torpes y listos,
y dóciles y ariscos,
a muchas leguas de este Santander mío,
en un pueblo antiguo,
tranquilo
y frío,
y les hablaré de versos y de hemistiquios,
y del Dante, y de Shakespeare, y de Moratín (hijo),
y de pluscuamperfectos y de participios,
y el uno bostezará y el otro me hará un guiño.
Y otro, seguramente el más listo,
me pondrá un alias definitivo.
Y así pasarán cursos monótonos y prolijos.
Pero un día tendré un discípulo,
un verdadero discípulo,
y moldearé su alma de niño
y le haré hacerse nuevo y distinto,
distinto de mí y de todos: él mismo.
Y me guardará respeto y cariño.
Y ahora os digo:
amigos,
brindemos por ese niño,
por ese predilecto discípulo,
por que mis dedos rígidos
acierten a moldear su espíritu,
y mi llama lírica prenda en su corazón virgíneo,
y por que siga su camino
intacto y limpio,
y porque este mi discípulo,
que inmortalice mi nombre y mi apellido,
… sea el hijo,
el hijo
de uno de vosotros, amigos».

 

De Gerardo Diego, con diferencia el más católico de entre todos los autores de la Generación del 27. Ojo, dilectos alumnos y alumnas: nuestro Pedro García Cabrera y más aún si cabe la también canaria Josefina de la Torre (hermana del muy laureado y reconocido Claudio de la Torre), aunque no aparecen en la nómina de los autores del 27 sí que estuvieron vinculados, por lazos de amistad y de ciertas sintonías estilísticas, a dicha generación literaria, que suele considerarse que conforma la llamada Edad de Plata de nuestras letras, luego del Renacimiento y Barroco literarios, que conformarían nuestro Siglo de Oro. Esto dicen, y así lo estudiamos nosotros, crítica u obsequiosamente. Por más que yo mismo les haya confesado, como simple aficionado a estos asuntos, que en lo tocante a adjudicar esa condición de Edad de Plata también me parecería apropiado y justo que le hubiese tocado en suerte a la generación literaria y cultural posterior a la Generación del 27, esto es, a la llamada Generación del 36, pues no en balde esta estuvo conformada por una nómina, más nutrida aun que la del 27 si cabe, de poetas, prosistas, ensayistas, dramaturgos, novelistas y hasta filósofos de primera categoría. De manera que por mi parte, salvando las distancias con el admirable Gerardo Diego (autor de uno de los sonetos más emotiva y enigmáticamente magistrales de todos los escritos hasta la fecha en la lengua de Cervantes), dedico este escrito a mis alumnos de ayer, de hoy y de mañana.

 

Con el debido respeto a los realizadores, conductores y protagononistas de Caso Cerrado, de la productora Telemundo -quienes, estos últimos, cuentan sus casos en este muy seguido y no poco controvertido programa de televisión latinoamericano-, me gustaría ir desgranando algunas consideraciones.

No obstante, España está que arde, sin duda. Verbigracia: toda la escoria política contra Isabel Díaz Ayuso, quien tampoco es que sea del todo santa de mi devoción (y menos su partido, el PP, pues yo desde siempre y hasta hace apenas unos pocos años votaba por izquierda y extrema izquierda). Esto es, la izquierda cainita, descerebrada, sectaria, globalista (totalmente al servicio del Nuevo Orden Mundial y de su Agenda 2030), desalmada y enemiga de España (desde la PSOE hasta Podemos, pasando por Nueva Canarias y todos los separatismos, hasta llegar a Ciudadanos, Coalición Canaria y Agrupación Socialista Gomera, todos al servicio del globalismo y de la consiguiente invasión migratoria), se prepara para intentar el asalto a los cielos y playas de Madrid, que no en balde pasa por ser uno de los últimos bastiones patrios de libertad y de prosperidad económico-empresarial. Pero bueno, vale, disculpas por este desvío del curso principal de este escrito: tal asunto al rojo vivo quedará para otras reflexiones. Ahora a lo prometido, así que veamos. 

Reconozcamos que es desgracia que nuestros adolescentes y jóvenes apenas que estudian Secundaria no escuchen a alguien como José María Rodríguez Olaizola, pongamos, y sí que casi todos ellos hayan visto y escuchado a menudo programas de Caso Cerrado, subidos a Youtube. Obviamente, de este joven jesuita español no tendrán ni idea. A ver: quiero indicar que no cabe exigirles que ya a su edad conozcan a alguien como este religioso español, no, ni modo; lo que pretendo es señalar que, por lo común, nuestros adolescentes y jóvenes que estudian la ESO, el Bachillerato, o los actuales ciclos de la Formación Profesional (ámbito en el que desarrollo mi actividad profesional), son especial y delicadamente adictos a los reclamos de la sociedad de consumo: sexo banalizado, superficialidad, egoísmo, hedonismo, individualismo, consumismo crónico, televisión basura, cine de muy baja calidad...Y a la vez están lejos, a menudo totalmente lejos, de la búsqueda de Dios, la espiritualidad, la práctica sacramental católica... 

No cabe, en efecto, exigirles que ya a su edad conozcan a alguien como José María Rodríguez Olaizola, quien es un jesuita progesista, valga la redundancia: hoy por hoy, en efecto y salvadas las honrosas excepciones de rigor, ser jesuita y ser progresista van de la mano, como en el mismo lote. (Excepciones, esto es, jesuitas en clave ignaciana, a la antigua usanza, serían los padres Alfonso Sáenz, argentino, el uruguayo Horacio Bojorge, ambos casi nonagenarios ya, algunas pocas promociones recientes repartidas por esos mundos de Dios, y pare usted de contar.)

De tal manera que, ciertamente, ni siquiera entre los pocos adolescentes y jóvenes estudiantes de Secundaria que aún hoy día pudieran confesarse católicos practicantes, salvo alguna rara avis que pudiera haber entre ellos, el nombre de este joven jesuita les sonará de algo. Normal. Porque además se me ha ocurrido referirme a él no para personalizar en su figura un aspecto que querría tratar en esta reflexión, sino más bien para poner el dedo en la llaga sobre la tendencia al pasotismo, a la irreligiosidad y la indiferencia religiosa, a la cultura hedonista, al individualismo y en general a la cultura basura, tan arraigada en la mentalidad imperante entre las filas de los adolescentes y jóvenes de nuestro tiempo.

Ergo: el problema no es tanto que no escuchen la palabra autorizada de Olaizola, SJ, y sí sobre todo que no se interesen por el testimonio de los santos, ni por la fe católica que aun han podido conocer en sus abuelas, más que en sus madres, muy probablemente, ni por ir dando respuestas a las grandes preguntas por el sentido de la vida... Porque, en definitiva, por lo que no se interesan, salvo honrosas excepciones, es por los modelos mejores de personas a imitar. 

De modo que el problema es que ven y sobre todo escuchan los casos morbosos que aparecen (marca de la casa), en Caso Cerrado. Entonces, ¿hace falta poner una vez más de manifiesto lo que ven y escuchan en Caso Cerrado? Pongamos que aquí y ahora, sí. Veamos: a través de este programa muy bien conducido por la cubano-norteamericana Dra. Ana María Polo (abogada, presentadora de televisión, cantante, mujer sin duda carismática y a lo que parece muy buena profesional), conocen los casos de grosero libertinaje y degradada inmoralidad sexual protagonizados por adictos a la pornografía; por practicantes de la zoofilia; por practicantes de orgías sexuales; por empresarios que montan prostíbulos para perros; por hombres que a mitad del coito con sus parejas recurren al coito interrupto y siempre se acaban limpiando la eyaculación con pañuelos y, encima, están convencidos de que así obran rectamente; por mujeres que dan de mamar la leche lactante de sus pechos a hombres que pagan por tal servicio; por miembros de clubes de solosexuales: estos son individuos e individuas que acuden a locales en que se masturban juntos, a menudo sin conocerse de nada, sin tocarse ni hablarse, concentrado en sí mismo cada participante congregado, afanado en su faena tan rica y solipsistamente; por usuarios y usuarias de juguetes eróticos que reemplazan a las personas en sus relaciones sexuales; por exmonjas y exsacerdotes que, luego de tener deslices sexuales, acaban convertidos en libertinos y así son presentados en el programa; por personas de tendencia sexual hermafrodita o intersexual, como se prefiere llamar hoy día, tan contentos y felices con su tendencia desviada; por mujeres que abandonan a sus hombres porque estos contraen deudas monetarias o dejan de eyacular en el acto sexual por causa de alguna disfunción; por estafadores y mentirosos compulsivos y sin escrúpulos; por padres que violan a sus hijas; por abuelos que, tras violar a hijas, se convierten automáticamente en padres y abuelos a la vez; por homosexuales (gais) que sienten que el mundo se les viene encima y que han protagonizado lo peor de lo peor, el peor de los pecados posibles, tras haber experimentado que una mujer enamorada los engañó y los acabó violando; por tías que mantienen relaciones sexuales con sus sobrinos; por jóvenes pornógrafas que usan la voz de menores en páginas de sexo virtual por teléfono tras fotos de ellas mismas como mayores de edad; por parejas en que uno de los miembros se dedica a la pornografía, es contagiado del SIDA por su hembra despechada, quien no le perdona que le haya sido infiel con mujeres del mundo del porno (casi simulando que valoran en algo la castidad y todo), al tiempo que mantienen relaciones sexuales con otros hombres, ultrapromiscuos y contagiados a su vez de SIDA; por libertinos y desalmados que, a sabiendas de que están contagiados de SIDA, mantienen durante años múltiples relaciones sexuales a través de las cuales contagian la enfermedad indiscriminadamente; por parejas que, prácticamente en el cien por cien de los casos, viven su noviazgo no desde la castidad sino desde la lujuria, el libertinaje, la promiscuidad incluso, el uso generalizado de anticonceptivos; por hermanos de padre y madre o medio hermanos que, aun conociendo su parentesco, mantienen relaciones incestuosas que a veces acaban en embarazos; por mujeres obsesionadas con ser biológicamente madres hasta tal extremo que llegan a quedarse embarazadas tras mantener relaciones sexuales con hombres recién fallecidos que aún mantienen su erección.

Casi como una casa de los horrores lo que se exhibe en Caso Cerrado: morbo, lujuria, degeneración moral máxima, pornografía, bajezas de todo tipo que no tienen ni nombre... Uno se pregunta cuánto hay de realidad y cuánto de simulación, mera búsqueda del morbo y recreación más o menos dramatizada en estas historias para no dormir. Comoquiera que sea, según se advierte al final de estos casos en un apunte escrito que sale en pantalla, "los casos contados en Caso Cerrado no expresan la opinión de la productora, del programa en sí, sino la de los participantes, que pueden contar casos reales". De manera que, tomando esta advertencia al pie de la letra, en efecto los juzguemos como casos verídicos. Casos que ciertamente ocurren o que comoquiera que sea en todo caso pudieran ocurrir y que, a decir verdad, ponen de manifiesto la radical podredumbre moral de este mundo que, habiendo dado la espalda a Dios, chapotea en el pecado, en las mayores bajezas morales que quepa imaginar. Y todo ello sin sentir en lo más mínimo conciencia de pecado, temor de Dios, nostalgia de Dios...

La enfermedad de un mundo que agoniza muy bien diagnosticada por estupendos obispos como D. Juan Antonio Reig Pla, guiados por un intenso celo pastoral, por solo citar un nombre, de entre otros varios que cabría nombrar entre el episcopado de una Iglesia universal que también, ciertamente, presenta un rostro muy afeado, muy desfigurado por los estragos que viene causándole la apostasía. Un mundo, en definitiva, en el que las masas ya no manifiestan sentir sed del agua buena, sed del agua de la vida, sed de eternidad y de infinito que dijera nuestro Miguel de Unamuno, sed de Dios, y sí más bien sed de Cocacola, por seguir con la analogía. 

Sí: todo un subproducto nacido de una inmoralidad sexual y de una bajeza espeluznantes, propias de estos tiempos de radical apostasía que vivimos y que harían palidecer a los de Sodoma y Gomorra. De manera que no pocos de nuestros estimados adolescentes y jóvenes ven y escuchan estos contenidos. ¿Los sabrán discernir? ¿Sabrán separar la paja del trigo? ¿Verdaderamente conocen que la pornografía y el libertinaje sexual son la tumba del verdadero amor entendido como donación incondicional y para siempre, abierta a la vida, a la ternura, a la delicadeza por el otro, al don de los hijos desde la confianza depositada en la providencia de Dios?

Desde luego, dudo muy mucho que sepan que esas historias por lo general son basura degradante que en verdad no los forma como chicos y chicas en proyecto de ser hombres y mujeres honestos, serviciales, generosos, idealistas... De modo que sí que tragan y tragan y, de tanto tragar y tragar, algunos acabarán inevitablemente asumiendo que es normal lo que se trata en tales programas. Porque como además nunca escuchan a José María Rodríguez Olaizola, SJ. Esto es, como nunca van a misa; como nunca escuchan a buenos testigos de Cristo y de su Iglesia; como nunca o casi nunca se encuentran con buenos sacerdotes que predican a Cristo, nuestro Señor, el Salvador de la humanidad, el único camino para llegar al Padre; como nunca o casi nunca se sientan a escuchar a los mayores de su familia o ámbito vecinal; como por lo común no tienen por costumbre interesarse por las vidas de hombres y mujeres ilustres (ilustremente buenos, sabios, nobles, justos, santos) que en la historia han sido; como nunca o casi nunca visionan buen cine (cine con valores, que se decía hasta no hace mucho, cine para propiciar un posterior palique o cinefórum...); como no es normal que cultiven la cultura de la reflexión personal y la introspección; como muy a menudo escuchan casi exclusivamente estilos musicales degradantes como el reguetón y jamás de los jamases a nuestros clásicos Tomás Luis de Victoria, Beethoven, Brahms, Chopin, Falla, Mozart (Mozart solía decir que todo en esta vida es una preparación para el saber morir), Johan Sebastian Bach (nada en el arte musical hay más sublime que lo más sublime de J.S. Bach)...

No obstante, a decir verdad, gracias a Dios en Caso Cerrado no todo es morboso, moralmente degradado y asqueroso sino que también aparecen testimonios de personas que juzgaríamos como edificantes, y desde luego dramáticos. Considero en estos momentos el de una joven mexicana que a los siete años de edad pierde a su madre, luego a los trece a su padre, quedando sola con su hermano, dos años mayor que ella. Son acogidos como huérfanos por sendas familias. Cumplida la mayoría de edad se reencuentran, separados durante años desde el momento de la acogida cada uno por su respectiva familia, y restablecen el fraterno contacto, según se habían prometido. Restablecido el contacto, al poco su hermano muere en accidente automovilístico. Ella queda sola y desfondada, totalmente acongojada y perdida en este mundo, sin asideros. Decide entonces rebelarse contra Dios, al que juzga culpable de sus desgarradoras desgracias. Y la forma como concibe esa rebelión contra Dios es bajo la especie de un compulsivo deseo de seducir sexualmente a sus ministros ordenados. Confiesa haber consentido relaciones sexuales con al menos tres o cuatro sacerdotes, uno de los cuales -con quien llega a participar en un trío en el que uno de los integrantes es una religiosa católica- la deja embarazada. Se trata de un sacerdote joven con una increíble pinta de pardillo y que está dispuesto a colgar los hábitos para casarse con su amante. Pero ella no tiene tal intención, porque para colmo de males o por si hubiesen sido pocas sus desgracias, le han comunicado que padece un tumor cerebral incurable.  

Del caso anterior me he ocupado en mi artículo "Como si fueran heraldos del Pathos", publicado en algunas bitácoras. Con todo, entre Caso Cerrado y Olaizola, SJ, no hay color. El religioso español es también sociólogo y escritor de notable éxito o eco; yo, que me atrevo a confesar verdades y contenidos más católicos a menudo que los confesados por este Olaizola y en general por los eclesiásticos de su cuerda progresista [i], soy solo conocido en mi casa a la hora del almuerzo, y entre algunos amigos a la hora de la merienda. 

De manera que no estando de acuerdo con su aperturismo en cuestiones de moral sexual, ideología de género, feminismo supremacista, inmigración, laicismo, etcétera, de la autenticidad de su vocación religiosa ni quiero ni debo dudar (es más, considero que claro que sí debe tener vocación religiosa, ¡faltaría más!). Pero con su estilo de ser cura, cercano y cordial hasta el tuteo, con su aparente sencillez (ojo que desconozco todo de su vida), con su acento en presentar a un Jesús identificado especialmente con los pobres, los marginados y las víctimas todas de la historia, sí estoy de acuerdo. Estoy de acuerdo en bastante con su forma de ejercer el ministerio, que es claramente hija del Vaticano II, tan puesto en solfa por tantos en la crisis actual de la Iglesia, en esta hora aciaga en que Dios mismo permite que pase todo lo que está pasando, creemos que para acrisolar la fe de muchos, y porque profetizado está que los tiempos últimos se habrían de caracterizar por una apostasía generalizada, especialmente dramática en la cúpula de la Iglesia. Entre el Pueblo de Dios conformado por los seglares no digamos (comenzando por mi mal ejemplo como discípulo de Cristo y de su Iglesia); y entre los ministros ordenados y los religiosos consagrados, ¡uf, entre ellos y ellas, qué dramática la pérdida del oremus, del celo apostólico por la salvación de las almas, hasta haber acabado convirtiéndose en meros burócratas del culto, o en una suerte de funcionarios buenistas del tipo común en las oenegés!

De manera que en sintonía, sí, de siempre, con esta forma para algunos aseglarada de ejercer el ministerio ordenado que personifican sacerdotes como este bueno de Olaizola. Me gusta, he crecido con tal sensibilidad desde adolescente (desde adolescente en grupos católicos, desde niño en verdad), es de mi estilo de conducirme así por la vida: mis alumnos me tutean prácticamente todos, como por lo demás es común en nuestros días. Hasta el extremo de que a menudo he considerado que, de ser yo cura o de haberlo sido, me gustaría o habría gustado que me tuteasen o hubiesen tuteado, aun llevando traje talar o clériman, sin relajos ni indebidas confianzas, pero sí que tuteado; o aunque me hubiesen llamado también padre o don; si bien, ojo, también me parece digna y buena la actitud de los que prefieren marcar las distancias, tratar de usted a los eclesiásticos, que es además forma más en consonancia con lo tradicional, solo que esto de marcar las distancias no va tanto con mi modus vivendicredendi y operandi como sí ese tuteo del que hablo, que por lo demás usan para conmigo el 99 por ciento de los alumnos, como acabo de reconocer líneas más arriba.

Un tuteo desde el que hubiera ido conformando en mí un corazón de circo bullanguero (tal debe ser el corazón del célibe por el Reino de Dios y su justicia), parafraseando un verso del misionero claretiano, obispo y poeta Pedro Casaldàliga, recientemente fallecido. Pero en fin, bueno: el caso es que demasiados de nuestros adolescentes y jóvenes ven y escuchan los casos nada edificantes de Caso Cerrado. Hasta tal extremo que, siendo así las cosas ¿cómo extrañarse de que esta cultura nuestra hedonista e individualista a tope produzca a mansalva personas narcisistas y psicópatas de los llamados integrados o subclínicos? Estando como están huérfanos de verdaderos modelos de humanidad y de conducta, ¿cómo vamos a exigirles encima que prefieran seguir el modelo de santa Teresa de Calcuta, por ejemplo, o el de la italiana santa Gianna Beretta Molla [ii], y no el del último joven que han visto en Caso Cerrado y que se conduce por la vida, tan pasota, narcisista y egoístamente él, cambiando de pareja y de auto como quien cambia las sábanas de su cama? ¿Cómo vamos a exigirles que, pasando tantas horas delante de la caja tonta, o navegando a veces por Internet en páginas pornográficas[iii], viendo cine casi todo en Neflix o en la hipersectaria televisión española, prefieran los modelos de vida de los santos, los héroes, los prohombres y promujeres de la humanidad, las vidas de los grandes escritores, a las vidas de esos auténticos antihéroes que ven en Caso Cerrado?

Es de elemental Perugrullo que con los referentes culturales imperantes en la decadente cultura actual, radicalmente secularizada, descristianizada, nuestros chicos y chicas apenas jóvenes y adolescentes muy difícilmente van a encontrarse con Cristo y con su Iglesia. Muy difícilmente van a descubrir algún día que el matrimonio entre hombre y mujer es Iglesia doméstica, espacio privilegiado para la donación, la gracia, la lucha por el Reino de Dios y su justicia[iv]. Como igualmente será casi imposible que entre ellos surjan vocaciones a la vida consagrada, al ministerio ordenado (ojo, que digo casi, no afirmo que imposible, pues Dios sigue llamando, siempre llama obreros para trabajar su mies: cfr. Mateo 9, 35-38). 

Dios siempre llama, sí, a pesar de la pavorosa apostasía que despelleja viva a la Iglesia, esposa amada del Esposo, en estos tiempos nuestros que a todas luces parecen los tiempos apocalípticos profetizados. Y en todo caso, los del Gran Reseteo que ya tiene preparado el Nuevo Orden Mundial, para un nuevo diseño global de la familia humana, con su Foro de Davos incluido, con su pandemia del Covid-19 asumida y estratégicamente manipulada, con su invasión migratoria, con su ataque sistemático al cristianismo, con su marxismo cultural o perroflático: sectaria Ley de Memoria Histórica, aborto generalizado, etcétera.

Como que en uno de mis cursos en Lanzarote solía coincidir en misa con una alumna de Bachillerato II que, amén de muy guapa ya, era estudiante ejemplar, me decían, muy madura (con todo, yo no le daba clases, no era alumna mía), y que parecía madura hasta como joven católica. Siempre atenta, cariñosa y delicada conmigo cuando alguna vez me veía fuera del instituto, hasta me hizo fantasear alguna vez que otra: “Qué muchacha más prometedoramente interesante; desde luego, tiene madera de futura gran mujer… No me importaría esperar a que tuviera bien encarrilada su carrera y, mientras, pasarla cultivando la amistad con ella, en tanto iría cumpliendo años y ya tal vez con veinte y algunos cumplidos y... Y calla o basta, insensato, ¿o es que tú no ibas a ir cumpliendo años también, o es que no ves que tienes edad para ser perfectamente su padre, y aun, biológicamente hablando al menos, hasta su abuelo? Estos amores solo se dan en el cine, entre viejos ultramillonarios de los que se enamoran jovencitas treintañeras, o a condición de que te llames Pablo Casal, José Millán-Astray, Antonio Machado, Michelangelo Antonioni, Clint Eastwood, Woody Allen, Fernando Sánchez Dragó, Charles Spencer Chaplin...[v].” 

Mas sobre todo al cabo de unos pocos años me vine a enterar de que del IES en que di clases había salido para el Seminario Diocesano un chico de la tierra. Uno de esos cinco héroes que decía monseñor Cases, entonces titular de la diócesis, cuando se refería a los solo cinco seminaristas que había hasta el curso pasado en que él llevó las riendas de nuestra diócesis de Canarias. Sin duda, sí, un mirlo blanco, desde luego, un héroe en los tiempos de increencia que corren, frente a tanto caso cerrado al soplo de la gracia, a la virtud de la castidad en medio de este mundo ultraerotizado.

Porque ciertamente nuestros chicos y chicas, apenas jóvenes y adolescentes, casi que son lo mejor en el ámbito de la enseñanza, ahora con el respeto debido a tanto buen profesional docente como sigue habiendo. Lo mejor porque entre ellos y ellas van descubriendo la vida y a veces te hacen partícipe de tales descubrimientos, y porque a veces surgen entre ellos y ellas testimonios muy generosos, sorprendentemente loables, beneméritos, incluso vocaciones. Parece ser que a condición de que les presentemos las cosas como son, sin descafeinarlas o aguarlas, la fe como es, la radicalidad como es, la entrega a Cristo el Señor, el Hijo del Dios Uno y Trino, justamente como es.

Coda o guinda. Me nace acabar esta reflexión como hace con no pocas de las suyas el admirable Dr. Antonio Caponnetto: argentino, historiador, pensador católico, apologeta de nuestra fe, hijo fiel de la Iglesia, poeta. Salvando las distancias él y yo (también las geográficas en este caso), pondré la guinda a esta reflexión mía con los versos que siguen, incluidos en mi inédito Como lirio entre los cardos (escritos entre los años 1994 y 1996, ahí siguen durmiendo el sueño de los justos). Tanto el Dr. Caponnetto como yo reconociéndonos, seglares que somos, apóstoles de Aquel que nos amó primero, desde esta convicción impresa en el seguimiento o discipulado del Divino Maestro :"Ay de mí si no evangelizara" (cfr. 1Corintios 9, 16b) porque "quien dé testimonio de mí ante los hombres, será testimoniado por mí delante del Padre" (cfr. Mateo 10, 32-33).

Y que valgan también estos versos como argumento literario, el cual viene a ser un aspecto del comentario de textos que se exige hoy en día a los chicos y chicas de Bachillerato II en su examen de Lengua Castellana y Literatura para la EBAU. Asimismo, me parece que, habiendo algún que otro adjetivo valorativo en estos versos míos, ellos y ellas, curiosos alumnos, sabrán localizarlo. Veamos:

Renuncia

VAS entrando, Señor, Tú vas entrando,

como un acero dulce y qué exigente.

Vas manando, Señor: eres la fuente.

Bebiéndome la vida vasme amando.

Confundes mis pronósticos, sonríes.

Jugando con mis días vas ganando

Tú siempre la partida. Vasme amando.

Y al cabo todo pides: Dame síes,

Tú nos pides. Lo pides siempre todo.

Vas entrando, Señor, como una aurora

maravillosa y pura y redentora

sobre mi faz de hombre hecho de lodo.

Y me quemas por dentro, enamorado

Tú del hombre, del hombre y su destino.

Todas mis naves quemas y mi tino.

Me has quemado hasta el ser, desarbolado.

Menesteroso y frágil, desfondado

me has: vas timbrando acentos en mi risa.

Y no te importan noes, ni la prisa,

ni mi carne furiosa o lo pasado.

Amándonos primero por ser tuyos

nos sembraste en lo hondo tres palomas:

la Caridad, la Fe y la Esperanza. Que Tú tomas

como dones que son, como capullos

de eterna primavera. Somos tuyos,

Señor, pródigamente somos los hijos tuyos.

Y ningún hombre fuera si Tú no asomas

tu rostro que no vemos. Tú desplomas

las piedras y las faltas.

Todos los muros de todas las lamentaciones.

Tú tomas y retomas,

más que siete por siete y setenta veces siete,

el perdón que nos das y todas nuestras traiciones.

Y las tres palomas

bajadas a la vida

Tú las tomas, Señor, las tomas y las retomas

como fuentes que son de tu agua viva. 

Las palomas que Tú eres, Señor nuestro,

eternizándonos que te estás

eternizándonos y esperándonos,

para cuando nos llegue el final de esta partida.

 

 

I Así, frente a falsos ecumenismos, la centralidad de la Iglesia católica como la única fundada por Cristo sobre la roca de Pedro; y frente a desatinados diálogos interreligiosos, la afirmación de que solo Cristo salva, solo Cristo es el camino, la verdad y la vida, el Hijo del Dios trinitario. Afirmaciones confesionales e interreligiosas que, desde luego, cabe sostener con los documentos del Concilio Vaticano II en la mano, a condición de que se eviten las lecturas tendenciosas del mismo que la progresía dizque católica viene realizando, desde hace ya medio siglo. Y a condición de no rasgarse las vestiduras por tomar conciencia, en efecto, de que entre los documentos del Vaticano II hay lugares ambiguos, oscuros, confusos, los cuales precisarían, como mínimo, una suerte de syllabus interpretativo y aclarativo, según deseo expreso de monseñor Atanasio Schneider.

 

II Canonizada por el santo papa Juan Pablo II, patrona de las mujeres embarazadas, murió por complicaciones en el cuarto de sus partos, al negarse a que la trataran de un tumor que padecía y que hubiera podido poner en peligro la vida de su bebé, que finalmente acabó naciendo con vida.

 

III Las páginas pornográficas siguen siendo las más visitadas, con diferencia, de Internet, como ha señalado incluso la fundadora y actual superiora de Iesu Communio, la estupenda y muy carismática sor Verónica Berzosa, en una deliciosa charla suya subida a Youtube (hermana, sí, claro, del obispo y celebrado teólogo Raúl Berzosa).

 

IV Una pareja de personas homosexuales no es nunca un matrimonio, y además su unión es gravemente ilegítima, inmoral, en sí misma pecado. Reconocido esto con todo el respeto debido a las personas de tendencia homosexual, a menudo discriminadas en la sociedad y en la propia Iglesia, con la delicadeza máxima que se exige en estos casos, pero también con toda la lealtad exigida para con la verdad. Por mucho que digan personalidades eclesiásticas tan publicitadas como el jesuita norteamericano James Martin, quien no en balde es uno de los principales valedores de la causa LGTBIQ en la Iglesia, esta siempre ha condenado la práctica de la homosexualidad, basándose precisamente en la Revelación, la Tradición y el Magisterio, instancias teológicas (lugares teológicos) que conforman todo el edificio de nuestra doctrina de la fe, como perfectamente conoce el propio padre Martin, SJ. Revelación, Tradición y Magisterio siempre han considerado que los actos sexuales son gravemente inmorales, intrínsecamente desordenados, y que, no pudiendo en ningún caso recibir aprobación alguna, en verdad no se corresponden con una verdadera reciprocidad afectiva ni con el don de la vida naturalmente inscrito en la naturaleza sexuada del hombre creado varón y hembra, a imagen de Dios (obviamente, véanse al respecto los consabidos versículos bíblicos y los correspondientes números del Catecismo de la Iglesia Católica, entre otros documentos diversos). Esta enseñanza tradicional de la Iglesia hoy por hoy es sistemáticamente atacada, puesta en solfa, e incluso rechazada y conculcada por dignidades eclesiásticas: por prestigiosos doctores, sacerdotes, obispos incluso… Hasta tal punto la cosa que es un secreto a voces que tales personalidades, que llegan a conformar nutridos sectores de conferencias episcopales, han llegado a tentar al actual pontífice, aprovechando que este de alguna manera se presta a ello, al confesarse desde luego “más que tradicionalista, progresista, de izquierdas, simpatizante de la llamada teología del pueblo, entusiasta del ecumenismo, atento a no pocos reclamos y exigencias del mundo...” Aprovechando asimismo que se ha fotografiado (retratado, como decían nuestras abuelas) con no pocas personas homosexuales, y que incluso los ha recibido en el Vaticano o con ocasión de sus viajes apostólicos por el mundo. Sin que de tales visitas haya trascendido que Francisco manifestara que condena la práctica homosexual de esas personas, en fidelidad al bimilenario Magisterio eclesiástico. Está a este respecto su famoso “¿Quién soy yo para condenar?”, en referencia directa, me parece recordar, al espinoso asunto de la relación homosexual que había mantenido nada menos que monseñor Battista Ricca con un guardia suizo. Postura de Bergoglio que es la continuación lógica de esta opinión previa del, casi nada al aparato, ilustre Carlo María Martini, también jesuita, imponente e importante biblista, príncipe de la Iglesia (y principesco, digo de porte), Premio Príncipe de Asturias de Humanidades, referencia mundial de la progresía católica y eterno papable, cuando en alguno de sus últimos libros-entrevista (Coloquios nocturnos en JerusalénEstamos todos en la misma barca...) le confiesa a quien lo entrevista: “Conozco a personas homosexuales a las que juzgo de excelentes; no me considero digno de juzgarlas, y mucho menos de condenarlas”. Estas declaraciones chocan con la enseñanza tradicional católica, salta a la vista este dato, y son en efecto fruto del aggiornamento hijo del Vaticano II, del cual tanto hablaron maravillas los canonizados Juan XXIII y Pablo VI, quien sin embargo, ante la deriva secularizante-mundanizante que estaba acarreando a la Iglesia el famoso espíritu del Concilio, se vio obligado a lamentar, nada más iniciada la década de los setenta, que el humo de Satanás hubiera acabado penetrando por alguna rendija de la Iglesia. Hasta la cocina misma de la esposa del Señor, como yo mismo le escuché una vez lamentar al gran Marcelino Legido, probablemente uno de los más preclaros místicos modernos de la Iglesia que peregrina por España. Pero lo dejamos aquí, toda vez que contemplar el estado de penuria moral y espiritual en que se encuentra la Iglesia en la actualidad, a la vez que se toma conciencia de cuán perseguido está el cristianismo a escala global... En fin.

 

V En Primavera en otoño (realizado en 1973), título del magistral Clint Eastwood que sin duda no está entre sus mejores trabajos, sucede una historia de amor entre los personajes del maduro William Holden y la joven actriz revelación en esa cinta, la veinteañera Kay Lenz (20 años justos; por su parte mister Holden, 55 primaveras). Antonio Machado tenía 34 años cuando se casó con Leonor, de 15. Se habían conocido un par de años antes. El matrimonio solo duró 3 años: Leonor fallece, con solo 18, víctima de la tuberculosis. Significativa diferencia de edad, empero lo que siempre me ha llamado la atención, más incluso que esa diferencia de edad entre ambos, es el hecho de que Leonor tuviera 15 años cuando contrajo matrimonio con Machado, en ceremonia religiosa católica, siendo Machado bastante anticatólico por liberal, krausista, librepensador, humanista laicista, etcétera. Solo que a tenor de lo que de ella confiesa en los inmortales versos de Campos de Castilla en que rememora a su Leonor recientemente fallecida, nuestro poeta sevillano sí que debió estar profundamente enamorado de su jovencísima esposa. Por su parte Charlot se casó cuatro veces. La última, con Oona O’Neil, hija de Eugenio O' Neil, uno de los maestros del teatro del absurdo: Chaplin, con 54 años; Oona, con 18. Vivieron un matrimonio de 34 años, y tuvieron 8 hijos, entre estos la famosa Geraldine Chaplin, la primogénita de la familia, laureada y muy internacional actriz tan vinculada a España (su español es óptimo), como que fue pareja y musa de nuestro Carlos Saura. Y si aún no nos lo creemos, que se lo pregunten también a los cineastas Anthony Quinn, o a Clint Eastwood. Particular que también podríamos preguntar a los músicos del rock and roll Mick Jagger, Phil Collins, Ritchie Blackmore (este legendario guitarrista de Deep Purple y de Rainbow, ahora en su cuarto matrimonio con la también músico Candice Night, 26 años más joven que él, a la que conoció con 18 años, él con 44, y con la que ha sido padre a los 65 y a los 67 años), David Gilmour, Rod Stewart...