Hoy, la inmigración islámica masivamente atraída a Cataluña durante décadas por el separatismo gobernante con la permisividad de los gobiernos centrales del PP y del PSOE, se basa en miles de familias musulmanas cuyos emolumentos mensuales en forma de “rentas de inserción” pueden superar los 1200 euros, además de las “pagas” de 600 euros para “menas” entre 18 y 23 años.

El vivero de terroristas radicales, okupas y subsidiados que el separatismo ha creado en Cataluña es una auténtica bomba de relojería que tiñó de sangre las calles de Barcelona en 2017 y que genera conflictos diarios en la Cataluña de los narco-pisos, los usurpadores de viviendas y los “menas”.

La elevada presión islámica sobre Cataluña –más de 500.000 musulmanes- pone a esta comunidad como una de las regiones europeas de mayor concentración islámica respecto a la población autóctona.

La Consejería de Educación catalana, en manos de Esquerra Republicana de Cataluña, instauró recientemente un plan de islamización en las escuelas públicas de Barcelona, el bajo Llobregat, Gerona y Tarragona para impartir “religión islámica” durante el curso 2020-2021.

Según el censo realizado por la Unión de Comunidades Islámicas de España, en Cataluña, en 2017, había más de 515.000 musulmanes. El porcentaje de población musulmana en Cataluña alcanza el 7 por cien, casi el doble que en el resto de España. En Gerona, los musulmanes son más de un 11 por cien de la población.

La evolución de estas cifras es sorprendente y horrorosa: hace poco más de quince años había unos 30.000 musulmanes en Cataluña; ahora superan el medio millón. Y el número de nacimientos de hijos de padres musulmanes representa ya más del 10 por cien del total en Cataluña.

La radicalidad islamista más agresiva de España se concentra, además, en Cataluña. 79 de las 109 mezquitas salafistas radicadas en España y así calificadas por el Ministerio de Interior, están en Cataluña. Ni se desmantelan, ni se deporta a sus miembros.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

El gobierno de CiU y Pujol y después de él, los sucesivos hasta hoy, ejecutaron un proyecto basado en la progresiva expulsión de la lengua española y en la imposición férrea del catalán. Esta política, de genocidio cultural antiespañol,  actuó como freno para la inmigración hispanoamericana, con lo cual la inmigración africana y musulmana se hizo con la hegemonía en Cataluña; magrebíes y paquistaníes fundamentalmente.

El gobierno catalán de Pujol abrió “fundaciones” y “embajadas” variopintas para la promoción, contratación e impulso de la inmigración marroquí orientada a Cataluña, haciéndola primar en ayudas sociales y subsidios.

De hecho, tal fue la relación de Pujol con la inmigración marroquí, que Ángel Colom – secretario general de ERC hasta 1996, fecha en que abandonó el partido- fue enchufado en el partido de Pujol y nombrado “embajador de la generalidad catalana en Marruecos”, además de “secretario de inmigración en CDC” y director de un chiringuito llamado “Fundación Nous catalans” (su finalidad era “atraer e integrar” a la población inmigrante).

Pujol y Ángel Colom se dedicaron a ofrecer a los jóvenes marroquíes el “oasis catalán”: vincularon a la población islámica con la causa del independentismo y el tal Colom se dedicó a recorrer las mezquitas catalanas para prometer a los musulmanes la “nacionalidad catalana” de pleno derecho en una futura Republica catalana independiente que les daría todos los derechos que les niega España.

Un marroquí llamado Noureddin Ziani –colaborador de Colom y de Pujol en la Fundación “Nous Catalans”- fue deportado a solicitud del CNI en 2013 por promover el salafismo, la violencia y la agresión.

Arenys de Mar, Ripoll, Manresa o El Raval, plagados de asociaciones islámicas, fueron recorridos por los pujolistas de CiU dirigidos por Colom para –según sus propias palabras- infundirles que: “No se puede construir un Estado catalán sin la participación de los catalanomarroquíes”.

El odio a España sufragado por Pujol era tan claro como su proyecto de sustitución étnica, cultural y religiosa.

Algunos de los queridos “catalanomarroquíes” a los que hacía referencia Colom, el ex dirigente de ERC convertido en pujolista entusiasta, acabarían atentando en las Ramblas en agosto de 2017.

El yihadismo terrorista está en Cataluña porque clava sus garras donde el adoctrinamiento religioso y anticristiano es posible y realizable. En Cataluña lo es desde hace varias décadas.

A mayor porcentaje de población musulmana dentro de una región o país de Europa, más posibilidades de sufrir un atentado terrorista. Blanco y en botella. 3 de cada 4 mezquitas radicales de España están en Cataluña –lo han declarado los propios Mozos de Escuadra-. Es evidente que los terroristas y los radicales asentarán sus esfuerzos donde mayores posibilidades de captación tengan, y Cataluña se las ofrece.

El separatismo catalán de la CiU de Pujol labró un camino de supremacismo racista indisimulado respecto al resto de España.  El ex presidente de la generalidad Jordi Pujol, tildó a los españoles de vagos y deslucidos en obras como: “La inmigración, problema y esperanza de Cataluña” de 1976, donde se dice, sobre el andaluz que: “…no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (..) es, generalmente, un hombre poco hecho (…) que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual(…) Si por la fuerza del número llegase a dominar, destruiría Cataluña…” .

La Cataluña del racista antiespañol Pujol y la de sus sucesores, desde el borracho Maragall hasta el cordobés Montilla, pasando por el bufón Artur Mas y el prófugo Puigdemont, ha dado como resultado el convertir una adorable región de España en un laboratorio de sectarismos independentistas donde la cochinota Ada Colau y sus okupas y “menas” marcan el rumbo de la decrepitud social.

España se rompe con rapidez por el Este, y Cataluña tiene serias posibilidades de independizarse política y culturalmente de la mano del islamismo y sus promotores, los separatistas de todo pelaje a los que PP y PSOE les dieron el dinero, las competencias y los privilegios.

Evitemos que el actual proceso para una futura República catalana islámica reviente la unidad histórica de España.