Dimite Pablo Iglesias. Por José R. Barrios

No han sido sus devaneos con Dinas, Tanias, Lilis e Irenes, todas ellas calladitas y sumisas, cada una en su día potencial menestra (ministra) de Igual Da, aunque sólo una consiguió ese preciado regalo del gran macho protector.

No ha sido la Caja B de Podemos, dinero oculto al fisco, sobres de dinero fresco de aquí para allá.

No ha sido la compra de un chalet de lujo cuyo precio de adquisición está muy por debajo de su valor de mercado. 

No ha sido esa machacona canción a toda pastilla, el “Que viva España” de Manolo Escobar, regalo de sus vecinos. Melodía que despierta el plácido descanso con sueños de petrodólares venezolanos que inunda la mente del líder engañabobos. 

No han sido sus recurrentes críticas  a las cloacas del Estado, cuando la cloaca máxima es él.

No ha sido la pasta gansa fundacional de Podemos que llegó de la mano de Hugo Chávez, ese dinero recogido en una factura que circula en las redes y que permitió poner en marcha Podemos-España al objeto de romper el bipartidismo en España y establecer una cabeza de puente del populismo en Europa.

No ha sido que Podemos vaya a la deriva: Cero patatero en las elecciones gallegas, guerra civil en Andalucía que enfrenta a la gitanica Teresa con el líder de Izquierda Hundida…

Ha sido una butacona de enea junto al piscinón de su casoplón en la que estaba tumbado el tal Pablo. Al parecer se soltó un junco y éste erosionó la espalda sebosa del líder populista. La reacción del jefe supremo de las hordas okupas no se hizo esperar. Arremetió a patadas contra la indefensa butaca de piscina y ordenó a su criado de zonas ajardinadas, un tal Mustafá Ponme La Tostá: -Musta, tira esta puta butacona y me tres la nueva, la del Corte Inglés. Se trata de una butaca de aluminio reforzado sobre el que se asienta un mullido esponjoso decorado con rosas color rosa.

“¡Dimito de esta puta butacona; joder, mi puta espalda!”, esas fueron las palabras textuales en un perfecto castellano barriobajero del que hasta ahora había sido simio jefe implacable de una organización bolivariana con su Caja B y todo, que al nuevo señorito no le falta un perejil.

Obsérvese qué elocuencia, qué forma de hilar el vocabulario, qué prodigio de sintaxis, qué originalidad en la fraseología (tan podemita ella), qué nuevos caminos en la narrativa española se inauguran con esta sorprendente aportación literaria: “¡Dimito de esta puta butacona; joder, mi puta espalda!  

Este engañabobos, este charlatán para incautos, humo, papel mojado, por mi madre que no dimite ni aunque le echen agua hirviendo en su sillón del Consejo de Ministros. Porque este listillo de tres al cuarto ha probado la mamela gorda, la gubernamental, y ya no le quita esa teta ni Dios, nuestro Dios, porque su dios no es sino el lujo a costa del pueblo.

Infinitivo: mamar, gerundio: mamando y participio: mamado.

¡Mamando ad infinitum, amigo “Chepa”, que lo demás son tonterías!