Octavio Cortés Oliveras, nació en Palma en 1973, está casado y padre de seis hijos. Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Religión, ha publicado diferentes libros de teología y crítica cultural. En la actualidad es Secretario de la Junta Provincial de la Falange española y de las JONS y consejero de María Garau. Nuevo colaborador de El Correo de España está muy contento de poder formar parte de este medio.

¿Cómo fue conociendo la doctrina de José Antonio y el ideal falangista?

A través del pensamiento antiliberal, de autores como Evola, Guenon o Duguin. Estoy convencido de que la piedra angular del pensamiento de José Antonio es su rechazo del liberalismo a nivel antropológico. Citando a Duguin, “el ser humano es cualquier cosa menos un individuo”. Estamos constituidos por nuestro ser en comunidad, por nuestra pertenencia a una historia y una tierra, respecto de todo lo cual no podemos tener una actitud negligente. En José Antonio, el anticapitalismo nace de una profunda visión, que contempla el capitalismo como la expresión económica del liberalismo y su imaginario del “individuo racional”. No somos individuos, como recuerda la Doctrina Social de la Iglesia (San Pablo usa la expresión “miembros unos de otros”) ni somos solamente racionales, dado que el hombre actúa movido por mil otras causas aparte de la razón: el sentimiento, el honor, la obediencia, el amor, la inercia grupal, etc. Creo que en la base del pensamiento político de José Antonio hay un intento de restauración antropológica frente a los embates de la disolución moderna. Ser falangista no es seguir una doctrina, es una “forma de ser”, integral, que atiende primeramente a lo espiritual y su belleza. En el discurso fundacional, José Antonio habla de Falange como de un movimiento poético.

Usted cómo profesor y persona de estudio pudo profundizar a fondo y darse cuenta de qué era lo que le llenaba...

El pensamiento de José Antonio es una síntesis visionaria entre lo mejor de la izquierda (su ideal de justicia social) y de la derecha (la unidad nacional) dejando a un lado lo peor de la izquierda (su materialismo antropológico y su apuesta por la lucha de clases) y lo peor de la derecha (su conservadurismo reaccionario y su defensa de los privilegios de clase). Supera el capitalismo discutiendo sus bases filosóficas, que parten del individualismo liberal y la ruptura con la tradición, y sienta todo un nuevo paradigma social y económico, que creo que puede perfectamente aportar soluciones a la España de hoy.

Sin embargo militó en el PP, ¿Cuándo dio el pasó de dejar este partido y afiliarse en Falange?

Básicamente, el PP es un partido socialdemócrata infectado de liberalismo. Me cansé de luchar desde dentro hasta darme cuenta de que estaba en el lugar equivocado.

Un partido que de momento no tiene representación parlamentaria, pero que colma sus expectativas.

Bueno, tampoco en los años 30 Falange tuvo grandes éxitos electorales (el escaño por Cádiz de José Antonio llegó en otras listas). No hay problema en hacer política desde fuera del parlamento y la partitocracia imperante.

Además de la militancia y formación tienen obra social...

Hemos comenzado con el Auxilio Social, con recogidas de alimentos, y esperamos poder una estructura estable en pocas semanas.

¿Cuáles son los próximos proyectos y objetivos?

Conseguir más afiliación y visibilidad, y lograr una buena coordinación con los camaradas de Falange Española, con los que hemos mantenido ya algunas reuniones. Es evidente que, respetando las distintas organizaciones, hemos de trabajar en coordinación, como se ha demostrado recientemente en el acuerdo a nivel de la Comunidad de Madrid.

¿Que diría a la gente que tiene prejuicios contra las idea falangistas pero no las conoce?

Que distingan entre el pensamiento y acción joseantonianos y la apropiación (un tanto folclorizante) que el Régimen hizo de todo ello. El falangismo es cualquier cosa menos opresión y oscuridad, sino alegría y exaltación de la dignidad personal, honor y espíritu de servicio. Mucha gente se sorprende al saber que la expresión “España plural” estuvo en los discursos de José Antonio, o cuando se les explica que Falange aceptaba puntos del análisis marxista como la denuncia de la reversión de la plusvalía en capital o la idea del trabajo alienado en el que el trabajador no tiene acceso al fruto de su trabajo, devenido en mercancía. El lema “ni de izquierdas ni de derechas” puede sonar hueco a algunos, pero indica un tipo de síntesis política superior aún hoy inexplicado.