Guerras, sangre, miserias, pandemias, torturas, hambre, sufrimientos sin fin, egoísmos infinitos... esas son las noticias cotidianas, la historia, en definitiva, de la humanidad. ¿Qué hacer, sino cuestionar el engranaje de los poderosos, las argucias de los demagogos, desde nuestra humilde individualidad testimonial? ¿Qué hacer, sino sentirse asediado por la vileza, la iniquidad, la codicia...? ¿Qué hacer sino angustiarse sabiendo que uno de cada cien hombres soporta el peso de redimir con su bonhomía a los noventa y nueve restantes?

 

Viendo la foto de familia de la OTAN, con arquetipos de astrosa moralidad como Sánchez y Biden y demás caterva posando ufanos para la historia de la infamia, los espíritus libres no pueden sino sentir infinita repugnancia. Estos mandarines y traineles del Sistema y sus señores a la sombra, bien pueden manejar nuestra vida e incluso infectar nuestro cuerpo, pero no las almas que son libres, y nacieron libres, y han de ser libres en tanto que sus dueños quieran. Ahora bien, ¿a cuántos ciudadanos les importan hoy sus almas? Ese es hoy el problema; incluso tal vez ese haya sido siempre el problema de la humanidad, que ha vendido siempre su alma al poderoso por un miserable plato de lentejas, sin meditar en las posteriores y terribles consecuencias de sus actos.

 

Ante dicha foto de familia, como digo, vemos, con la intensidad fatal de una caricatura, el contraste de la historia y de la vida; el embrutecimiento y el deslumbramiento de la multitud ante los groseros ritos de la farsa oficial. Y así, entre bobos listos anda el juego, en tanto que los okupas del poder continúan impune e increíblemente en él, persistiendo en aprobar las peores decisiones y las medidas más execrables, sin que sea posible llevar a cabo ninguna acción beneficiosa a través de una corriente de opinión popular y preeminente, ya que es más probable que el mejor de los hombres se corrompa en semejantes circunstancias que no que corrija a sus compatriotas.

 

Porque si esta inerte y adoctrinada sociedad no despierta, tampoco los sabios serán útiles, pues ni pueden estar junto a sus conciudadanos, ni tampoco en los consejos de los príncipes, ya que si opinasen de distinta forma que la mayoría sería como si no opinasen, y si coincidiesen, serían favorecedores de su perversa y amenazante doctrina.

 

La realidad es que, en estos tiempos nuestros, las rapaces Escilas y Celenos, los lestrigones antropófagos y los demás portentos de similar especie nos parecen criaturas inocentes si las comparamos con quienes parasitan la patria y la humanidad toda no sólo en parlamentos y senados, también desde sus terminales clientelares y sectarias. Contra todos ellos hacen falta ciudadanos de espíritu libre y viva inteligencia dispuestos a enfrentarse a esos parásitos y a encontrar el camino de la insumisión.

 

El Bien, la Belleza, la Verdad, son valores que confieren existencia a las cosas y dignidad a las personas. De ahí que, cuando gran parte de la humanidad vive en estado de humillación y de desgracia, un universo vacío de dichos valores es un camino que sólo se resuelve en la autodestrucción. Y lo más terrible es que no parecemos ser conscientes de ello o que lo aceptamos con suicida pasividad.

 

Si no todo el mundo, como apuntó Vittorino da Feltre hace ya seis siglos, tiene dotes sobresalientes de capacidad natural, o está llamado a ser jurista, médico, filósofo o a vivir encauzando la opinión pública, sí todos nosotros estamos creados para una vida de deberes sociales, responsabilizándonos de nuestras propias influencias personales.

 

El caso es que estamos viviendo una época realmente complicada, con instituciones nacionales y supranacionales absolutamente podridas -y genocidas-, con la OTAN y la OMS a la cabeza. Los desafíos a los que nos enfrentamos son de tal envergadura, que es más urgente que nunca la movilización de la sociedad civil en defensa de nuestros valores. Este ha sido justamente el papel que organizaciones como Hazte Oír o diarios digitales de la «caverna mediática» han desempeñado en los últimos años y el que quieren seguir jugando en el futuro con mayor motivo.

 

Siempre es buen momento para levantarse, confluir y organizarse. Para pensar en una estrategia efectiva que ayude al resurgir de España, alejándola de la situación calamitosa a la que la casta política, sierva bien pagada del Sistema y traidora a su patria, nos ha llevado. Es esta una lucha permanente hacia ese único objetivo posible del Bien, la Belleza y la Verdad. Una lucha paulatina y paciente, como la lluvia fina que va empapando nuestras ropas de modo imperceptible. Está claro, y es imperativo e inevitable, que hemos de tomar decisiones.