Las vacaciones de la mayoría de mis lectores,  son un buen momento para  pasearse por la Historia de los últimos cien años, pues difícilmente ha podido encontrarse la Humanidad con tantas encrucijadas buscando desviar el rumbo del mundo de la  buena ruta.

Quienes nos vamos acercando al siglo de vida, por muy poco dotados de inteligencia que estemos, somos beneficiarios de un tesoro de experiencias y "vivencias" de valor casi infinito. Los franceses tienen una expresión de seis palabras,  muy aprovechable por su veracidad, claridad, brevedad y objetividad: "Si jeunesse savait , si vieillesse pouvait".  Los viejos, la suscribimos con conocimiento de causa,  pues uno mismo se ha dicho a veces: "Si cuando era joven hubiese sabido esto"... Ciertamente de cumplirse semejante posibilidad,  el mundo dejaría de cometer muchas estupideces. Pero el Creador --que sabe más que sus criaturas--  nos ha puesto ante esta realidad innegable: el hombre aprende con los años....salvo los necios.

En ese repaso de la Historia, que nunca descuido,  tuve ocasión ayer –rezando con mi mujer,  el rosario televisado desde Lourdes por emisora católica de la TV estadounidense,  "EWNT"—de ver aparecer de fondo de pantalla una pintura donde  se veía a "un papa con la tiara".

¡La "tiara"!  Durante diecinueve siglos y medio la Obra de Cristo --la Iglesia Católica y Apostólica-- había sufrido incesantemente las envestidas de la bimilenaria Sinagoga de Satanás,  nacida el Primer Viernes Santo de la Historia, pero no voy a resumir esa su guerra a muerte contra nuestra Fe, alargaría demasiado este escrito. Deseo solamente  comentar que,  a mi entender, hasta el siglo XIX,  había combatido contra la Civitas Dei desde fuera de sus murallas. Ciertamente,  siempre había colado algún pequeño "caballo de Troya" con alguna herejía pero nunca había podido derribar los "baluartes" desde dentro. Sin embargo,  su gran triunfo empezó en el siglo XX. Y hasta el papa Montini (Pablo VI) lo proclamó suavemente con aquella frase pronunciada en el Sínodo de la familia en 1972"A través de alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios".

No era ninguna "noticia nueva". Algunos de los tenidos por "iluminados", --en realidad,  laicos conocedores del Magisterio perenne, también bimilenario, de la Iglesia,  llevábamos varias decenas de años denunciando ese fenómeno: el gran brazo satánico de la Sinagoga luciferina llamado Modernismo,  estaba vaciando de contenido nuestra santa Fe, lavando el cerebro de los futuros sacerdotes en los seminarios, en las universidades católicas, en las Comisiones de estudios vaticanas, etc. Pero éramos, ultramontanos, reaccionarios, el "bunker" del cristianismo, etc. Y todo,  a pesar de ser suficiente con abrir los ojos para comprobarlo. (Hoy es difícil que los católicos se enteren de esa realidad pues la mayoría no conoce ni el dogma,  ni la moral, ni los sacramentos,  ni el culto católico y sus ritos...).

La declaración de Pablo VI le encuentro un tanto "rara", pues fue él quien inició el desmantelamiento del respeto a la dignidad papal cundo en 1964, el 13 de noviembre,  arrinconó para siempre el uso de la Tiara, convirtiendo el oro, la plata y las joyas de ese "objeto",  homenaje "visible" a la triple autoridad del Vicario de Cristo,  para dar su valor a los pobres. Cuando fue Cristo, en persona,  quien a Judas le reprochó su comentario al amor de María por el Maestro, derramando un perfume carísimo para regar los pies de Jesús: "Judas: ¡Pobres siempre los tendréis entre vosotros!" O sea traducido al idioma paladino: "¡No seas cínico, so ladrón!

Personalmente tengo el placer de tener siempre a la vista, una imagen de  S. S. Pío XII bendiciendo al pueblo desde la silla gestatoria con la tiara y revestido de Vicario de Cristo. ¡Impresionante! Nunca me hubiera figurado al papa Eugenio Pacelli besando a rameras como la presidenta Kirchner o la "líder de la plaza de mayo argentina!. No "pegaría" ni con la tiara,  ni con la irradiación de respeto imponente del último gran papa de la Tradición.

Tras enviar al cuarto de los trastos la tiara, vimos cómo, en 1978 el papa Karol Józef Wojtyła hizo lo mismo con la "Silla Gestatoria". Sin duda de ese modo  ya tenemos una iglesia "conquistadora de  almas de los pobres" ya que durante diecinueve siglos, la Iglesia no supo estar a la altura, de su misión,  ni convirtió pobres, solo le interesaban el boato y los ricos; pero,  gracias a las lumbreras que nos iluminan desde el tercio final del siglo XX y el principio del XXI,  la nueva Fe de la "Iglesia Pobre" está  "barriendo" --hablando vulgarmente--.

El papa Francisco, remató la faena el día de su elección --de presentar la nueva Iglesia "nada ostentosa"--  , apareciendo en la ventana del Vaticano,  vestido simplemente de blanco. Rompió la tradición de aparecer por primera vez ante el mundo católico vestido con la "muceta roja papal", tras negarse, en forma despectiva  a recibirla del cardenal Jean  Louis Tauran que se la ofrecía e iba a presentarle con el conocido "Habemus papam".

Dejemos para después de vacaciones, el comentar con más tiempo lo que se puede ver detrás de todo este abandono de las tradiciones centenarias o milenarias del protocolo "religioso" que tanto respeto inspiraba, suplido por la chabacanería imperante,  al servicio de la Sinagoga de Satanás. No es un teme baladí. Si tiene alguna edad y un poco de memoria les invito a recordar las misas del Vaticano cuando las misas impresionaban por su belleza y solemnidad. Ahora podrían hacerlas en cualquier iglesia garaje moderna. Sobra la basílica vaticana.