China es un imperio pagano, y de los chinos que nos invaden se sabe muy poco. Sabe poco Europa, y sabe menos la alegre y dicharachera España. Se sabe, sabemos, que son muchos, que es gente extraña y hermética, para nada empáticos, egocéntricos y muy ambiciosos. ¿Es bastante? ¡No!

China, que salió de la miseria como quien dice ayer, ha conseguido elevarse por encima de las contingencias, y hoy pugna por desbancar a EEUU, sí no lo ha hecho ya, como gran productor y exportador de todo tipo de mercancías, sin descartar que ya esté al mayor nivel tecnológico. Hablamos de un país que más allá de su zona de influencia o pretensión, dicho claramente, de conquista, hoy se expande de modo cuasi imperial por el África subsahariana e Hispanoamérica con el  propósito de poseer, o al menos controlar, el mayor número de recursos naturales del planeta. Expansión que pauta a través de su poderoso ejército, de alta calidad armamentística y numerosísimo de efectivos.  

Hablamos de un país que hasta hace tres días era motivo de escándalo por cómo tenía a sus niños en los hospicios. Tan mal estaban las criaturas, que en Europa se despertó el mayor interés por su adopción. Hoy, como consecuencia de aquello, sabemos que muchos de aquellos niños-as viven una vida feliz en Europa, mayormente en España. Hablamos de un país cuya calidad de respeto a los derechos humano más elementales es absolutamente deficitaria, empezando por el derecho a la vida, con denuncias gravísimas sobre venta de órganos humanos robados a las personas que ajustician. Hablamos de un país que maltrata a los animales, que come a sus perros, y que enjaula y corta las alas a los pájaros encerrándoles en celdas diminutas. De un país sucio. Hablamos, sobre todo, de un país mafioso e imperialista, con el consiguiente peligro en la zona que tiende a dominar.    

Ahora bien, en Europa, y a la cabeza del continente en decadencia, España, seguimos creyendo que los chinos son medio gilis o más propiamente gilis del todo. Incluso nos hacen gracia, y entre risas estúpidas imitamos su forma de hablar nuestro idioma. Pero los chinos no han parado de conquistar nuestro país. En toda ciudad, pueblo o simple pedanía hay algún negocio chino: restaurantes, tiendas de todo tipo de productos, peluquerías, agencias de viaje a cualquier punto del planeta y hasta fondos de inversión a gran escala. Hasta abundan ya los abogados chinos, eficacísimos en los trámites para conseguir la nacionalidad española. Al margen de regentar restaurantes de comida española a donde incomprensiblemente acuden españoles a degustar un cocido o una tortilla de patata. ¿Qué nivel financiero controlan los chinos en España, que mayormente no pagan impuestos?

Pero el peligro amarillo es todavía mayor y a gran escala. Mayor, decimos, porque al Covid-19 que han exportado al resto mundo, con las consecuencias devastadoras que conocemos a todos los niveles y de las que ya han sacado réditos suficiente como es el caso del test Boson que se está imponiendo en las farmacias de toda Europa, cuyo laboratorio asiático ha despachado sólo en España, durante el mes de agosto, 842.000 unidades, según información de fecha 17 de agosto. Se le agrega dos robos de la empresa biogenética china, “BGI Group”: 1º. El que ha hecho de la información personal del 80% de los adultos de Estados Unidos, según un reportaje de 60 Minutes de la cadena de televisión y radio CBS de fecha 1 febrero del año en curso. En cuyo reportaje señalaba el ex director del Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad de EE.UU., Bill Evanina, que la intención del robo era “explotar el ADN de los estadounidenses y otros datos sanitarios”. El señor Evanina  describió a la audiencia cómo la empresa china “BGI Group” “se había dirigido a seis estados diferentes con ofertas para construir y operar laboratorios de pruebas de coronavirus, acompañando a las ofertas la promesa de hacer donaciones adicionales a los estados”. 2º. Y el realizado de los resultados de más de ocho millones de mujeres occidentales que se sometieron al test de “trisomía fetal” no invasiva, datos que, como los anteriores, China ha derivado a su Ejército. Datos que seguramente se utilizarán para desarrollar otros virus a modo de armas biológicas. Así pues, tras lo sucedido con el Covid-19, seguro que sufriremos más y más graves pandemias en el próximo futuro. Alguna puede que determinante para la civilización occidental: esterilización de la población masculina y muerte súbita de los ancianos. Y para remata, China mueve ficha geopolítica y se sitúa como aliada del régimen talibán.

¿Y si empleásemos el sentido común y no colaborásemos con los chinos? ¿Sería pedir demasiado? De momento los ciudadanos de a pie podríamos ser selectivos: no comprarles absolutamente nada en nuestro país. Digo yo que por algo se empieza.