Acabo de cortar un poco de leña para la chimenea, pues es todavía Enero, y me dispongo a escribir este artículo de hoy envuelto en ciertos temores de que a mis camaradas más recalcitrantes no les haga mucha gracia el tema o el asunto a tratar.
 
Pero llevado por mi fascinación por las dos estructuras políticas que supusieron El Sacro Imperio Romano Germánico y El Imperio Romano sigo adelante con el tema y lanzo mi propuesta de un presidente de la Unión Europea elegido por sufragio universal.
 
Todos los que han leído mis artículos en este gran medio conocen lo que yo quiero para España a fin de superar nuestra decadente situación. Pero ante los tumbos y falta de un rumbo definido de la Comunidad Europea, ¿no sería necesario también una mano vigorosa que tomase el timón y supiera navegar en una dirección marcada por el esplendor y la fortaleza?
 
Antes de seguir quiero decir que mi candidato ideal para ese puesto sería el señor Viktor Orbán. Es al dirigente europeo que veo con las ideas más claras. De izquierdas me gustaba el británico Tony Blair, pero El Reino Unido de la Gran Bretaña se ha salido de la Unión.
 
Pero sigamos razonando, ¿ para qué un presidente elegido democráticamente y con el suficiente carisma? Pues simplemente para evitar los bandazos que vamos dando en temas de política exterior, defensa y en cuanto a cual debe ser el cimiento o argamasa sobre el cual constituir nuestra convivencia o vida en común.
 
Tal y como se están desarrollando los acontecimientos, con la amenaza islamista sobre nosotros, con la amenaza comercial que supone China y con la falta de criterios firmes, sólidos y definidos sobre los cuales construir el edificio creo que la presencia de un presidente con imperium y potestas se nos antoja crucial para el futuro que ya está aquí, asomando sus patas.
 
La amenaza islamista exigirá de toda Europa la colaboración militar y los criterios claros para acabar con la inmigración ilegal y la actual situación de invasión silenciosa que sufrimos. Es un problema que está ahí ya presente y al que conviene no darle la espalda. Junto a esto irían unidas las políticas de natalidad, imprescindibles para sortear el invierno demográfico que estamos padeciendo.
 
En cuanto al peligro amarillo...Europa, salvo la honrosa excepción de Alemania, se ha convertido en un inmenso campo temático en el que la investigación y desarrollo brillan por su ausencia. Un líder que presente un ambicioso plan espacial podría impulsar el desarrollo y la unión de todos los europeos en torno a este objetivo común. Creo yo sinceramente.
 
Y en cuanto a los cimientos ideológicos de la Unión, asistimos con pavor que el más descarnado nihilismo y la más repugnante vacuidad son los materiales actuales sobre los que se pretende construir un edificio tan importante. Por ello, es necesario un liderazgo que vuelva su mirada a los valores cristianos como pilares maestros de la construcción del Edificio. Si a esto le sumásemos la absoluta prohibición del comunismo en Europa, miel sobre hojuelas.
 
Y esta es mi visión de las cosas actuales.Espero no haber decepcionado a mis camaradas con este artículo pero que con la situación democrática en que vivimos, esto que propongo es la mejor salida para la inanidad actual. Nuestro continente paralizado y cobarde necesita un liderazgo y fuertes dosis de ilusión y de alimentos espirituales antes de que la raza blanca se extinga en un mestizaje acrata y sin dirección alguna. La que fue la luz del mundo debe volver a brillar y ser el faro que alumbre y guíe a los demás pueblos de la tierra, y más cuando los actuales Lideres mundiales, los Estados Unidos de América, están cayendo en las garras de un izquierdismo disolvente que no presagia nada bueno para la humanidad.
 
Los árboles desnudos de hojas se recortan contra el horizonte, dando una sensación de desasosiego y orfandad.  Ojalá que nuestro continente se desvíe de su ateo camino sin ley y encuentre los sustentos ideológicos y espirituales necesarios para hacer una duradera y magna obra. Como el Sacro Imperio, que a pesar de sus contradicciones sobrevivió cientos y cientos de años. Y si surgiera un nuevo Carlomagno mejor que mejor. Seria un gran impulso y la consecución de la unidad en pos de objetivos comunes por muchos siglos.