Todos mis lectores, me imagino, han visto los vídeos sobre la bestialidad castrista, apaleando con barras, e incluso pegando un tiro mortal  a un cubano en plena calle.  Para todos vosotros, probablemente,  sea la demostración de las “maravillas propias de la tiranía roja”,  pero para mí tiene, además.  lecturas únicamente posibles por quienes vivimos la génesis, desarrollo, y culminación del Castrismo --con su victoria-- vivida en situ. De todo ello he hablado infinidad de veces. Pero ahora, voy a comentar un hecho ignorado seguramente por todos vosotros.  Me estoy refiriendo a su célebre discurso.  “ARMAS, ¿PARA QUÉ?”.

Fidel había entrado en la Habana con “piel de cordero”, como veremos luego, e  inició  su tiranía  continuando su burla del pueblo,  engañado miserablemente por él,  desde su inicio  en la política.  Y lo hizo con discursos aparentemente “reconciliadores”. Hablaba horas y horas – un mínimo de tres o cuatro—sin parar. Su primer discurso lo escuche una media hora… y desde entonces, me limitaba a oírle diez minutos para “orientarme” sobre su próxima mentira,  pero nada más.

Pues, bien,  llegar a la Habana después de emplear una semana en hacer el recorrido desde Santiago a la capital y en coche blindado --ni él mismo se creía que hubiese triunfado la Revolución;  me he cansado de repetirlos, sin  la ayuda decisiva de USA los acontecimientos no hubiera tenido un desarrollo tan rápido—nos soltó el famoso discurso: “Armas,  ¿para qué?”. 

El “Comandante máximo”  de la Revolución, sin la menor duda, fue  muy bien elegido en  su momento,  por la Sinagoga de Satanás para la “misión especial” y obsesiva,  perseguida por ella y esperada durante doscientos años como el mayor de sus objetivos: liquidar todo residuo de la Obra de España en Hispanoamérica. (La sinagoga de Satanás,  trabaja “a largo plazo” y sin prisas pues Lucifer es inmortal…. Y así es sabido que a Obama lo eligió cuando estudiaba en la Universidad, para dirigir  el primer gran ataque a fondo,  de esa organización diabólica,  a los Estados Unidos,). Y, Fidel, hasta ese momento triunfal,  había asimilado bien las órdenes recibidas --entre otras-- “el método a aplicar”;  y, en consecuencia, inició su trabajo vestido de piel de oveja. Una prueba: eligió,  como líderes sindicales, mayoritariamente, a miembros de la JOC Juventud Obrera Católica—en el colmo de su cinismo.

¿Qué pretendía Fidel con su discurso bondadoso y pacifista? Simplemente, que los cubanos entregaran todas sus armas, (utilizando el mismo argumento, cuando le pidió al pueblo “declarar todas sus propiedades” --so pretexto de hacer una buena Reforma Agraria--, o sea, porque “a un Gobierno honrado el pueblo le debe  responder con honradez y verdad”, puesto que con  el Gobierno de la Revolución, se habían acabado las tiranías y el latrocinio”

El noble e inocente  pueblo cubano,  que era en su totalidad,  absolutamente “castrista” desde hacía un par de años (eran fidelistas el “noventa y mucho por ciento”…)  se tragó  anzuelo e hizo ambas cosas: entrego las armas y declaró sus propiedades, facilitando el trabajo al tirano para desplumarlo y dejarlo inerme.

Admiro y felicito al pueblo norteamericano por su inteligentísimo instinto de conservación y  autoprotección, negándose siempre en redondo y sin dudar --por mayoría absoluta--  a entregar las armas. Para ellos es sagrado estar armados. Los norteamericanos saben muy bien lo que hacen, y el hecho de verse avalados por su Constitución es un tesoro de valor infinito. En  España, nuestro pueblo dio muestras de memez  al no medir las consecuencias de vivir desarmado en su casa.

Si en 1936, el pueblo español decente hubiera estado armado, los asesinos rojos --inventores de los “paseos al amanecer”-- no hubieran cometido los crímenes que empaparon nuestro suelo de sangre inocente. Si Calvo Sotelo hubiera recibido a tiros a los asesinos socialistas de Largo Caballero,  que lo visitaron en la noche, otro gallo nos cantara.

Si el noble  “pueblo vasco/español” hubiera tenido ametralladoras --o al menos fusiles y pistolas en sus casas-- la ETA se lo habría hecho en los pantalones.  Una máxima, muy conocida  del “mártir de la masonería”, el inigualables estadista ecuatoriano, Gabriel García Moreno era esta: “El asesino es cobarde». Y, entre los criminales, los más cobardes –y lo han demostrado siempre—tenemos a los asesinos  ETArras,  y sus gudaris -- ¡se rindieron a los “italianos”! –.

Ningún etarra demostró nunca tener eso que tienen los varones y su valor estaba en su distintivo: ¡el “pasamontañas”! ¡Llamarlos cobardes es un elogio! ¡Lo son tan cagados que no tenemos sustantivo para definirlos bien!

He advertido al principio de este escrito, que los vídeos sobre el momento cubano tiene para mí otras lecturas, ésta es una: Sin el “armas para qué” y la respuesta del pueblo, lo que hemos visto no habría tenido lugar, porque, a los apaleadores y revolucionarios, los hubieran liquidado los vecinos que veían impotentes esas bestialidades impunes.

Pero quisiera sacar una lección “española”. La primera orden que dio la Sinagoga de Satanás a sus logias gobernantes -- desde el 22 de noviembre de 1975-- en nuestra Patria; a esa “Democracia que nos dimos todos” y que yo voté ¡NO! fue está: “Desarmad al Somatén, a los miembros de la “Guardia de Franco”, a los españoles que amen a su patria.”

“Ella”, que había redactado en sus cavernas,  la divina Constitución del 78”, donde había colocado las bombas de relojería precisas –especialísimamente, las “autonomías” y “nacionalidades”-- para poder aniquilar a España en menos de  sesenta años, tomaba medidas para que los verdaderos patriotas  estuviéramos desarmados, cuando el “Fidel Español” – ese que ya no saldrá de la Moncloa ni con agua hirviendo,  ese “falsificador de tesis, mentiroso y cara de grafeno”-- conocido por Falconetti, llegase a la Moncloa

¡No se hagan ilusiones, Pedro Sánchez pertenece a la misma cuadra  de tiranos, que Chávez, Madura, Evo Morales, José Daniel Ortega, Pedro Castillo, Sebastián Piñera, Alberto Fernández o Cristina Kirchner! ¡Ha venido para quedarse!

Se acabó el espacio, y como el tema es fundamental, continuaré en el próximo artículo.