Desde la llegada al poder de la coalición socialcomunista y la formación de un nuevo Frente Popular en virtud de los acuerdos alcanzados con los golpistas catalanes y los filoterroristas vascos, España se halla sumida en una profunda crisis de dimensiones políticas, económicas y sociales que tiene como elemento subyacente y factor desencadenante el incesante intento de subversión de los principios y valores que, perfilados por el paso del tiempo sin perder su esencia, han venido vertebrando a la civilización occidental desde su fundación hasta nuestros días.

A este “eje del mal” ineludiblemente debemos enfrentarnos todos aquellos que amamos la libertad, la justicia y a esta buena tierra, bautizada con el nombre de España por los navegantes fenicios que en el siglo IX a. C. llegaron a sus costas atraídos por la riqueza que guardaba en sus entrañas. Este fatal enfrentamiento se va a escenificar en toda su magnitud en las elecciones de la Comunidad de Madrid que se celebrarán el próximo 4 de mayo, constituyendo uno de esos puntos de inflexión que a lo largo de la historia han condicionado el devenir de los pueblos. Por ello, ante tamaño desafío, no cabe “sentarse a la puerta de tu casa para ver pasar el cadáver de tu enemigo”, como reza el proverbio chino, sino que, por el contrario, es el momento de actuar y acudir a depositar nuestro voto en las urnas.

Puedo entender que el degradante curso seguido por la democracia española, particularmente en los últimos tiempos, haga que algunos se vean tentados por la abstención, pero teniendo en cuenta la importancia de lo que está en juego y que la ausencia de participación tan solo se traduce en un porcentaje que a nada contribuye y pronto se olvida, no parece que sea la opción más razonable.

Decía Winston Churchill que “El precio de la grandeza es la responsabilidad”, siendo a lo largo de su vida fiel a tal precepto, ya que ni tan siquiera en los momentos más comprometidos eludió responsabilidad alguna. No pretendo insinuar que el hecho de acudir a votar nos convierta en personajes de la talla de Churchill, pero desde luego no hacerlo en las actuales circunstancias solo puede ser indicativo de un alto grado de indigencia moral.

Descartada pues la opción de la abstención, solo nos queda decidir el sentido de nuestro voto y la cuestión no es, evidentemente, baladí, si bien en una primera aproximación solo cabe decidirse por alguno de los partidos políticos situados en el ámbito del centroderecha español.

En este sentido, en primer lugar, cabe descartar a Cs, por motivos que tienen que ver con su pasado reciente y con su futuro inmediato. Así, desde la llegada de Inés Arrimadas a la Presidencia de la formación naranja, Cs ha llevado a cabo una política errática, sin fundamento alguno y con continuos cambios de orientación, de tal forma que en la práctica resulta imposible saber a qué atenerse en relación a sus futuras pautas de actuación, por carecer de razones sustanciales que justifiquen sus decisiones. A su vez, como consecuencia de su permanente volubilidad, sus simpatizantes -tal y como demuestran sus últimos resultados electorales y las encuestas de cara a las próximas elecciones- están huyendo en masa, para refugiarse en otros partidos, por lo que no hace falta ser una de las pitonisas del oráculo de Delfos para saber que su desaparición está próxima, dejando, eso sí, tan solo el recuerdo de una turbulenta noche de vientos racheados.

En consecuencia, de cara a estas elecciones solo nos quedan dos opciones razonables: votar a una persona como Isabel Díaz Ayuso o votar a un partido como Vox.

No cabe duda de que Isabel D. Ayuso desde su llegada a la Presidencia de la Comunidad de Madrid ha superado con creces todas las expectativas depositadas en ella al inicio de su mandato. Así, a pesar de los convulsos tiempos en que vivimos, en un ejercicio de firme defensa de sus principios, capacidad directiva y coraje resolutivo, ha sido capaz de implementar unas políticas que han permitido gestionar de forma equilibrada y eficiente la crisis sanitaria y la crisis económica, obteniendo en ambas cuestiones unos resultados que solo pueden calificarse como excelentes, sobre todo si tenemos en cuenta que durante su periplo presidencial ha sido permanentemente acosada por el Gobierno de la nación. Así, en materia sanitaria, con una estrategia menos restrictiva y flexible que en el resto de regiones españolas, Madrid ha presentado en el primer trimestre del año 2021 unas tasas de morbimortalidad muy inferiores a la media nacional. A su vez, en materia económica, con unos impuestos considerablemente más bajos que en el resto de Comunidades Autónomas, Madrid ha logrado un crecimiento de su PIB 10 veces superior al conseguido en el conjunto del territorio nacional. Por lo tanto, a día de hoy, nadie en su sano juicio puede poner en duda que Isabel D. Ayuso está suficientemente preparada para asumir cualquier reto que en el ámbito de la administración se le plantee, ya que los datos derivados de su gestión vienen a demostrar con rotundidad que su labor al frente de la Comunidad de Madrid ha resultado ser absolutamente exitosa.

Sin embargo, por desgracia, detrás de Isabel D. Ayuso nos encontramos con un partido como el PP, liderado por un personaje tan miserable como Pablo Casado, que ha demostrado ser incapaz de enfrentarse con un mínimo de fortaleza y convicción a los embates de la izquierda en el poder. Así, ha renunciado a afrontar la batalla de las ideas, como demostró al defenestrar a una persona de la talla intelectual y moral de Cayetana Álvarez de Toledo, ha renegado de su programa, como demostró en su permanente intento de consensuar con el PSOE la renovación de los miembros del CGPJ y ha traicionado a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, al asumir el relato independentista y criticar la actuación de la policía con motivo de la celebración del referéndum ilegal de autodeterminación de Cataluña.

Muy por el contrario, Vox, haciendo del honor su bandera y de la defensa de la unidad de España su himno, se ha enfrentado sin complejos a la dictadura del pensamiento progre, ha luchado sin descanso contra las leyes ideológicas de la izquierda radical, ha defendido la libertad de los padres a la hora elegir el tipo de educación que desean para sus hijos, se ha opuesto frontalmente a la ocupación ilegal de viviendas, ha desafiado a las mafias responsables del tráfico de inmigrantes y, por encima de todo ello, ha devuelto la ilusión y la esperanza a millones de españoles resignados hasta su aparición a vivir bajo el yugo totalitario de la izquierda populista. Pero es que, además, a pesar de los ataques e insultos recibidos por parte de los máximos dirigentes del PP nacional, Vox ha demostrado su enorme lealtad, al respetar, sin pedir prebenda alguna a cambio, los acuerdos alcanzados con Isabel D. Ayuso, posibilitando, de esta manera, su acción de gobierno. Por todo ello y por la promesa de regeneración que para este país representa, Vox, con Rocío Monasterio a la cabeza, se ha hecho merecedor de obtener una amplia representación en la Asamblea de Madrid, sobre todo teniendo en cuenta que todos los votos que Vox obtenga servirán para garantizar la presidencia de Isabel D. Ayuso y para sentar las bases de ese gran proyecto de reconstrucción nacional que España necesita.

Los incidentes acaecidos en el inicio de campaña de Vox en Vallecas ilustran a la perfección la degeneración que a todos los niveles se está produciendo en España desde la llegada al poder de la coalición socialcomunista. Así, una chusma violenta convocada por Podemos a través de las redes sociales se congregó con la intención de boicotear de forma criminal el mitin de Vox. Por si ello no fuera suficientemente grave, el brutal acoso al que fueron sometidos los dirigentes y simpatizantes de Vox contaba con el beneplácito del Gobierno de Pedro Sánchez, el cual, por medio del indecente ministro Grande-Marlaska, dio órdenes a la policía de no intervenir contra los manifestantes, como así han manifestado miembros de las fuerzas antidisturbios allí presentes. Todo ello viene a poner de manifiesto que la izquierda en su conjunto tiene un profundo temor al crecimiento de Vox, ya que se ha dado cuenta de que es la única fuerza política capaz enfrentarse sin miedo alguno a su proyecto totalitario y liberticida.

Todos, de alguna forma, hemos sido testigos de cómo a lo largo de la historia la tiranía del terror que trae consigo el socialcomunismo ha convertido a innumerables ciudades en enormes campos de concentración, donde deambulan sin rumbo propio seres con el rostro desencajado, la mirada perdida, la mente nublada y el espíritu quebrado por la humillación que significa vivir sometidos a una dictadura de tal magnitud que no deja siquiera lugar para los sueños.

Para evitar que eso mismo ocurra en este milagroso Madrid, abierto y cosmopolita, trabajador y libertario, de días vertiginosos y noches para el recuerdo, el 4 de mayo todos los madrileños tenemos una cita con la historia, ya que ese día no solo está en juego el gobierno regional sino también, dada su repercusión a nivel nacional, el futuro de esta España nuestra de muros todavía no desmoronados.