España, 2020, fiera y feroz oligarquía política, deviniendo tiranía, que se presenta como si fuera una “democracia”. Gran Tramoya, realidad opuesta: sistema de partidos, pútrida partitocracia que toma las aguas, sin separación de poderes (solo de funciones) y sin control ciudadano.

España, despótica oligarquía

El poder político lo poseen los partidos y sus respectivos jetas al mando. La gente, mierda. Para ellos somos chusma. Con la falsa pandemia, prescindible morralla. Un ejemplo reciente, fascinante poro abierto: los patricios de macrobotellón con Pedro Jeta, en el fiestón de los macrojetas; los plebeyos, mientras, secuestrados en casa…

…Y utilizan, mientras, aterrador engañabobos, el pavoroso embuste de izquierdas y derechas para dividir y distraer y entretener a los sumisos súbditos con idolátricas ideologías, mientras los políticos oligarcas, enormemente privilegiados, ocultan que los diputados que pergeñan la liberticida e hipertrofiada legislación que padecemos, no representan a los ciudadanos, sino solo al jefe de su partido. Y a toda su afecta e infecta camarilla.

Transición, transación, traición

Muere Franco y brota el terror de quienes heredan el poder de la dictadura. Unido todo ello a  la  indisimulada ambición  de  tenerlo de  los que hasta entonces habían formado una antiliberal (salvo cuatro gatos mal contados) oposición en favor de la presunta libertad. Poder, se llama, reparto de sucios cromos. Con sus discontinuidades y discontinuidades, ficticios tiras y aflojas, con el anterior régimen. Que todo cambiara para que todo siguiera igual con el nuevo régimen. Tan Gatopardo.

Este pacto entre contrarios unidos por el miedo, ambos con el defecado dodotis a cuestas, es lo que se llamó “la transición española” y lo que impidió una genuina y decente democracia y la libertad constituyente de los españoles. Una oscura alianza entre traidores a los “suyos”, a sus propios principios e ideales. Un pacto de apariencias. Y cruel: la cobardía, en tantas ocasiones, madre de la crueldad. Los dos bandos que se repartieron el pastelón o despojo o botín pastelero, felones a los suyos. Transición, transación, traición.

Unidad (de aparentes contrarios) de poder, con la misma división de funciones de la dictadura franquista. Un oscuro pacto de reparto de la rapiña previa y de la por llegar. Y de las empresas públicas. Y de todo lo que se terciara. Un pacto, en definitiva, que forja una sórdida oligarquía de partidos. Cristalizado todo ello en la carta otorgada del 78, llamada constitución. Y apuntalado el 23 de febrero del 81, el autogolpe de El Rey Elefante. En dicha papelera restaurada, y en su coronado corolario, no existen ciudadanos, tan solo súbditos de un narcorrégimen pedófilo.

Lehertu dadila dena

Hogaño, 2020, idéntico gobernar de forma vertical y autoritaria. Tiránica, por momentos. Sin libertad política para una sociedad civil opresivamente gobernada. Pero, que quieren que les diga. En mi caso, con o sin abstención activa, y acordándome de nuevo y siempre de mi admirado García Trevijano, con muchas ganas de que todo, algún día no muy lejano, reviente en millones de pedazos. En mi patria. Y en el mundo entero. Hasta el infinito y más allá. En fin.